Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2004

Cerca de 500 personas peregrinan al Santuario de Madre Cabrini

Por Daniela Neuenschwander
Para el católico el peregrinar es una gran tradición de fe, es ocasión de anuncio y recuerdo del sentido último de nuestras vidas.
Por séptima vez consecutiva, el sábado 17 de julio cerca de 500 personas peregrinaron al Santuario de Madre Cabrini en Golden. Los entusiastas peregrinos iniciaron su recorrido a las cinco de la mañana desde la Iglesia de San Cayetano en Denver. Entre cantos, oraciones, diálogos, bailes y descansos arribaron al santuario aproximadamente a la una de la tarde donde concluyeron la peregrinación con la celebración de la Eucaristía a cargo del Padre Jaime Prohens, párroco de San Cayetano.
Este año la peregrinación fue ofrecida por todos los inmigrantes que se encuentran en tierras americanas y que enfrentan diversos retos al llegar a estas tierras, como lo hiciera Santa Madre Cabrini hace muchos años atrás al llegar primero a New York y luego al estado de Colorado.
Familias, jóvenes, adultos, ofrecieron este día caminando hacia su santuario en busca de la intercesión de Santa Madre Cabrini y de la Virgen de Guadalupe. Para muchos de los participantes el peregrinar también fue una experiencia de salir en búsqueda del Reino de Dios, de revivir la experiencia del pueblo de Israel en Egipto, según Rafael Vilchez.
Esta gran peregrinación fue organizada por la activa y conocida comunidad Cristo y Yo que está presente en las parroquias San Cayetano y San Antonio de Padua en Denver así como en Nuestra Señora de la Paz en Greeley y San Guillermo en Fort Lupton.

Historia de las peregrinaciones
¿Dónde y cómo se origina esta tradición?
El peregrinar es una tradición muy antigua en la vida del hombre. Se dice que desde que el hombre ha adorado dioses, ha tenido la necesidad de ir a lugares sagrados. De esta manera se pueden encontrar pruebas de que el ser humano acudía a ríos y montañas, lugares donde pensaba que los dioses vivían, para pedir favores o en búsqueda de protección, esto era necesario ya que los dioses sólo podían escuchar al ser humano en los lugares donde ellos moraban.
El peregrinar, tradición profundamente enraizada en el corazón del ser humano, llega rápidamente a ser parte de la vida y tradición de los cristianos, quienes fervientemente deseaban visitar los lugares donde el Señor Jesús vivió y murió.
Ya para el año 212, el peregrinar estaba instituido entre los cristianos. En el siglo cuatro, el número de peregrinos cristianos crecían cada vez más, viajaban por todo el mundo visitando lugares sagrados. Las peregrinaciones eran planeadas y dirigidas por sacerdotes quienes planeaban la ruta y los lugares que se visitaban durante el camino. Los primeros lugares de los peregrinos cristianos fueron Tierra Santa y Roma. En el peregrinar a los lugares santos en Roma era toda una aventura y para muchos cristianos fue ocasión de martirio, pues eran arrestados y ejecutados.
Durante la edad media los santuarios se multiplicaron y con ello las motivaciones. Pasó entonces de ser una muestra de piedad personal a una búsqueda del sentido religioso y la conversión personal. En este sentido un poema irlandés dice: "Ir a Roma significa un gran esfuerzo y poco lucro; el Rey que buscas sólo puede ser encontrado ahí si es que tu lo traes contigo".
En el siglo nueve el Santuario Santiago de Compostela (España) se convirtió en uno de los más populares y visitados por haber sido confirmada la tradición en que decía que en el se encuentran los restos del Apóstol Santiago. Aquellos que peregrinaban hacia Compostela llevaban consigo una pequeña concha como símbolo de su peregrinaje.
Desde ese entonces las conchas son símbolo del peregrino. Desde el año 1300 muchos papas han declarado años jubilares en los que los fieles se dirigen en peregrinación a Roma pudiendo con ello ganar indulgencias plenarias.

