La educación me da alas para volar alto
Es Jesús quien siempre corre a mi lado y me acompaña, comparte joven estudiante
Patricia Olivas acaba de graduarse de la Escuela Secundaria Arrupe, fue elegida para representar a sus compañeros en el discurso de graduación y ahora se prepara para entrar a la Universidad Jesuita Regis. Gracias a su esfuerzo dedicación, Patricia se hizo acreedora a una beca completa de la Fundación Gates Millenium, que cubrirá sus estudios universitarios, una Maestría y un Doctorado. “Patita” –como la conocen sus amigos- nos cuenta que para aplicar a esta beca, en la que participaron cerca de 10 mil estudiantes, tuvo que escribir 8 ensayos. Pero ella sabe bien que el logro no se debe sólo a sus esfuerzos, sino sobre todo a la ayuda de Dios. Aquí su testimonio.
Por Patricia Olivas
¡Es cierto que la gente puede volar! Yo solía correr y cuando lo hacía, mi mente se aclaraba y sentía que podía verme lejos aunque mis pies corrían sobre la arena. Pero esta vez, la carrera era diferente. Si no quedaba entre los finalistas- pensaba- decepcionaría a todos, incluyéndome a mí. Me puse a rezar. Le dije a Jesús, “Corre junto a mí, por favor” A la una, a las dos, y suena el buzón. Como liebres, todas las competidoras arrancaron. Cuando menos lo pensaba, sentí que alguien trotaba junto a mí. Esta persona iba tranquila. Llevaba una chaqueta aunque hacía calor y me sonreía.
Era Jesús el que trotaba junto a mí. Me tranquilice y ya no me preocupé. Desde este encuentro con Dios, sentí que no era necesario preocuparme. Así podría describir la experiencia de este año y mi carrera por alcanzar el sueño de continuar mis estudios superiores.
Este año, mi meta fue salir de la Preparatoria sabiendo que me entregué al máximo en mis estudios. Entonces, me puse a escribir ensayos y no tenía que preocuparme de nada, porque Dios estaba conmigo. Él puso un buen maestro y amigo en mi camino: el profesor Jonson. Este señor me ayudó a editar mis ensayos y me dio buenas críticas que me sirvieron para pulir y mejorar mis trabajos.
Después de mucho tiempo, entregué mis ensayos a las becas que apliqué. En Abril, el Vice-director de mi escuela me llamó a su oficina. Al llegar al lugar me sorprendí mucho al ver a todos mis maestros reunidos en un solo salón. Al voltear, descubrí que mis padres estaban también ahí. Noté que mi mamá tenía un sobre en su mano. ¡Me había ganado la beca que tanto quería!
Arrupe es una escuela muy pequeña y por ello todos se enteraron que había ganado esta beca. Muchos compañeros preguntaron “¿Cómo hiciste?” Déjenme decirles que se lo debo a Dios y a todas las personas que se preocuparon por mi educación.
Desde que estuve en la escuela católica primaria, Saint Francis de Sales, la Hermana Eleanor, Directora de la escuela, siempre se preocupó por mí y por mis estudios. Me decía que tenía que esforzarme mucho. Mis maestras no se quedaron atrás. Nos daban tareas todos los días. Teníamos que escribir reportes científicos e históricos. Tenían programas para mejorar nuestras lecturas. Nos hacían participar en competencias de oratoria que me ayudaron en mis presentaciones. En Saint Francis mis valores se fortalecieron. Me acuerdo que cuando había un problema entre alumnos, las maestras nos hacían platicar y resolver el problema.
Y de manera especial, la Hermana y las maestras nos ayudaron a enfocarnos en Dios. Rezábamos todos los días: antes de empezar el día, antes de almorzar, después de almorzar, y antes de salir de la escuela. Recibí los sacramentos de Reconciliación, Primera Comunión, y Confirmación. Teníamos misa mensual y todos los días Dios estaba presente en mi vida.
En Arrupe, mis valores se robustecieron. Llegaba a la casa después de la práctica de voleibol, básquetbol, o fútbol, y hacía mi tarea. Los maestros nos ayudaban con nuestras materias durante y fuera de las clases. Muchos llegaban a las siete de la mañana y se quedaban hasta las cinco de la tarde para ayudarnos. También, se preocupaban por nuestro bienestar.
Gracias a ellos, aprendí a hacer todo lo posible para leer, analizar y resolver una situación antes de rendirme. Cada noche estudiaba, especialmente estos últimos dos años. Llegaba temprano a la escuela para buscar ayuda y si era necesario, buscaba ayuda después de las clases.
Quisiera que más jóvenes compartan mi fervor hacia la escuela. Yo seguiré mis estudios en la universidad, y después, si Dios quiere, estudiare ciencias políticas y economía.
Les recomiendo a los jóvenes que se preocupen por sus estudios para ser mejores el día de mañana. ¡Vale la pena mejorar! ¡Y no estamos solos, Dios siempre corre a nuestro lado con una sonrisa!
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