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No sabemos el día ni la hora
Una buena manera de empezar el año es estar siempre en vela
Por Mayé Agama
Una buena manera de empezar el año es estar siempre en vela
Por Mayé Agama
A pesar del pronóstico de falsos sabios y pseudo profecías, el mundo no se ha terminado. ¡Sorpresa! Pese a las posturas apocalípticas que en base al calendario maya anunciaban la llegada del fin del mundo para el 21 de diciembre pasado, el mundo sigue aquí; y ustedes y yo, también seguimos aquí. Todo sigue adelante y sigue además con un nuevo año, el 2013, que comienza con nuevas oportunidades para vivir, para crecer, mejorar, amar.
La revuelta mediática en torno al tema ha sido abundante. Y la pregunta es ¿A quién vamos a creer? ¿A quién le vamos a hacer caso?¿A la opinión de algún comentarista de radio, televisión o prensa? ¿A lo que dice un profesor, un artista, un presidente, un líder cualquiera? ¿O a Dios?
Es importante que nosotros como católicos, no nos dejemos engañar por maestros engañosos que nos desvían del camino. No sabemos ni sabremos el día ni la hora. Sólo Dios la sabe. Jesús lo dijo en el Evangelio: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mateo 24,36).
Así pues, más que saber cuándo será el fin, tenemos que prepararnos parar ese fin. “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mt 25,13), también nos dijo el Señor Jesús. “Velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Mc 13,33). Eso nos toca entonces, velar y orar.
Al comenzar este 2013, esforcémonos por vivir de cara al Señor, confiados en Su Providencia y tomados de la mano de nuestra Madre María. Ya la Iglesia nos lo ha recordado, celebrando el 1 de enero en todo el mundo, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Una bella oportunidad para agradecer porque María es Madre de Dios, pero también es Madre Nuestra. Ocasión para pedirle que nos conduzca por los caminos del Plan de Dios.
Para ello, podemos empezar revisando lo vivido en el año anterior, y proyectándonos a lo que vendrá por adelante.
Si hacemos un alto en el camino podemos revisarnos a la luz de la misericordia de Dios. ¿Cómo viví el año pasado? ¿Me entregué al máximo? ¿Amé más a las personas? ¿Fui generoso? ¿En qué me equivoqué? ¿Qué tengo que mejorar?
Y luego, confiando en su Plan de Amor, podemos mirar hacia adelante y tomar algunas resoluciones concretas de ámbitos en los que debo aprender, mejorar, crecer. Por ejemplo, nuestra Fe Católica. Sabemos que, desde octubre del 2012 hasta noviembre del presente año, todos los católicos por invitación de nuestro querido Santo Padre, Benedicto XVI, tendremos la oportunidad y la responsabilidad de crecer en nuestra Fe, conocerla más, amarla más y vivirla más. De esa manera, la fe no sólo se quedará en un tema intelectual, sino más bien un tema existencial, que informe y transforme nuestra vida, para que así podamos asemejarnos cada vez más al Señor Jesús.
Estas resoluciones, sin embargo, no deberían ser sólo a nivel personal. Sería bueno que también lo hagamos como comunidad y como país.
El 2013 se presenta como un año con muchos desa-fíos: Se cumplen 40 años desde que la Corte Suprema de Estados Unidos legalizó el aborto; 55 millones de niños han muerto desde entonces. Urge pues, una mayor y más comprometida defensa de la vida. Asimismo, es fundamental trabajar por la defensa y promoción del matrimonio y la familia, que también vienen siendo atacados en la cultura contemporánea. En cuanto a la libertad religiosa, somos conscientes que de manera particular en el 2012 se han visto graves violaciones en distintos lugares del mundo, y también en el país.
Por ello, los Obispos en Estados Unidos han hecho un llamado a todos los católicos para que ofrezcamos nuestra oración, nuestro esfuerzo, nuestro ayuno, y aportemos así en la reconstrucción de una cultura más justa, más fraterna, más humana y más reconciliada; que respete verdaderamente al ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural; que ayude a la convivencia entre hombres y mujeres de toda raza, lengua o nación; que proteja la institución básica de la sociedad que es la familia, y que defienda y respete la libertad religiosa.
