Un querido viejo amigo regresa a la Arquidiócesis de Denver
Por el Exmo. Monseñor James D. Conley.
Como todos ya deben saber, la Arquidiócesis de Denver se vio verdaderamente bendecida la semana pasada con el nombramiento de parte de nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, de un nuevo pastor en la persona de un viejo amigo y sacerdote de Denver, el Arzobispo electo, Samuel J. Aquila.
El 18 de julio el Arzobispo Aquila será instalado como el quinto Arzobispo de Denver, sucesor del Arzobispo Charles Chaput, del Cardenal James Francis Stafford y de otros grandes hombres que han servido y guiado a la arquidiócesis tan fielmente, a lo largo de los años. Pero mientras recorría la arquidiócesis junto a él, la semana pasada, me sorprendió por el número de personas que lo recordaban como un viejo amigo, que lo recordaban como “el padre Sam”.
Desde que llegué a Denver hace 4 años, muchas personas me han compartido sus recuerdos del tiempo transcurrido con el Arzobispo Aquila. Antes de su partida a Filadelfia, el Arzobispo Chaput me habló de él con frecuencia y entusiasmo. Y desde que conozco al Arzobispo Aquila como amigo, hermano sacerdote y obispo, desde hace más de 20 años, comprendí por qué es tan estimado. La semana pasada, la razón por la que es admirado y recordado aquí en Denver se me hizo todavía más clara.
El martes pasado por la tarde y el miércoles por la mañana visitamos juntos la Escuela Guardian Angels, el Centro San Juan Diego, el Samaritan House, el Colegio Bishop Machebeuf y el Cementerio Mt. Olivet, donde el Arzobispo rezó ante la tumba de sus predecesores. Hubo muchos bellos momentos durante el recorrido. Uno en particular salta a la memoria.
Nuestra visita a Samaritan House tuvo lugar al final de un día muy largo. El Arzobispo había estado hablando con reporteros, sacerdotes y diáconos, laicos y amigos a lo largo del día. En ese momento, recuerdo, se encontraba en medio de una conversación sobre Samaritan House y sus admirables planes para ampliar los servicios a las familias sin techo. Pero mientras hablábamos con los administradores de Samaritan House, el Arzobispo estaba mirando a otro grupo de personas. Finalmente se disculpó de la conversación y se aproximó a un grupo de hombres sentados alrededor de una mesa.
“Hola” dijo extendiendo su mano a un grupo de hombres sin techo, “soy el nuevo Arzobispo”. La conversación que veníamos teniendo era importante, pero para el Arzobispo Aquila era igualmente importante hablar con este grupo de veteranos sin techo que se encontraban en Samaritan House para saber de ellos, conocer sus nombres, sus historias y sus necesidades. Antes de dejarlos les dio su bendición. Cuando subimos al carro, nos compartió cuán impresionado estaba con los buenos hombres que había encontrado.
En las palabras del Concilio Vaticano II: “Los Obispos deben dedicarse a su ministerio apostólico como testigos de Cristo ante los hombres. No sólo deberían velar por aquellos que ya siguen al Príncipe de los pastores, sino que deben dedicarse de todo corazón a aquellos que de cualquier manera se han apartado del camino de la Verdad o ignoran el Evangelio de Cristo y su misericordia salvadora, hasta que finalmente todos los hombres caminen ‘en toda bondad justicia y verdad’”.
El Arzobispo Aquila es un vibrante testigo de Jesucristo ante todos. Es un pastor, un maestro y un predicador, y para muchos en Denver, un viejo amigo. Por favor, únanse conmigo para rezar por su regreso y por el éxito de su ministerio en la Arquidiócesis de Denver.
Mons. James D. Conley, es actualmente el Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Denver.
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