Su Santidad en tierras latinas
La etapa Cubana
Testimonio de Fe
* Walter Sánchez-Silva es periodista de la Agencia Católica de Informaciones ACI-Prensa y elaboró esta crónica en exclusiva para “El Pueblo Católico”.
El Papa Benedicto hizo historia en México y Cuba
Por Walter Sánchez-Silva *
Como periodista he cubierto múltiples eventos; pero pocos quedarán grabados en mi memoria como el reciente viaje del Papa Benedicto XVI a México y Cuba.
En el aeropuerto de Guanajuato asistí a una de las bienvenidas más alegres y festivas que he presenciado en mis 35 años.
Ante el presidente Felipe Calderón, en medio de mariachis y lemas como “¡Benedicto, hermano, ya eres mexicano!”, el Papa dio gracias a Dios “por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia tierra”.
El Papa conmovió aún más a los presentes con los besos y abrazos que prodigó a los niños que se le acercaban en su primera visita a un país de habla hispana en América Latina.
En la ciudad de León todo fue fiesta. Cientos de miles de personas en las calles que coreaban el nombre de Benedicto XVI lo aclamaban con cariño hasta llegar al Colegio de Miraflores donde se hospedó.
Nunca olvidaré el encuentro del Papa con los niños en la Plaza de la Paz en la hermosa ciudad de Guanajuato el 24 de marzo. El solo hecho de estar allí y ver ese lugar hacía que el viaje valiera la pena. Desde la Casa del Conde Rul, el Santo Padre alentó a los niños a ser amigos de Cristo y a cambiar el mundo. Exhortó también a todos a trabajar incansablemente para “proteger y cuidar a los niños, para que nunca se apague su sonrisa” y para que “puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza”.
Una pequeña de 7 años de nombre Alondra Johana Márquez con mucha inocencia me comentó que para ella “que el Papa venga a Guanajuato es un milagro”. No tuvo que decir más. Fue probablemente el testimonio más especial que recogí.
Antes de la Misa del Domingo en el Parque Bicentenario pude conversar con varios de los integrantes del coro, que coincidieron en afirmar que era una bendición y un privilegio poder cantar para el Papa.
Lucy Bozo, una madre embarazada de una niña, comentó que cantar ante Benedicto XVI “es una emoción muy padre que voy a disfrutar y voy a aprovechar mucho”. Dijo además que esperaba poder resistir toda la Misa hasta el final.
Sin duda no fue fácil estar allí. No lo fue para ella ni para las 650 mil almas que estaban acompañando al Pontífice, que recorrió en medio de la euforia total y con un sombrero de charro todo el Parque Bicentenario a bordo del papamóvil.
Ese día el calor llegó hasta los 34 grados centígrados (93º F) y faltó el agua a muchos. Sin embargo, eso no amilanó a los cientos de miles de personas que asistieron a la Misa, muchos de los cuales acamparon en las afueras del extenso recinto varios días para estar en el evento.
Ese domingo por la noche, en León, el Papa agradeció muy sentidamente la serenata, las aclamaciones en el Colegio de Miraflores. Improvisando algunas palabras en italiano, que el Nuncio tradujo al español, Benedicto XVI dijo emocionado “¡Ahora entiendo por qué Juan Pablo II se sentía mexicano!” lo que avivó la euforia de los miles de fieles presentes que aplaudieron aún más cuando por segunda ocasión en el viaje se puso un sombrero de charro, esta vez de color blanco.
No puedo dejar de mencionar que el Papa encendió la iluminación especial del Santuario de Cristo Rey, en el Cerro del Cubilete, a cuyos pies había celebrado la Misa esa mañana. Ese lugar tiene un poderoso valor simbólico para México, porque además de estar en su centro geográfico, ha sido escenario de muchos mártires de la fe.
El Papa se despidió de México el lunes y llegó a una Cuba en donde un importante grupo de laicos comprometidos defendían la actitud habitualmente no confrontacional de los Obispos de la isla respecto del régimen político. La visita de 1998 de Juan Pablo II no generó cambios políticos visibles, explican los laicos; pero sí abrió una era “radicalmente distinta” para la Iglesia.
A estos fieles y a todos los cubanos, y sin omitir ningún tema espinoso, el Papa instó a trabajar con “las armas” del perdón y la reconciliación para construir “una sociedad abierta y renovada”.
Benedicto XVI llegó a Cuba para celebrar el 400 aniversario del hallazgo de la Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cubas. Tras rezar a sus pies, alentó a todos los cubanos a que “nada ni nadie les quite la alegría interior”.
En la Misa de La Habana el 28 de marzo, el Santo Padre exhortó a usar las claves de la verdad y la libertad para lograr los cambios que necesita Cuba; y reiteró el derecho a la libertad religiosa inherente a toda persona.
El Papa, que también se dio tiempo para recibir a Fidel Castro y lograr luego que este Viernes Santo sea feriado en Cuba, se despidió de la isla con un bello discurso en el que pidió a la Virgen “que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan”.
No puedo concluir el testimonio sin recodar a la familia que me acogió en la ciudad de León, México. El padre de la familia, Martín López, aseguró que “esta visita de Benedicto XVI va a traer muchísimos frutos a mi vida y mi familia”. Como él, millones de mexicanos y cubanos agradecen al Sucesor de San Pedro su paso por estas tierras americanas; porque aunque la prensa ya pasó a otros temas, los frutos de la semilla sembrada por el Papa darán frutos por mucho tiempo.
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