Año nuevo, virtudes nuevas
Propóngase vivir algunas virtudes en su vida cristiana a lo largo del 2012
Por Mariana De Lama (*).
Empezar un nuevo año es una oportunidad para encaminarnos por el sendero de la propia conversión que nos llevará a alcanzar el encuentro con Dios.
La persona humana debe saber pues, responder a la pregunta: ¿Cómo he de hacer para alcanzar la plenitud? Respuesta que lo lleva ha interrogarse de nuevo con aquellas preguntas que dan el sentido a la propia existencia: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy? y ¿qué debo hacer?
Y es precisamente esta pregunta: ¿Qué debo hacer? la que revela de manera correcta la solución a la dimisión de lo humano que vivimos en la actualidad sí se responde según la Verdad, de lo contrario los resultados son trágicos: «Hoy la humanidad enfrenta graves de-safíos.
Somos testigos de una verdadera dimisión de lo humano, por la cual la vida es valorada por su utilidad o su productividad y, como consecuencia, puede ser fácilmente descartada»[1].
Por ello creemos importante el conocer y buscar vivir algunas virtudes que en su momento citara el gran teólogo del siglo XX Romano Guardini, ya que nos presenta un elenco de ellas que podemos definir como “humanizantes” y que puestas en acción contribuyen al desarrollo de las denominadas virtudes cardinales, es decir de la prudencia, justicia, templanza y fortaleza.
Cabe señalar que la vivencia de la virtud concierne a todas las personas. Nadie está exento de poder vivirla. Romano Guardini identificará a la virtud con el orden al cual lo define como una virtud sencilla, y muy necesaria para el desarrollo de virtudes ulteriores.
A continuación les proponemos un elenco de virtudes que el teólogo Guardini cita en su libro “virtud”.
Veracidad: Es el amor por la verdad, es la voluntad que manifiesta el deseo que la verdad sea conocida y aceptada. No se puede dejar de lado que todo nuestro ser se funda en la verdad y que ella dona al hombre solidez y firmeza que le permiten posteriormente transmitir la verdad a los demás sin olvidar que la verdad es el fundamento de cada aspecto de nuestra vida: de la relación del hombre consigo mismo, con los demás y sobre todo con Dios.
Aceptación: Es la aceptación de la realidad en sí misma, de las personas que forman parte de nuestro entorno, del tiempo en el que vivimos así como de la aceptación de las debilidades y grandezas propias de la persona humana.
Paciencia: Virtud que vemos en Dios y que nos permite amar la vida y la obra de Dios como Él la ama, como Él es paciente con el hombre y por lo tanto el hombre aprende de Dios a ser paciente consigo mismo y con los demás.
Justicia: La Justicia es ese orden por el cual el hombre puede subsistir como persona y a su vez se haya señor de sus decisiones y acciones según la propia valoración. Un hombre es digno del nombre de hombre cuando sobre el lugar donde existe, se adopta la justicia.
Respeto: A diferencia del temor reverencial, el respeto es entendido como aquel cuidado mínimo y elemental que debe hacerse visible a fin que el hombre pueda convivir como hombre con los demás.
Fidelidad: Significa estar firme ante una responsabilidad a pesar de las pérdidas y de los peligros que se presentan. La fidelidad nos dice no desfallecer. La fidelidad perdura en el tiempo y se ve cristalizada cuando las relaciones con los demás se presentan difíciles, o cuando el hombre piensa que Dios “no está”.
Ausencia de Intenciones: Es el servicio puro sin importar las consecuencias. La ausencia de intenciones es el único comportamiento interior que porta todas su fuerzas a fin de realizar una obra genuina, que en sí misma ya es riqueza para el hombre. Nos hace dar una vuelta a lo esencial y necesario para la auténtica plenificación del hombre.
Ascesis: Esta virtud es entendida como la primacía del espíritu sobre los denominados “instintos” del hombre, así como la primacía sobre las tendencias que lo portan a la deshumanización propia y de los demás. Hace al hombre más fuerte, más profundo. Ascesis significa que el hombre decide vivir como hombre. Aquí se evidencia una necesidad que no se da en el animal, la necesidad de contener el instinto en un orden libre y deseoso de vencer la inclinación al exceso o a la desviación.
Coraje: Esta virtud pertenece a la esfera de la humanidad noble y excepcional. Implica que el hombre asume la vida en su totalidad como es y con la confianza que en ella existe una divina inclinación. Tener coraje significa aceptarse como uno es y después mirar que cosa se puede cambiar, hacer crecer, mitigar, mejorar. Permite enfrentar el dolor y se adquiere asumiendo las dificultades.
Bondad: La bondad no es fácil de definir. Quien posee la bondad esta en grado de prescindir de uno mismo en favor de los demás. A la verdadera bondad corresponde la paciencia y el humorismo, humorismo entendido como aquella sonrisa que nos permite volver a empezar cuando vemos las situaciones extrañas que forman parte de la existencia y que muchas veces son fuente de desconcierto y amargura.
Comprensión: Para entender la comprensión es necesario saber que en cada uno operan energías y fuerzas hostiles hacia la vida de los demás, que agravan el vivir en común y que muchas veces lo destruyen. Comprender, pues significa ver, oír, sentir aquello que se esconde de genuino detrás de un sentimiento errado, detrás de un comportamiento inadecuado o molesto y perdonar.
Cortesía: Es el amor que se expresa en los detalles y en las cosas pequeñas del día a día. Para vivir la cortesía siempre hay tiempo.
Reconocimiento: Para poder agradecer es necesario tener un encuentro con un persona. Decir gracias es posible solamente entre un “yo” y un “tú”, y en un espacio de libertad. Reconocer va de la mano de agradecer, el cual es un acto profundamente humano.
Desinterés: El desinterés lo entendemos como aquella falta de interés que aleja al hombre de todo aquello que no le permite mejorar como persona. Requiere un conocimiento adecuado de la propia personalidad entendida como unidad de aspectos positivos y negativos.
Recogimiento: Es la virtud que le permite al hombre estar en contacto con su yo más íntimo y que le permite toparse con la realidad que es un ser religioso. Esta realidad lo lleva a volver a formularse las preguntas fundamentales encontrando en Dios la respuesta y a su vez conociendo un aspecto de Dios que es simple y recogido.
Silencio: Es en el silencio donde actúa la consciencia auténtica. Abarca el aspecto psicológico del hombre pero a su vez explicita que es gracias al silencio que el hombre puede llegar a Dios y saber que existe y por lo tanto entablar una relación con Él. Entender pues la vivencia de las virtudes morales como pieza clave para el desarrollo de la humanidad nos lleva a citar al Beato Juan Pablo II en quien apreciamos una definición de virtud y lo que significa para el hombre de hoy en día: «La virtud no es una suerte de cosa abstracta, separada de la vida. Tiene profundas raíces en la propia vida, de ella es que nace su forma. La virtud se vuelve importante en la vida del hombre, en sus acciones, en su conducta. No hablamos de la virtud del hombre que vive, sino del hombre virtuoso”.
Después de leer las diversas virtudes que te ofrecemos en esta nota, ¿cuál crees que estás llamado a vivir este año para lograr un avance en tu vida cristiana y tu camino de santidad?
[1] REGAL, Eduardo. La ética cristiana: camino de la vida personal y social.
* Mariana De Lama es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Tiene estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de la Santa Croce en Roma, Italia.
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