Conversión y Perseverancia
El peregrinar tiene un simbolismo de ese caminar en la vida cristiana donde nos dirigimos todos juntos hacia la misma meta a la que el Señor Jesús nos invita a todos, a la santidad. Para conquistar esta meta necesitamos quitar todos los obstáculos que se puedan presentar en nuestro camino, dejar de lado las obras de las tinieblas para dar paso a las obras de la luz en nuestra vida. Recordemos que la mejor recompensa es la alegría que experimentamos por nuestra conversión, por abrirnos a la reconciliación que sólo el Señor Jesús puede traer a nuestras vidas.
Ser perseverante no es fácil, hay muchas cosas que nos quitan las fuerzas y el entusiasmo pero no podemos perder de vista cual es nuestra meta.
Recordemos constantemente nuestros ideales de vida, confiemos en el Señor en momentos donde el camino no se hace claro, pues Él nunca nos abandona. Él es siempre fiel con nosotros, nunca deja de buscarnos, de salir a nuestro encuentro. No dejemos que las tentaciones sean las que reinen en nuestros corazones. No demos espacio a la pereza, el cansancio, la duda, el temor, sed, hambre o tristeza. Recordemos las promesas del Señor, invoquemos su nombre, acojamos su gracia con la
certeza que nunca pide de nosotros algo que no vamos a poder realizar.

¡Caminando en comunidad!
Somos llamados a peregrinar en comunión fraterna, no solos. Es el amor que nos une, la solidaridad que nace en nuestros corazones cuando se trata de ayudar al hermano. La experiencia del peregrino es ayudar y dejarse ayudar en los momentos de prueba. Alentar y ser alentado para no desfallecer. Aprendamos a llevar las cargas de los demás y aprender a compartir nuestras propias cruces en espíritu de humildad y armonía.

¡Madre guíame!
Es nuestra Madre María quien nos guía y acompaña en este peregrinar a lo largo de nuestra vida, durante todo el recorrido y también al final de nuestros días como lo rezamos en el Ave María "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén"
Como en nuestras vidas son nuestras madres quienes velan por nuestra educación, cuidados y necesidades de igual manera Santa María está velando constantemente por cada una de las necesidades de sus hijos. Es ante esta inmensa ternura maternal que nadie puede resistirse a buscarla, a recurrir a Ella ante las situaciones dolorosas y difíciles de la vida. Ella es refugio seguro y el mejor camino hacia el Señor Jesús.

¡Vamos a anunciar nuestra fe!
La dimensión de testimoniar nuestra fe en medio del mundo está muy presente en una peregrinación. No tener miedo de anunciar nuestra fe, de anunciar al mundo que somos portadores de esperanza. Es por ello que los católicos nos disponemos a caminar para manifestar que nos encontramos en acción. Que no queremos ser personas pasivas o indiferentes ante un mundo que sufre y clama por la paz. Ser hombres y mujeres de acción empezando por nuestra propia conversión es el llamado que el Santo Padre nos hace. Este es un paso necesario para responder a los desafíos que la Iglesia enfrenta hoy en día.

Lograr la meta deseada
Para poder lograr la meta que nos hemos trazado, en nosotros los cristianos, la santidad, debemos caminar sin parar, hasta alcanzar la cima que es el cielo. Por ello, en todo peregrino, hay un inicio y también un final que es el encuentro con el Señor Jesús en la Patria Celestial. Las peregrinaciones, tienen esta simbología en la vida del cristiano. Después de un largo y duro caminar, en medio de caídas, dolores, alegrías, dificultades y también momentos de gran satisfacción, tenemos una meta a la cual queremos llegar. De la misma manera ocurrirá al final de nuestra vida... después de tanto caminar, en medio de alegrías y dolores llegaremos al gozo eterno, al ver el rostro del Señor Jesús y de nuestra Madre Santísima.

 
 

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