Octubre: mes dedicado al Rosario
“La oración más sencilla a la Virgen pero la más llena de contenido
Por Mons. Jorge De los Santos
El rezo del Santo Rosario, con la meditación de los misterios, la recitación del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Santísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, todo esto es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación. ¡Esto es el Santo Rosario!
La palabra “rosario” significa “corona de rosas”. En los primeros tiempos de la Iglesia, cuando las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. En aquel tiempo la Iglesia recomendaba rezar el rosario que era el recitar los 150 Salmos, pero como la mayoría de los cristianos de entonces no sabían leer, pues se recomendó que en lugar de los Salmos se rezaran Aves Marías, a esto se le llamo “el salterio de la Virgen”.
El gran promotor del rosario fue Sto. Domingo de Guzmán a quien se le apareció la Virgen María con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras era el rezo de su salterio.
El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto (en España) en la cual los cristianos vencieron a los turcos (los moros). Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, los moros iban a acabar con el cristianismo y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios, a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de pronto se levantó y anunció que sabía que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordenó el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. El Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario.
Siempre hemos visto como el rezo del Santo Rosario nos libra del mal al hombre y de la Iglesia. Llena de bendiciones a quienes lo rezan con devoción. Nuestra Madre del Cielo lo ha seguido promoviendo, principalmente en sus apariciones a los pastorcillos de Fátima.
El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó el Salvador.
Rezar el Rosario es como llevar diez flores a María en cada misterio. Es una manera de repetirle muchas veces lo mucho que la queremos. María intercede por nosotros sus hijos. Al rezarlo, recordamos con la mente y el corazón los misterios de la vida de Jesús.
Los veinte misterios que se rezan nos recuerdan la vida de Jesús y, dependiendo del día, se agrupan de la siguiente forma: Lunes y sábados los misterios gozosos; martes y viernes los misterio dolorosos; miércoles y domingos los misterios gloriosos y jueves los misterios luminosos.
En 1978 el Papa Juan Pablo II sorprendió al mundo, poco después de ser elegido Pontífice, con esta frase en la Plaza de San Pedro: “Mi oración preferida es el Rosario” y luego en muchísimas ocasiones fue recomendando esta hermosa práctica de piedad. Suyas son las siguientes exclamaciones: “El Rosario es una escalera para subir al cielo”; “El Rosario nos proporciona dos alas para elevarnos en la vida espiritual: la oración mental y la oración vocal”; “Es la oración más sencilla a la Virgen, pero la más llena de contenidos bíblicos”. Cuando fue en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, Juan Pablo II hizo allá un bellísimo sermón acerca del Rosario. En él dijo: “El Rosario es nuestra oración predilecta. Cuando la rezamos, está la Santísima Virgen rezando con nosotros. En el rosario hacemos lo que hacía María, meditamos en nuestro corazón los misterios de Cristo".
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