“Amor con Amor se paga”
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3, 16)
Por Liliana Flores.
¿Cuántos de nosotros hemos escuchado alguna vez este proverbio tan popular? Pero ¿qué significa para nosotros como cristianos y qué tiene esto que ver con este momento litúrgico que estamos viviendo como Iglesia (La Pascua)?
El término “amor” se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y de las que más se abusa, utilizamos esta palabra para expresar lo que sentimos hacia otras personas, padres, amigos, hermanos, especialmente la pareja. Aunque hemos confundido o entendido mal su significado, el amor es “el pan nuestro de todos los días”. Todos los seres humanos necesitamos amor, incluso antes de nacer, un bebé puede percibir el amor de sus padres o si es rechazado por ellos. Es más, es posible que ello pueda marcar la personalidad y autoestima de una persona, incluso el sentirnos amados puede significar que tan feliz y pleno eres, pues es en el amor en donde nosotros encontramos la felicidad. Es por eso que para el hombre es muy importante sentirse amado por Dios.
Nosotros como cristianos hemos creído en el amor de Dios, un amor que se da a tal extremo que es capaz de dar a su único hijo para que tengamos vida eterna. “Dios nos ha amado primero” lo merezcamos o no, lo pidamos o no, Él de todas formas nos ama. Él nos ha amado a tal punto que no quiere que nos perdamos sino que tengamos vida eterna, Él desea para todos nosotros la salvación y es por eso que ha entregado a su hijo para que tú y yo seamos salvos.
Este amor, es muchas veces para nosotros los seres humanos, un amor que nos cuesta entender y sobre todo vivir pues es un amor incondicional y gratuito, el cual nosotros tal vez no hemos pedido y que por pura iniciativa de Dios ahora tenemos. Este amor se traduce no en buscar su propia felicidad sino en buscar la felicidad del otro, y esto en un mundo tan egoísta como en el que vivimos, es muy difícil de comprender.
Pero “Amor con amar se paga”, y lo lógico sería que nosotros le pagáramos a Dios con amor. Sin embargo, ¿es realmente posible amar a Dios aunque no se le vea? Jesús, entendiendo que para el hombre es muy difícil amar a alguien que no ve, nos da la respuesta a esta pregunta. Es posible para nosotros amar a Dios si lo hacemos a través de nuestro prójimo: “amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”. Dios nos pide esto pues “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este “antes” de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta (Dios es amor 17)”.
Pero es importante que nosotros amemos a nuestro “prójimo”, con la misma clase de amor que nosotros hemos recibido, con un amor incondicional y gratuito que se da así mismo sin esperar nada a cambio y buscando siempre la felicidad del otro, la clase de amor que no es egoísta sino todo lo contrario. La clase amor que busca que nuestra(o) esposa(o) sea feliz, que nuestros hijos sean felices, que nuestro novio(a) sea feliz, sin importar lo que nosotros tengamos que sacrificar para que eso suceda. Esta clase de amor que no importa si es mi amigo o mi enemigo, pero que de todas formas se da, esta clase de amor que ve a su prójimo incluso en sus enemigos, en las personas que no conoce o que no le son cercanas, esa clase de amor que ve al otro no con sus propios ojos y sentimientos sino con los ojos de Jesús.
No se trata de una obligación, sino de una respuesta, una respuesta al llamado de Dios para que amemos a nuestro prójimo y que nace del sabernos amados por Él, que nace desde nuestro corazón y como respuesta al amor que nosotros hemos recibido de Dios. “Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, me hace sensible también a Dios (Dios es amor 18)”. El servir a los demás, el entregarles mi amor y mi tiempo para servirlos me hará cada vez más parecido a Dios, pues me unirá a Él en el amor a los demás.
Que nuestra respuesta al amor de Dios en esta Pascua sea el amor a mis hermanos, paguémosle a Dios, que es Amor, y que nos lo ha mostrado hasta el extremo, con AMOR. No nos quedemos únicamente observando los acontecimientos de la “Semana Santa” sino actuemos de la misma manera que Jesús actuó por nosotros, con AMOR, un amor tal que se entrega plenamente a los demás.
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
