El honor de ser sus hijos
Celebrando a Nuestra Señora de Guadalupe
Por Luis Soto
Recuerdo la primera vez que visité la nueva Basílica de Guadalupe, sería el año 1980, y quedé enamorado desde entonces. Enamorado no sólo por la magnificencia del lugar, sino por la fe que ahí se desborda. Recuerdo que miraba todo y a todos alrededor, y mientras más veía más crecía mi admiración y fervor. Pero algo que nunca voy a olvidar y cada vez que visito la basílica desde entonces, busco en cuanto llego al atrio, es la frase inscrita arriba de la entrada principal. Frase tomada del Nican Mopohoa, el relato original de las apariciones de nuestra Madre María en el Tepeyac: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”.
Esta frase, que es sin duda la más recordada del relato, ha sido traducida muchas veces tratando de sacar todo su significado. El original náhuatl que dice “¿cuix amo nican nica nimonantzin?” fue traducido hace años por el reconocido historiador mexicano Miguel León Portilla como: “¿Acaso no estoy aquí, yo que soy tu madrecita? Resaltando la humildad de la Madre en serlo. Hoy, sin embargo, me quiero concentrar en la traducción que hace de la misma frase Msgr. Eduardo Chávez. En varios escritos, incluyendo el libro que escribió junto a Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, Msgr. Chávez traduce la frase como: “¿No estoy yo aquí que tengo el honor de ser tu madre?”
Sin duda que la expresión adquiere otro y renovado significado. No solamente María nos declara que es nuestra madre y nos protege, sino que se declara honrada en serlo. Una honra que no merecemos sin duda, pero que es fruto de amor infinito. Ese honor de María, no surge de nuestra buena o mala conducta, de ser de tal o cual manera, sino solamente del amor que nos profesa. Amor que adquiere de su Hijo, de Jesucristo.
Ese honor, no puede menos que ser correspondido con igual honor. Sentirnos honrados de ser amados como lo somos, “consentidos” como lo somos. Ese honor sin embargo, no es un sentimiento simplemente de dicha y arrogancia vacía, sino un compromiso. Un compromiso de amar de igual manera y con igual intensidad a quien nos ama y protege y se dirige a noso-tros de tan particular manera. El escuchar la frase, debe despertar en nosotros un deseo de corresponder a ese amor genuino y especial que nuestra madre tiene por nosotros.
Como dije antes, ese amor de María, fluye directamente del amor infinito que su Hijo nos profesa y le lleva a dar su vida por nosotros. De manera particular en este tiempo de reflexión del Adviento, el amor que nos profesa a través de su encarnación en Belén. San Alfonso María de Ligorio, dirá en uno de sus cantos más famosos: “Tú que en el cielo habitas de gloria lleno ¿Cómo a sufrir bajaste sobre vil heno? No es un sueño, dulce dueño, es misterio de tu amor: en él confío pues sufriste no más por amor mío”.
Durante el bello canto, San Alfonso se presenta asombrado de ver a Jesús como un bebe indefenso y se lo imagina llorando como un bebe. Se pregunta durante la canción, por qué llora ese niño, Dios encarnado: “¿por qué triste suspiras?, ¿por qué sollozas? Mi tesoro, de tu lloro el secreto conocí ¡Cuanto desvelo! es tu llanto de amor y no de duelo. Lloras porque te miras de mí olvidado porque amas mucho y eres muy poco amado”.
En su canto, San Alfonso queda admirado que su Señor le ha amado tanto y él no le corresponde de igual manera, que termina su canto con una afirmación que es un compromiso cristiano: ¡Oh, querido! Ya el olvido de mi pecho apartaré. Ansioso clamo: no llores más, no llores. ¡Que ya te amo!
Mi invitación pues, en este tiempo de Adviento, en que hemos celebrado a la Madre del creador que tiene el honor de llamarnos hijos y que celebraremos a aquel que por amor puro se ha hecho mínimo ante nosotros, es que correspondamos de igual manera. Amando como hemos sido amados, actuando como hijos dignos de honor y dignos del sacrificio. Como madres y padres que se sienten orgullosos de serlo y comprometidos a ser mejores. Como cristianos, líderes y evangelizadores, que no se sienten superiores a nadie, sino humildemente honrados con la dicha de serlo.
Yo digo con María hoy, tengo el honor de ser director de ministerio hispano de la arquidiócesis de Denver, y tengo el honor de ser parte de una comunidad católica como la de Denver. Pero no es honor vacío, es honor que sabe a compromiso cristiano. Es honor humillado ante el sacrificio del Dios encarnado en Belén. ¡Feliz Navidad!
Nota: El canto citado de San Alfonso es “Tu scendi dalle stelle”, villancico oficial de Italia.
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