Sobre la Dirección espiritual
En este mes de septiembre, Mons. Jorge De los Santos responde a la inquietud de un lector que nos pregunta: ¿En qué consiste la Dirección espiritual? ¿Todos la necesitamos?
Esperamos que esta respuesta nos ayude a todos los que formamos parte de la familia de El Pueblo Católico, a tomar con mayor seriedad nuestra vida espiritual y nuestro esfuerzo por conformarnos cada vez más con el Señor Jesús, y así acercarnos poco a poco a la santidad a la que todos estamos llamados.
La Dirección espiritual es un medio que nos ayuda a buscar a Dios en todas las realidades de nuestra vida, facilitándonos la correspondencia a la gracia y la identificación con Cristo. La dirección espiritual es la asistencia o ayuda positiva que una persona recibe de otra que está especialmente calificada, por educación, experiencia y santidad personal, para discernir la voluntad de Dios y la práctica de las virtudes Cristianas. La dirección tiene como criterio la verdad revelada por Dios a la Iglesia Católica. El proceso de dirección busca la aplicación de esta verdad a la vida personal, contando siempre con la asistencia del Espíritu Santo, quien es el principal director de las almas.
Por lo dicho, podemos decir que la dirección espiritual es una relación estable entre una persona ejercitada en la vida espiritual y otra que busca doctrina, consejo y aliento para progresar en el cumplimiento del Plan de Dios. Con ese objetivo, la persona manifiesta sinceramente sus disposiciones interiores al director o consejero espiritual. Como ya dijimos, la dirección espiritual existe para facilitar a la persona la correspondencia, es decir, la respuesta a la gracia de Dios y ponerse en el camino de identificación y conformación con Cristo. La dirección espiritual se trata de la sumisión de ambos, tanto del dirigido como del director, a la acción del Espíritu Santo, para descubrir juntos el plan de Dios y recibir la luz y la fortaleza para realizarlo.
La dirección espiritual lleva a que la persona comprenda qué implica la fidelidad en su vida diaria. ¿Qué es fidelidad? un proceso ascendente para enamorarse más y más de Dios, por medio de la acción del Espíritu Santo. El amor es creciente, si no, no se puede hablar de fidelidad.
La dirección espiritual no remplaza la búsqueda personal de la verdad sino que la apoya, aportando sabiduría y conocimiento para tomar decisiones con mayor fundamento. La persona que recibe la dirección espiritual es responsable de aprovechar los consejos y discernirlos en su propia oración, escuchando la voz de Dios en su conciencia. Este proceso le capacitará para conducirse por la vía más segura, según la voluntad de Dios.
Hay tres características de la dirección espiritual:
Dirigir: Se trata de conducir a cada alma al cumplimiento del Plan de Dios sobre su vida. Significa, por tanto acompañar a la persona y ayudarla a encauzar todo el potencial, todos los talentos, todas las energías espirituales, humanas y afectivas para realizar ese plan. Lograr que una persona ponga a Dios en el primer lugar en su vida, implica por un lado, remover muchos obstáculos y por otro, encauzar la riqueza personal a ideales altos y nobles.
Motivar: Las personas siempre se guían por motivos y no por sentimientos. Dar razones con fundamento, y no sólo mover los sentimientos, porque lo primero es estable mientras que lo segundo es pasajero. Los motivos variarán en su presentación y profundidad, pero siempre deberá ser Cristo, el amor a la Iglesia, la salvación del alma, el plan de Dios sobre la propia vida, encauzando así a la persona a grandes ideales. Cuando los dirigidos o aconsejados están convencidos de lo que deben realizar y del por qué lo deben realizar, las decisiones que tomen en la vida serán profundas y duraderas.
Exigir: No significa regañar o tratar con dureza. Exigir presupone que se ha dirigido y acompañado a la persona con un plan concreto de santificación y se ha dado motivos profundos para realizarlo. Saber exigir; he ahí el gran secreto para lograr entregas generosas. No debemos tener miedo a hacerlo, ya que lo mejor que podemos querer para una persona, como directores espirituales, es que alcance su plenitud vocacional, su felicidad, y la realización completa del plan de Dios sobre su vida.
Para terminar, compartimos aquí lo que dicen dos grandes santos sobre la dirección espiritual:
Santa Teresa de Ávila dice que con un buen director espiritual se avanza más rápidamente en unión con Dios.
San Juan de la Cruz recomienda buscar como acompañante espiritual a una persona sabia, discreta y experimentada en el trato con Dios.
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