
No se equivoquen
Las “uniones civiles” pretenden redefinir el matrimonio
Por el Exmo. Monseñor James D. Conley.
Esta semana, el Congreso Estatal de Colorado comenzó su sesión del 2012. Entre las legislaciones propuestas hay un proyecto de ley que promueve las “uniones civiles”, que proporcionará protecciones estatales a las relaciones homosexuales dándole a estas uniones los mismos derechos, beneficios y garantías que vienen con el matrimonio. No se equivoque: las “uniones civiles” son un esfuerzo para redefinir el matrimonio al crear relaciones de parejas del mismo sexo equivalentes y legalmente protegidas, que erosionarán aún más la naturaleza única del matrimonio.
El matrimonio es una de las instituciones humanas más antiguas. La comunión entre marido y mujer es una realidad única que no tiene ningún equivalente. Como cristianos, creemos que el primer matrimonio tiene sus orígenes con nuestros primeros padres, Adán y Eva. Pero incluso los no-creyentes saben que el matrimonio es una relación humana antigua y respetada. El matrimonio es una realidad fundamental y objetiva.
Los católicos creemos que el matrimonio es parte de la ley natural cuyos fundamentos están escritos en las fibras de nuestro ser. El vínculo exclusivo y permanente de un hombre y una mujer unidos en matrimonio, ofrece a la pareja y sociedad un valor preeminente que no puede ser rediseñado por un dictamen jurídico.
La Iglesia Católica no enseña que las personas que experimentan una inclinación homosexual son malas – al contrario. Pero nuestra Iglesia si cree que la atracción homosexual es una distorsión trágica del gran don de la sexualidad que Dios nos ha dado. Y las leyes de “uniones civiles” apoyan y sancionan esta distorsión al sugerir que las relaciones homosexuales son equivalentes al matrimonio. Como los obispos católicos hemos dicho recientemente: “para ser claros, al oponernos a las uniones civiles no tenemos ninguna intención de negar a nadie sus derechos civiles fundamentales. Prácticamente todos los beneficios que se buscan a través de esta legislación están legalmente disponibles para los ciudadanos de Colorado… Nuestra oposición a la ley de uniones civiles o cualquier otra legislación que pretenda redefinir el matrimonio no debería interpretarse como una condena a las personas homosexuales o un ataque a derechos humanos fundamentales. Nosotros afirmamos lo que nuestra Iglesia enseña: que debemos tratar a nuestros hermanos y hermanas homo-sexuales con dignidad y amor, como tratamos a todos los hijos de Dios”.
En todo lugar y a lo largo de la historia, el matrimonio ha sido considerado como la relación fundamental de las sociedades civiles. El matrimonio entre un hombre y una mujer genera la familia. La familia genera la comunidad. La comunidad genera las culturas, sociedades y naciones. En el centro de las comunidades humanas se encuentra la familia y en el centro de la familia se encuentra el matrimonio.
Desde tiempos inmemoriales, las sociedades sanas y exitosas han creado leyes para proteger y promover la institución del matrimonio. Aristóteles y Platón creían que la protección de las familias era el corazón de las responsabilidades del gobierno. Lo mismo pensaban Moisés y David. Y lo mismo George Washington y John Adams.
Cuando los gobiernos crean leyes para proteger el matrimonio, aseguran que hombres y mujeres sean vistos igualitariamente ante la ley. Garantizan que las familias puedan ayudarse y protegerse mutuamente. Pero más importante aún, afirman que los hijos tienen el derecho a una madre y un padre, que pueden amarlos y preocuparse por ellos.
Las leyes matrimoniales exigen que los hombres traten a las mujeres con dignidad. Permiten que esposo y esposa compartan la propiedad y que los padres puedan transmitir esa propiedad a sus hijos. Las leyes matrimoniales exigen que los padres cumplan con su responsabilidad de cuidar y proveer por sus hijos. Todas estas leyes apoyan el matrimonio y éste es el justo ejercicio del poder civil.
El Obispo Salvatore J. Cordileone, presidente del subcomité de los Obispos norteamericanos para la Promoción y Defensa del Matrimonio dijo recientemente que “es imposible creer que la promoción de las uniones civiles sea un compromiso aceptable o un paso para promover el bien común; por el contrario, éstas violan directamente los principios de justicia y aceleran el proceso para redefinir el matrimonio”.
Proteger el matrimonio – proteger la verdad – es una responsabilidad fundamental de un gobierno. Redefinirlo está más allá del alcance de cualquier gobierno humano.
No sabemos cuáles serán las consecuencias a largo plazo de la creación de una institución paralela al matrimonio, distinta de su sentido milenario y natural. Pero sí sabemos que serán graves. Ya es claro que algunos ven en las uniones civiles una base para legalizar las relaciones polígamas. Más aún las uniones civiles permiten las adopciones de niños por parte de parejas del mismo sexo, y violan las libertades religiosas de muchos grupos. Ciertamente van a haber consecuencias aún peores, al redefinir el matrimonio, el gobierno tratará de redefinir la verdad.
En nuestras parroquias este fin de semana, la Conferencia Católica de Colorado va a pedir que firmemos tarjetas postales explicándole a nuestros legisladores que las uniones civiles son peligrosas e injustas. Apoyar esta campaña no tomará tiempo, pero nos permitirá decir la verdad y pedirle al gobierno que respete el Plan que Dios tiene para el matrimonio.
Rezo para que me acompañen en esta campaña. Al hacerlo protegeremos a los niños, protegeremos el matrimonio y fundamentalmente protegeremos el bien común de todos nosotros.
Mons. James D. Conley, es actualmente el Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Denver.