De Adviento hacia la Navidad
La Liturgia de los Domingos previos antes de llegar a la Noche Buena
Por el Equipo de Redacción de EPC
En toda la Iglesia estamos viviendo el Tiempo de Adviento, tiempo que nos prepara para llegar a la Navidad y recibir al Reconciliador esperado. A través de unas reflexiones en torno a este tiempo y su breve explicación en la Liturgia de cada Domingo, “El Pueblo Católico” les ofrece algunas ideas de cómo vivir este Adviento en familia para llegar a una Noche Buena con el corazón preparado.
Las cuatro semanas de Adviento
Se pueden distinguir dos grandes partes en este tiempo litúrgico. En la primera, que se extiende desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo. Las lecturas de la Misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: su venida al final de los tiempos, su venida ahora, cada día, y su venida hace dos mil años.
En el segundo periodo, que abarca desde el 17 hasta el 24 de diciembre inclusive, se orienta más directamente a la preparación de la Navidad. Se nos invita a vivir con más alegría, porque estamos cerca del cumplimiento de lo que Dios había prometido. Los Evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús.
En orden a hacer sensible esta doble preparación de espera, la liturgia suprime durante el Adviento una serie de elementos festivos. De esta forma, en la misa ya no rezamos el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos, las vestiduras son de color morado, el decorado de la Iglesia es más sobrio, etc. Todo esto es una manera de expresar tangiblemente que, mientras dura nuestro peregrinar, nos falta algo para que nuestro gozo sea completo. Y es que quien espera es porque le falta algo. Cuando el Señor se haga presente en medio de su pueblo, habrá llegado la Iglesia a su fiesta completa, significada por solemnidad de la fiesta de la Navidad.
Más adelante, les ofrecemos una breve explicación de cada Domingo de Adviento para que nuestros lectores la utilicen como una meditación previa antes de ir a Misa. De esta forma la Eucaristía será vivida con mayor hondura para poder poco a poco interiorizar en el Misterio del nacimiento del Salvador.
Primer Domingo de Adviento
La vigilancia en espera de la venida del Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: “Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento”. Es importante que, como familia hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si piensas en cómo van tus relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc.
Segundo Domingo de Adviento
La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: “Preparen el camino, Jesús llega” y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo. Como signo que queremos vivir la perseverancia y ser fieles al Plan de Dios.
Durante esta semana los invitamos a buscar en las diferentes parroquias que tengan cerca (puedes leer la página 15 de esta publicación donde aparecen todas las parroquias donde hay servicio en español), los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.
Tercer Domingo de Adviento
El testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Este tercer domingo está muy próximo a la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la Liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El Evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: “Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?”.
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercera semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercera vela de color rosa en la Corona de Adviento.
Cuarto Domingo de Adviento
El anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María. Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a “Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del mundo”. Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.
Y para la Noche Buena…
El 24 de Diciembre en la noche nos vamos acercando a celebrar el Nacimiento del Reconciliador. Este año, el Evangelio de San Juan nos dice “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”.
Refiriéndose al nacimiento del Mesías, el Papa Benedicto XVI nos comenta en torno a este Evangelio que “.. es importante observar que aquí ha ocurrido algo más: el Verbo se hizo carne. «Este niño es hijo de Dios», nos dice uno de nuestros villancicos navideños más antiguos. Aquí sucedió lo tremendo, lo impensable y, sin embargo, también lo siempre esperado: Dios vino a habitar entre nosotros. Él se unió tan inseparablemente con el hombre, que este hombre es efectivamente Dios de Dios, luz de luz y a la vez sigue siendo verdadero hombre”.
Llegó la Luz que esperábamos para nuestras vidas. Hazte el firme propósito de llegar a la Misa de Navidad y los días por venir con un corazón purificado y reconciliado para que ese Niño Jesús encuentre realmente un lugar digno en ti y pueda quedarse contigo.
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