
Mes de María
Para ella nuestro amor y nuestra devoción
Por Rossana Goñi.
¡En este mes de María, en el que todos honramos de manera especial a la Madre de Dios y nuestra Madre, quisiera compartir con ustedes una de las oraciones más bellas compuestas para Ella por San Bernardo de Claraval. San Bernardo fue un monje francés fundador de la orden Monástica Cisterciense y tenía una devoción especial a nuestra Señora. Es Ella quien nos cuida y vela por nosotros todos los días. Es María quien nunca deja de escuchar nuestras peticiones. Es la Madre Buena quien nos abraza en momentos de dificultad y tribulación, por eso con Ella no hay nada que temer, pues es María quien pisa la cabeza de la serpiente para que no tropecemos y caminos por los senderos donde nos lleve Su Hijo amado.
“El Pueblo Católico” eleva oraciones especiales por todas las madres, especialmente aquellas que viven en la Arquidiócesis de Denver, para que Dios y Santa María bendigan su dedicación, entrega y sobretodo su amor incondicional, amor que nunca ha esperado nada a cambio, sólo la felicidad de sus hijos. ¡Feliz día de la madre! No dejes de rezar esta oración en familia.
Mira a la estrella, invoca a María
Si se levanta la tempestad de las tentaciones,
si caes en el escollo de las tristezas,
eleva tus ojos a la Estrella del Mar: ¡invoca a María!
Si te golpean las olas de la soberbia,
de la maledicencia, de la envidia,
mira a la estrella, ¡invoca a María!
Si la cólera, la avaricia,
la sensualidad de tus sentidos
quieren hundir la barca de tu espíritu,
que tus ojos vayan a esa estrella: ¡invoca a María!
Si ante el recuerdo desconsolador
de tus muchos pecados y de la severidad de Dios,
te sientes ir hacia el abismo del desaliento
o de la desesperación,
lánzale una mirada a la estrella,
e invoca a la Madre de Dios.
En medio de tus peligros, de tus angustia,
de tus dudas, piensa en María, ¡invoca a María!
El pensar en Ella y el invocarla,
sean dos cosas que no se aparten nunca
ni de tu corazón ni de tus labios.
Y para estar más seguro de su protección
no te olvides de imitar sus ejemplos.
¡Siguiéndola no te pierdes en el camino!
¡Implorándola no te desesperarás!
¡Pensando en Ella no te descarriarás!
Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir.
Bajo su manto nada hay que temer.
¡Bajo su guía no habrá cansancio,
y con su favor llegarás felizmente
al Puerto de la Patria Celestial!
Amén