Solidaridad y comprensión de la realidad del inmigrante
Obispos Hispanos de EE.UU. escriben una sentida carta a hermanos inmigrantes
Por Rossana Goñi
En una carta dirigida a los inmigrantes, fechada el 12 de diciembre, Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, treinta y tres obispos católicos hispanos expresaron su preocupación y su solidaridad con los inmigrantes en Estados Unidos, particularmente los indocumentados. La carta fue publicada simultáneamente desde las arquidiócesis de Los Ángeles y San Antonio y se les envía para su información.
Los prelados latinos empiezan la carta diciendo “nosotros los obispos hispanos/latinos de Estados Unidos abajo firmantes les hacemos saber a quienes se encuentran en nuestro país sin papeles que no están solos ni olvidados. Reconocemos que todo ser humano, documentado o no, es imagen de Dios y por lo tanto tiene un valor y dignidad infinitos. Les abrimos nuestros brazos y nuestro corazón y los recibimos como miembros de nuestra familia católica. Como pastores, les dirigimos estas palabras desde lo más profundo de nuestro corazón”.
Reconocen los valores que hispanos traen a estas tierras
Después de agradecerles por los valores cristianos que los inmigrantes muestran al ofrecer el sacrificio de sus vidas por el bien de sus familias y ayudar al bienestar de la nación en los ámbitos económico, cultural y espiritual, los obispos hispanos se refirieron a la crisis económica que atraviesa este país. Y señalaron que “lamentablemente, algunos aprovechan este ambiente de incertidumbre para despreciar al migrante y aún culparlo por esta crisis. Sembrar el odio no nos lleva a remediar la crisis. Encontraremos el remedio en la solidaridad entre todos los trabajadores y colaboradores—inmigrantes y ciudadanos—que conviven en los Estados Unidos”.
También mostraron su comprensión y solidaridad por el trabajo duro que realizan. “En sus rostros sufrientes vemos el rostro verdadero de Jesucristo -y añadieron- sabemos muy bien el gran sacrificio que hacen por el bien de sus familias. Muchos de ustedes hacen los trabajos más difíciles, con sueldos miserables y sin seguro de salud o prestaciones salariales o sociales. A pesar de sus contribuciones al bienestar de nuestro país, en lugar de ofrecerles gratitud, se les trata como criminales porque han violado la ley de inmigración actual”.
Los obispos se solidarizan y realizan actos concretos para ayudar a inmigrantes
En su carta añadieron que son conscientes de todo lo que padecen muchos hispanos que llegan a estas tierras. “Estamos también muy conscientes del dolor de las familias que han sufrido la deportación de alguno de sus miembros; de la frustración de los jóvenes que han crecido en este país y cuyos sueños son truncados por su estatus migratorio; de la ansiedad de aquellos que están en espera de la aprobación de su petición de residencia permanente; y de la angustia de quienes viven cada día bajo la amenaza de ser deportados. Todas estas situaciones claman a Dios por una solución digna y humana”.
Más adelante, los obispos explican que ellos han tomado una acción concreta y han acudido al Congreso de los Estados Unidos para pedir un cambio en la ley de inmigración que respete la unidad de la familia y que incluya pasos ordenados para que las personas puedan obtener su ciudadanía. “La nueva ley deberá incluir –indicaron– un programa de visas para trabajadores que respete los derechos humanos de los inmigrantes, les provea las necesidades básicas para vivir y facilite su ingreso a nuestro país para trabajar en un ambiente seguro y ordenado. Así mismo, continuamos abogando por la justicia económica global que facilite el empleo de nuestros hermanos y hermanas en su tierra de origen y les provea lo suficiente para vivir con dignidad”.
En este sentido siguieron indicando que “estamos comprometidos a hacer lo que podamos para lograr un cambio de ley que les permita entrar y vivir en este país legalmente, y no se vean ustedes obligados a emprender un camino peligroso para proveer a sus familias. Como pastores que se preocupan por el bienestar de todos ustedes, les debemos decir que consideren seriamente si es aconsejable emprender su camino hacia acá antes de que se logre un cambio justo y humano en las leyes de inmigración. Sin embargo, no vamos a esperar hasta que cambie la ley para darles la bienvenida en nuestras iglesias a los que ya están aquí, ya que San Pablo nos dice, “Ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los que forman el pueblo de Dios; son familia de Dios” (Ef. 2, 19)”.
La Iglesia es su casa, ¡Vengan!
En la carta ofrecieron en las Iglesias el hogar para los hispanos, el lugar donde se les acogerá y se les servirá de la mejor manera posible, pues ahí reciben al mismo Cristo. “Como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, les ofrecemos alimento espiritual. Siéntanse bienvenidos a la Santa Misa, la Eucaristía que nos alimenta con la palabra y con el cuerpo y la sangre de Jesús. Les ofrecemos programas de catequesis para sus hijos, y los programas de formación que nuestros esfuerzos diocesanos nos permiten poner a su alcance”.
Refiriéndose a las Escrituras y lo que enseña el mismo Señor Jesús, los obispos se dirigieron también a aquellos hispanos ciudadanos y residentes y les dijeron que “debemos abrirles el corazón y los brazos a los recién llegados, como nos lo pide Jesús cuando nos dice, ´Tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber; pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa´ (Mt 25, 35)”.
Finalmente, piden oraciones y esfuerzo de parte de todos para poder terminar con este problema de inmigración y dirigiéndose a los inmigrantes les dijeron “vemos en ustedes migrantes, a Jesús peregrino. La Palabra de Dios migró del cielo a la tierra para hacerse hombre y salvar a la humanidad. Jesús emigró con María y José a Egipto, como refugiado. Migró de Galilea a Jerusalén para el sacrificio de la Cruz, y finalmente emigró de la muerte a la resurrección y ascendió al cielo. Hoy día, sigue caminando y acompañando a todos los migrantes que peregrinan por el mundo en búsqueda de alimento, trabajo, dignidad, seguridad y oportunidades para el bien de sus familias.
Ustedes nos revelan la realidad suprema de la vida: todos somos migrantes. Su migración es un fuerte y claro mensaje de que todos somos migrantes hacia la vida eterna. Jesús nos acompaña a todos los cristianos en nuestro peregrinar hacia la casa del Padre, el reino de Dios en el cielo (Ver Tertio Millennio Adveniente No. 50).
Les rogamos que no se desesperen. Mantengan su fe en Jesús migrante que sigue caminando con ustedes, y en la Santísima Virgen de Guadalupe que constantemente nos repite las palabras dichas a San Juan Diego, ´¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?´ Ella nunca nos abandona, ni nos abandona San José quien nos protege como lo hizo con la Sagrada Familia durante su emigración a Egipto”, concluyeron.
Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Diciembre 12, 2011
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