Al empezar este año, pidamos junto con el Papa Benedicto XVI que “la Virgen María, que hoy veneramos con el título de Madre de Dios, nos ayude a contemplar el rostro de Jesús, Príncipe de la Paz. Que nos sostenga y nos acompañe en este nuevo año: obtenga para nosotros y para el mundo entero el don de la paz. ¡Amen!”
La revuelta mediática en torno al tema ha sido abundante. Y la pregunta es ¿A quién vamos a creer? ¿A quién le vamos a hacer caso?¿A la opinión de algún comentarista de radio, televisión o prensa? ¿A lo que dice un profesor, un artista, un presidente, un líder cualquiera? ¿O a Dios?
Es importante que nosotros como católicos, no nos dejemos engañar por maestros engañosos que nos desvían del camino. No sabemos ni sabremos el día ni la hora. Sólo Dios la sabe. Jesús lo dijo en el Evangelio: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mateo 24,36).
Así pues, más que saber cuándo será el fin, tenemos que prepararnos parar ese fin. “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mt 25,13), también nos dijo el Señor Jesús. “Velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Mc 13,33). Eso nos toca entonces, velar y orar.
Al comenzar este 2013, esforcémonos por vivir de cara al Señor, confiados en Su Providencia y tomados de la mano de nuestra Madre María. Ya la Iglesia nos lo ha recordado, celebrando el 1 de enero en todo el mundo, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Una bella oportunidad para agradecer porque María es Madre de Dios, pero también es Madre Nuestra. Ocasión para pedirle que nos conduzca por los caminos del Plan de Dios.
Para ello, podemos empezar revisando lo vivido en el año anterior, y proyectándonos a lo que vendrá por adelante.
Si hacemos un alto en el camino podemos revisarnos a la luz de la misericordia de Dios. ¿Cómo viví el año pasado? ¿Me entregué al máximo? ¿Amé más a las personas? ¿Fui generoso? ¿En qué me equivoqué? ¿Qué tengo que mejorar?
Y luego, confiando en su Plan de Amor, podemos mirar hacia adelante y tomar algunas resoluciones concretas de ámbitos en los que debo aprender, mejorar, crecer. Por ejemplo, nuestra Fe Católica. Sabemos que, desde octubre del 2012 hasta noviembre del presente año, todos los católicos por invitación de nuestro querido Santo Padre, Benedicto XVI, tendremos la oportunidad y la responsabilidad de crecer en nuestra Fe, conocerla más, amarla más y vivirla más. De esa manera, la fe no sólo se quedará en un tema intelectual, sino más bien un tema existencial, que informe y transforme nuestra vida, para que así podamos asemejarnos cada vez más al Señor Jesús.
Estas resoluciones, sin embargo, no deberían ser sólo a nivel personal. Sería bueno que también lo hagamos como comunidad y como país.
El 2013 se presenta como un año con muchos desa-fíos: Se cumplen 40 años desde que la Corte Suprema de Estados Unidos legalizó el aborto; 55 millones de niños han muerto desde entonces. Urge pues, una mayor y más comprometida defensa de la vida. Asimismo, es fundamental trabajar por la defensa y promoción del matrimonio y la familia, que también vienen siendo atacados en la cultura contemporánea. En cuanto a la libertad religiosa, somos conscientes que de manera particular en el 2012 se han visto graves violaciones en distintos lugares del mundo, y también en el país.
Por ello, los Obispos en Estados Unidos han hecho un llamado a todos los católicos para que ofrezcamos nuestra oración, nuestro esfuerzo, nuestro ayuno, y aportemos así en la reconstrucción de una cultura más justa, más fraterna, más humana y más reconciliada; que respete verdaderamente al ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural; que ayude a la convivencia entre hombres y mujeres de toda raza, lengua o nación; que proteja la institución básica de la sociedad que es la familia, y que defienda y respete la libertad religiosa.
Al empezar este año, pidamos junto con el Papa Benedicto XVI que “la Virgen María, que hoy veneramos con el título de Madre de Dios, nos ayude a contemplar el rostro de Jesús, Príncipe de la Paz. Que nos sostenga y nos acompañe en este nuevo año: obtenga para nosotros y para el mundo entero el don de la paz. ¡Amen!”
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