
Abrir las ventanas de la Iglesia
Por Luis Soto
Dijo Jesús “el Padre y yo somos una sola cosa. Los judíos trajeron piedras para apedrearle” (Jn 10,30-31). Sin duda que era una afirmación de su divinidad, de lo que afirmamos cada domingo en el credo, que Jesús es “de la misma naturaleza del Padre”. Los que lo escucharon se escandalizaron al punto de querer matarlo para detener sus “pretensiones” divinas.
Pero Jesús no se quedó allí. Más adelante dirá “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). Jesús no sólo quiere afirmar que Él es uno con el Padre, sino pretende invitarnos a ser uno en Él. Que seamos de “su misma naturaleza”, que participemos de su vida divina. Nos invita a ser uno entre nosotros, a ser uno como Dios es uno. Eso dará testimonio de quien somos como Iglesia, iluminará al mundo cuando seamos Una Familia Bajo un mismo Dios.
En la exhortación para convocar al Concilio Vaticano II, Su Santidad el Papa Beato Juan XXIII, dijo que hacía falta “abrir las ventanas de la Iglesia”. La mayoría de los teólogos, y algunos de ellos sobresalientes, han afirmado que la intención del Papa era abrir las ventanas para ver al mundo y ser iluminado por él. Pero sin duda que la intención era la opuesta. Era tiempo, y es tiempo, de abrir las ventanas para que la luz de la Iglesia ilumine al mundo. La luz de la Iglesia consiste en vivir conscientes de ser uno con Cristo y con el Padre a través de su Espíritu Santo. El mundo carece de esa consciencia y necesita ser iluminado por esta verdad.
“Una Familia Bajo un mismo Dios” busca promover la verdad de ser uno en Cristo, sin importar lengua, tradición, origen y, desde nuestra experiencia, abrir las ventanas al mundo para iluminarlo. Iluminarlo con la verdad de ser uno. Y no se preocupen, no faltará quien traiga piedras para tirar.