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Los Provida están construyendo una cultura de Vida
Por el Exmo. Monseñor Samuel J. Aquila.
Usualmente no estoy de acuerdo con Frances Kissling. De hecho, tengo la certeza de que nunca estoy de acuerdo.
Kissling es una católica que ha trabajado como Directora de una clínica de abortos en el estado de Nueva York; es fundadora de la Federación Nacional a favor del aborto, y ha sido presidenta de “Católicas por el derecho a decidir”, un minúsculo grupo disidente que busca profanar la identidad católica, defendiendo y apoyando el aborto.
Kissling ha construido una carrera profesional negando públicamente y burlándose abiertamente de las enseñanzas de la Iglesia sobre sexualidad humana y dignidad de la vida humana.
Porque creo en la dignidad de la vida humana, mis puntos de vista y los de Kissling usualmente están opuestos.
Pero esta semana, Kissling ocupó un lugar prominente en una noticia de la revista “Time” sobre la gradual derrota de las políticas antivida y pro-aborto en nuestra nación. El artículo reconoce que a pesar del impacto que la decisión de la Corte Suprema Roe vs. Wade (que legalizó el aborto) ha tenido en la historia de nuestra nación, los grupos provida han tenido un éxito considerable en limitar el aborto a través de regulaciones estatales. Pese a que la perspectiva de la revista Time es claramente pro-aborto, de alguna forma, el artículo reconoce que, gradualmente, los provida en Estados Unidos están construyendo una cultura de la vida.
Más interesante todavía, la revista nota que a pesar del creciente apoyo de los norteamericanos a restringir el aborto en la mayoría de circunstancias, los grupos antivida siguen argumentando que el aborto es un procedimiento médico común. Este punto de vista, sin embargo, está pasando de moda rápidamente.
La misma Frances Kissling enfatizó: “Cuando la gente nos escucha decir que el aborto es un procedimiento médico cualquiera, reaccionan con rechazo”, dijo. “El aborto no es como sacarse un diente, o extirpar un apéndice. Implica la terminación de una forma temprana de vida humana. Eso merece cierta seriedad”.
Éste es el muy raro caso en el que estoy de acuerdo con Kissling. Ella tiene razón: el aborto implica acabar con una vida humana. El asesinato, en efecto, amerita seriedad.
Kissling reconoce que los niños no nacidos son seres humanos, y sin embargo, apoya la protección legal del aborto. La suya es una posición problemática. Kissling cree que algunas vidas humanas valen menos que otras. Más aún, Kissling cree que algunas vidas humanas valen menos que la comodidad; que la violencia contra los niños no nacidos es una forma razonable de resolver un problema. Lamentablemente Kissling no es la única. En una encuesta del 2006, el 59 por ciento de los norteamericanos reconocieron que el aborto acaba con una vida humana. La mitad de ellos, sin embargo, apoyaban la legalidad del aborto a pesar de ello.
La postura de Kissling es perturbadora, pero por lo menos es honesta. Sin duda, una persona que reconoce la humanidad del no nacido pero apoya el aborto legal, está planteando una postura. La postura es que no todas las vidas humanas merecen la protección de la ley, o el derecho a vivir.
Al recordar el 40 aniversario de Roe vs. Wade, tenemos la obligación de derrotar esta postura. Nuestra responsabilidad es apoyar la idea de que toda vida humana merece protección legal, desde la concepción hasta la muerte natural. Nuestra obligación es demostrar que toda vida humana tiene dignidad.
Nosotros cumplimos con esta obligación a través de la oración y del trabajo para acabar con la protección legal del aborto. Pero también cumplimos con nuestra obligación tomando decisiones morales que reflejen la dignidad humana; apoyando la vida en familia. Apoyando la soberanía del matrimonio y de la libertad humana. Cumplimos con nuestra obligación construyendo una cultura de vida: tratándonos unos a otros con el amor que Dios nos tiene.
Esta semana la revista “Time” ha planteado un desafío a los católicos. Nos ha mostrado un plan para acabar con el aborto. Si nosotros derrotamos la noción de que existen vidas humanas “inconvenientes”, de que la vida de los pequeños e indefensos valen menos que la de los poderosos, lograremos nuestro objetivo. Si superamos la idea de que la violencia, la indescriptible violencia contra los niños puede resolver problemas, lograremos la victoria. Si seguimos cambiando las mentes y convirtiendo los corazones, detendremos la muerte de millones de niños cada año.
El desafío es claro, el fin del aborto vendrá a través de nuestra santidad. Confiemos en el Señor para construir una verdadera y duradera cultura de vida.
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