Los retos y sueños de una joven inmigrante
“Jesús, María y José también fueron extranjeros, ellos son mi fortaleza”, señala Aidé
Hatty Aidé Arenivar trabaja como asistente de la Oficina del Administrador Apostólico de Denver, Mons. James Conley. Trabajó además como asistenta de quien fuera el Arzobispo de Denver, Mons. Charles Chaput y actualmente se encuentra estudiando la Licenciatura en Ciencias Religiosas. Su sueño es seguir formándose para poder servir a la Iglesia cada vez mejor. En esta edición, Aidé comparte con nosotros su historia de inmigrante y los desafíos de vivir en un país extranjero.
Por Hatty Aidé Arenivar
Recuerdo la primera vez que mi papá emigró a los Estados Unidos. Había una tristeza mutua que cada uno de no-sotros sentíamos, pues en realidad no sabíamos cuanto tiempo pasaría para volvernos a ver.
Afortunadamente, mi papá regresó al poco tiempo, pues extrañaba a su familia y nosotros a él.
En 1998, el deseo de superación y darnos una mejor vida, llevó a mis padres a tomar la decisión de emigrar una vez más a los Estados Unidos. Esta vez sería diferente, pues mi papá emigraría primero, se establecería en un trabajo y juntaría dinero para alquilar un departamento y así estar de nuevo juntos. Fue entonces que en Julio de 1998 llegamos a Denver, Colorado mis hermanos, mi madre y yo.
Aún recuerdo la gran ilusión y alegría que me daba volver a ver a mi papá, esas ganas de abrazarlo y decirle que lo extrañaba. Nunca olvidaré cuando lo vi llegar a la central de autobuses, la gran emoción y el sentimiento que nos dio verlo de nuevo, por fin estábamos todos juntos.
Los primeros meses fueron fascinantes, pero conforme pasaba el tiempo empecé a extrañar a mis abuelitos, mis tíos, mis primos y a cada miembro de la familia. Fueron tiempos difíciles pues nos encontrábamos en un país donde éramos extranjeros, donde desconocíamos el idioma y la cultura.
El permiso de turistas se nos había terminado, no podíamos regresar a nuestro país y visitar a quienes tanto extrañábamos. Conforme pasó el tiempo, la tristeza fue creciendo y con ella el dolor de no poder despedirnos de quienes se nos adelantaron en el camino. Ante este sufrimiento, me refugié en los brazos de mi Madre Iglesia, donde descubrí que más familias como la nuestra se encontraban en la misma situación. A mis 14 años me integré al grupo Juvenil y al coro de mi Parroquia San Antonio de Padua y fue allí donde conocí a mi esposo Chufo, quien siendo ciudadano de los Estados Unidos pudo aplicar para mi residencia en Octubre de 2007, la cual fue otorgada en Enero de 2008.
En Marzo de 2011 me hice ciudadana de los Estados Unidos, con el deseo de poder tramitar la residencia de mis padres, de ser la voz de los miles de emigrantes que llegan a este país con el mismo deseo que nosotros. En Agosto de 2011 fue otorgada la residencia a mis padres y con ella la alegría y la tranquilidad de sus corazones.
Nunca olvidaré lo que mis padres hicieron por nosotros y aunque ser emigrante no es fácil, eso me llevó a luchar junto con mi familia y ser una buena hija, amiga, cristiana y una buena estudiante que se gradúo con honores de la High School -como agradecimiento a mis padres por todo lo que han hecho por nosotros.
Actualmente estudio una Licenciatura en Ciencias Religiosas por medio del Centro San Juan Diego, y deseo de todo corazón terminarla para comenzar una maestría en el área familiar.
Quiero prepararme y estar al servicio de las miles de familias que luchan constantemente por mejores oportunidades para ellos y sus hijos. Deseo seguir trabajando para mi familia universal, mi Iglesia, quien me dio las fuerzas necesarias para seguir luchando y quien me recordaba que Jesús, junto con nuestros padres José y María, también fueron emigrantes en un lugar extranjero.
Agradezco a Dios la oportunidad que me da al trabajar como secretaria en la Oficina del Arzobispo de Denver, especialmente porque tuve la oportunidad de aprender del Arzobispo Carlos Chaput quien ama y comprende al emigrante de una manera muy especial.
Ahora tengo la dicha de trabajar para nuestro Administrador Apostólico el Obispo James D. Conley S.T.L, un gran hombre quien defiende el valor de la vida.
Agradezco tanto a Dios y mis padres por ser emigrante y les dedico cada uno de mis logros, especialmente a mis papás, pues sé que para ellos fue muy difícil. Pido a Dios por cada persona que aún no arregla su situación legal para que pronto puedan reunirse con sus familias y puedan gozar por completo del sueño americano.
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