
Caminando hacia la Navidad
Tener un corazón alegre y colmado de esperanza
Por Rossana Goñi
En el camino de todo cristiano hay momentos en los que las luchas no son fáciles. En este tiempo de Adviento – quizá por las meditaciones diarias – recuerdo con más frecuencia esto que les digo. ¿Será por la intensidad natural de estas fechas?
Entre las alegrías y también dolores de todos los días, recordé estas palabras de San Agustín: “Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado”. Nada más cierto, pues ante momentos de luchas y quizá pensar que “no se puede” o “es muy difícil”, puede surgir ese sentimiento de tristeza, que nos derrumba y nos apaga, y debilita nuestra fe y nos quita la fuerza espiritual –que viene de Dios- para seguir luchando y conquistado nuestro camino hacia la santidad.
Adviento nos recuerda esto, a no mirarnos a nosotros, sino tener la mirada puesta en Aquél que viene. En Él está nuestra esperanza, en Él nuestra alegría, es en Él donde todo aquello que duele, o cuesta, o se torna difícil en el caminar se hace llevadero. Hacia Él caminamos en este Adviento para luego llegar a la Navidad.
Ante las luchas diarias, ya sean pequeñas o grandes, Santa Teresa de Jesús le decía a sus hermanas “no os desaniméis, si alguna vez cayereis, para dejar de procurar ir adelante; que aún de esa caída sacará Dios bien”. Para noso-tros que tenemos fe, esa es la actitud ante nuestras caídas y la de los demás. ¡No desanimarnos! ¡Nunca desfallecer! Nunca perder la esperanza, que nos viene de lo alto.
En nuestro caminar diario, está siempre María con noso-tros enseñándonos. A sólo dos semanas de la llegada del Reconciliador, y sin saber cómo sería todo ¿Cuál fue la actitud interior de nuestra Madre?
El Papa Benedicto XVI nos dijo hace unos años que María “vivía realmente según las palabras de los profetas. Esperaba con gran ilusión la venida del Señor, pero no podía imaginar cómo se realizaría esa venida. Quizá esperaba una venida en la gloria. Por eso, fue tan sorprendente para Ella el momento en el que el Arcángel Gabriel entró en su casa y le dijo que el Señor, el Salvador, quería encarnarse en Ella, de Ella, quería realizar su venida a través de ella. ¡Podemos imaginar la conmoción de la Virgen! María, con un gran acto de fe y de obediencia, dijo «sí»: «He aquí la esclava del Señor». Así se convirtió en «morada» del Señor, en verdadero «templo» en el mundo y en «puerta» por la que el Señor entró en la tierra”.
En este Adviento a esto también nos invita nuestro Padre Celestial, a decir siempre “Sí”. Los retos y desafíos, las dificultades y dolores, estarán y se nos darán siempre, pero nuestra fe con visión de esperanza debe ser firme y poder decir todos los días con alegría junto con Santa María “Sí, quiero”, “Hágase”.
A veces queremos ver o tocar esa esperanza ya. Nos cuesta entender que como dice San Pablo “la fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven”. No esperemos ver lo que anhelamos, sino dejamos de anhelar aquello que buscamos ver algún día. Nuestra vida es un peregrinar, como ese caminar hacia Belén. Ese es el caminar de este Adviento, no perdamos de vista la esperanza en este recorrido. Cuando lleguemos al portal, con las manos vacías y el corazón limpio, ahí estará el Niño Dios. Contemplémoslo en el pesebre y digámosle en la Noche Buena “Tú eres mi esperanza” y no olvidemos que no terminó todo en este día, sino que es el inicio de un día más, donde la esperanza está entre nosotros, no hay nada que temer, no hay tristeza posible en los corazones, pues Dios está entre nosotros, el Emmanuel, el Mesías. ¿Existe gozo más grande? ¿Existe dolor alguno que pueda apagar nuestra alegría?
Que sea María nuestra Madre la estrella que ilumine nuestro caminar en este tiempo y nos muestre el camino seguro para llegar al portal, pues es Ella quien nos lleva al encuentro de quien es nuestra esperanza, el Señor Jesús.
Cantemos villancicos con alegría en esta Noche Buena ¡Feliz Navidad!