¡Viva Cristo Rey!
Los cristeros, valientes hasta entregar la vida
Por Mons. Jorge De los Santos
Recientemente el Santo Padre el Papa Benedicto XVI visitó México concentrando su visita en el Estado de Guanajuato, uno de los estados con mayor tradición Católica, firme en su fe, donde la Iglesia echó fuertes raíces en un pueblo humilde y sencillo pero fuerte y heroico.
El Papa celebró su primera Misa en suelo mexicano a los pies de la monumental estatua de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete. Esta estatua es el tributo al precio que miles de mexicanos católicos pagaron al luchar por defender su fe, precio que consistió en su propia sangre derramada como la de nuestro Salvador, como testimonio de la fidelidad de un pueblo al Dios vivo y verdadero, ellos son conocidos como los Cristeros, que al grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva la Virgen de Guadalupe! entregaban su vida como testimonio victorioso de que nunca abandonarían su fe.
Sí, estos fueron unos de los lugares donde se protagonizó una de las muchas páginas dolorosas de la historia de la Iglesia Católica, uno de los tantos episodios donde la Iglesia Universal, con la asistencia del Todopoderoso ha tenido que afrontar la gran adversidad, ha tenido que enfrentar a la bestia apocalíptica que trata de destruirla, un episodio más de persecución abusiva e injusta.
Centenares de mexicanos seglares ofrecieron oblación en la Cristiada: los que, sin ninguna ambición personal se lanzaron al campo, inermes casi, y a exponerse a sufrimientos atroces cotidianos y a una muerte fácilmente previsible, sólo por defender los derechos de Dios, realizaron la hazaña más gloriosa que podía realizarse.
He aquí algunos mártires con un testimonio más que elocuente.
A José Valencia Gallardo, de León y de la A.C.J.M., le arrancaron la lengua porque animaba a sus compañeros de martirio... Le cortaron la mano que había podido desprender de las ligaduras y señalaba al cielo. Y lo acribillaron a tiros y deshicieron el cráneo a culatazos. Nicolás Navarro, golpeado en la cara hasta quebrarle los dientes y hacer saltar sangre por los ojos: “¡Ánimo, compañeros, acuérdense de la causa que defendemos!” Apuñalado expira diciendo:”¡Sí, yo muero por Cristo, que no muere jamás! ¡Viva Cristo Rey! “. Había, además, perdonado a sus verdugos, rasgo muy frecuente en estos mexicanos testigos de Dios. Otros cinco jóvenes murieron con éstos.
A un chiquillo de 13 años, preso por cristero, le proponen alistarse en el ejército, a cambio de la vida: “Primero muerto. Odio al gobierno perseguidor. Es mi enemigo. ¡Fusílenme!”. Se llamaba José Sánchez del Río y era de Sahuayo. Por sus calles atravesó, a las once de la noche, vitoreando a Cristo Rey. La fosa estaba ya cavada. Deja un recado a su madre: “Que nos vemos en el cielo. ¡Viva Cristo Rey!” y es muerto de un tiro en la cabeza.
Es también en Puebla, donde la Guerra Cristera causaba estragos. Uno de los primeros mártires, el comerciante poblano José García Farfán. En el aparador de su tienda había letreros subversivos: “Sólo Dios no muere ni morirá jamás. Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera ¡Viva Cristo Rey!”. El no arrancarlos fue su crimen. Al fusilarlo, el jefe del pelotón lo provocó: “¡A ver cómo mueren los católicos!”. “Así”, repuso el viejo, apretó un crucifijo contra el pecho y gritó: “¡Viva Cristo Rey!”.
Hay una lista interminable de testimonios de fe realizados por un sin número de mártires cristeros. Somos herederos de una Fe que ha costado sangre empezando por la de Cristo y después por sus fieles discípulos, somos descendientes de héroes valientes soldados de Cristo.
Tengo la esperanza de que todos los católicos de Colorado puedan ver la película que se exhibirá el próximo mes con el título “For Greater Glory” (CRISTIADA) que enseña este episodio doloroso y al mismo tiempo glorioso de la Iglesia Católica en México. Espero que no se la pierdan y que haga renacer en el corazón de todos la ardiente y viva fe en el Dios vivo y verdadero. Y que ¡VIVA CRISTO REY! y que ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
