
Nos deja un plan de vida
Mons. Charles quiere que seamos santos
Por Rossana Goñi
Hay mucho que se puede decir y que ya se ha dicho para darle incansables gracias a Mons. Charles J. Chaput, O.F.M.Cap., y es lo que en lo más profundo de nuestros corazones resuena constantemente en estas últimas seis semanas desde que supimos de su nueva misión en Filadelfia. Sin embargo, en estas líneas quisiera recordar junto con ustedes una parte de sus firmes palabras durante la homilía que ofreció en la Misa de despedida organizada por la Oficina del Ministerio Hispano.
Aún resuenan en mi mente y en mi corazón la responsabilidad que experimenté no sólo de trabajar por mi propia santidad, sino por la santidad de todos, al escuchar lo que nos dijo ese día. En un momento de su homilía, el Arzobispo Chaput señaló: “el mejor regalo que me pueden dar, es que sean santos” y añadió “si mi trabajo aquí por 14 años no produjo santidad, fue tiempo perdido”. Son palabras muy directas y que una vez más muestran la característica radicalidad en vivir el Evangelio que nos ha enseñado en primera persona quien fuera nuestro Pastor.
Nos ha exhortado hasta el último momento a vivir lo esencial de la vida cristiana: ser santos. Ese es el único y más importante llamado. Si es que no aspiramos a ello, si es que no trabajamos todos los días por lograr esa santidad, absolutamente nada de lo que hagamos tiene sentido.
La convicción de sus palabras, fue una última lección para todos nosotros, de poner en práctica lo que muchas veces repetimos. Sabemos que vivir nuestra fe, no es una tarea fácil. Sabemos y conocemos de nuestras fragilidades e inconsistencias. Pero sabemos también que la gracia que se derrama en nuestras vidas es más grande que cualquier gran pecado que podamos tener. Nuestra cooperación es poca en realidad, comparada con la sobrecogedora gracia de Dios.
Para ser santos, no se necesita tener grandes dones y cualidades, lo que creo que necesitamos es tener fe, humildad y sencillez de corazón. Saberme que existo porque Dios así lo quiso. Que vengo de Él y me debo esforzar por regresar a Él conociendo cuál es su Plan en mi vida. ¿Cómo? Obedeciéndolo, amándolo y amando a los demás. Quizá suena a un slogan repetido, pero esta es y seguirá siendo la única forma de llegar al Cielo y ser santos.
Obedecer el Plan de Dios es otra de las tantas enseñanzas que también nos deja Mons. Chaput. Cuando el Arzobispo, en alguna de las tantas entrevistas que concedió ante su nombramiento, le preguntaron sobre su respuesta a Mons. Pietro Sambi (fallecido hace pocas semanas) ante tal noticia. Mons. Charles dijo que le tocaba obedecer el Plan de Dios, que no dudó en ningún momento en responder con un firme sí a lo que Dios le pedía a través de la Iglesia en la autoridad del Nuncio. El Arzobispo explicó también que algunas veces hay que decir sí a cosas que no son fáciles, pues obedecer el Plan de Dios es siempre nuestra felicidad y le da plenitud a nuestra existencia.
He tenido la bendición de despedirme personalmente del Arzobispo, y veo como le es difícil dejar Denver. “Aquí he sido feliz desde el día en que llegué” nos dice en su última columna. ¡Cómo no experimentar ese dolor en el corazón de dejar a gente que ha sido su familia! ¡Miles de católicos que nos hemos convertido en sus hijos y en quienes él ha desplegado su paternidad espiritual! Es sobretodo el amor a Dios que lo lleva al Arzobispo a ser fiel, siempre fiel y obediente. Con su respuesta pronta y generosa nos enseña lo que nos dice el Señor Jesús en el Evangelio “quien pierda su vida por mí, ese la salvará” (Lc 9, 24).
Sabemos cuál es el regalo que Mons. Charles quiere de nosotros, nos lo ha pedido, nos ha exhortado a vivirlo: ¡ser santos! No defraudemos a aquél Pastor que nos ha enseñado en primera persona a vivir el amor sin medida. Trabajemos arduamente por traer a estas tierras la fe que tanto se necesita, de manera particular a través de familias que vivan la fe católica.
No descansemos hasta lograr reunirnos nuevamente todos en la Patria Celestial. ¡Siempre unidos en la oración y la misión querido Mons. Charles!