
Lo aprendido…
Ahora a ponerlo en práctica
Por Rossana Goñi
Los misterios de la vida y de la muerte se entrelazaron de manera muy especial y espiritual poco antes de terminar el 2011. Una hermosísima ocasión para acoger en el corazón lo vivido y ponerlo en práctica ahora que iniciamos un año nuevo. No hay tiempo qué perder.
A mediados de diciembre Dios quiso llevar a la Patria Celestial a un buen amigo del Perú que vivió aquí en Denver por casi 16 años. Mario, estaba casado con cuatro niños. Partió joven, después de luchar como un guerrero silencioso ante un cáncer al páncreas por casi dos años.
Comparto esto con ustedes, pues el Adviento pasado fue realmente hermoso. Todo aquello que nuestra sabia Madre Iglesia nos invita a vivir en este tiempo litúrgico, fue vivido hondamente al acompañar a este buen amigo, y poder tener una experiencia de Dios y de fe. Adviento es tiempo de espera de la llegada del Niño Jesús, es tiempo en el que la Iglesia nos invita a estar preparados para Su venida, es un tiempo en el que Juan el Bautista nos dice que está preparando el camino porque “…ya viene tras de mí Aquél que es más poderoso”.
Toda la enfermedad de Mario, fue un proceso, un peregrinar, una lucha por la vida del día a día. Durante sus dos últimas semanas entre nosotros, tuve la bendición de poder acompañarlo casi todos los días junto con muchas personas que lo visitamos para estar con él, para rezar con él. Así fueron sus deseos.
Muchos de ustedes lo conocieron porque sirvió por muchos años a la comunidad hispana en las parroquias St. Anthony of Padua en Denver, St. Therese en Aurora y hasta el día que pudo en St. Pius X en Aurora.
Cada día que iba a su casa a rezar el Rosario con Mario, vivía un encuentro nuevo de contemplar el don de la vida y el don de nuestro paso a la vida eterna. Con aquella idea de ser peregrinos en esta tierra y que aquí no está nuestra Patria definitiva, sino que estamos en un tiempo de preparación, que si es bien vivida y como Dios nos los pide, estaremos listos –como las vírgenes prudentes del Evangelio – para el encuentro final con Jesús.
A pesar que ya en sus últimos días no podía expresarse mucho, sus ojos me decían cuán alegre se ponía de recibir a los numerosos amigos que visitamos su casa. Todos los días le hablé, y conversé… le pedí que rece por mí, por mi familia, le pedí por más vocaciones… y sé que lo hizo y lo sigue haciendo.
¡Cuánto aprendí a lo largo de esos días! Fue un hermoso Adviento. Un día antes que parta a la Casa del Padre, estuve visitándolo justo cuando llegó el sacerdote que le iba a dar la Comunión todos los días. La experiencia de ver el gran esfuerzo de Mario por poder consumir un pedacito muy pequeñito del Cuerpo de Cristo fue encontrarme con la grandeza de nuestra fe, con la bendición de ser católicos, con el misterio de la vida y la muerte, así como con el misterio de Dios y el misterio de nuestra pequeñez y vulnerabilidad que tiende hacia Dios y lo anhela. Cuando comencé a rezar para que Mario pueda consumir el Cuerpo de Cristo pensé “nada importa, lo único que importa en esta vida es ser santos para luego vivir eternamente. Lo único que importa es estar preparados para tu llegada Señor, estar preparados para el encuentro contigo, y no sabemos el día ni la hora”. Me fui de esa visita muy conmovida, sabía que a mi amigo ya le faltaba poco para el encuentro definitivo con Dios. ¡Qué gozo! Pensé. Hoy recibió al Señor Jesús en un pedacito de pan, ¿cuándo tendrá la bendición de ser él recibido por el Señor Jesús en sus brazos?
Al día siguiente en la mañana Mario partió al encuentro pleno con nuestro Padre Celestial. Lo extrañamos, pero el gozo de saber que está finalmente donde todos anhelamos llegar, alegra el corazón. Veo en su esposa y sus hijos, esa esperanza que sólo la da la fe en Jesús. Eso también alegra el corazón.
Mario tuvo esa Navidad que todos anhelamos durante el Adviento, contemplar al Niño Jesús, él ya lo vivió así en su primera Navidad con el mismo Señor para toda la eternidad.
Lo que aprendí, no lo olvidaré nunca. Le pido a Dios que me conceda la gracia de ponerlo en práctica a través de hechos concretos en mi vida cristiana, y vivirlo día a día. Porque después de ese día, sé que lo único que importa en nuestra vida aquí es ser santos para luego ir al Cielo y gozar todos de la Gloria de Dios.
No dejemos pasar un día más y esforcémonos por lograr ese anhelo de nuestros corazones que es la santidad. ¡Que tengan un año 2012 colmado de bendiciones!