
La Nueva Evangelización
Por Miguel Novak*
Una de nuestras tareas “urgentes” es la “Nueva Evangelización”. Se refiere a la necesidad de volver a anunciar la “Buena Noticia” de Jesús a la gente, a la cultura. Las estadísticas de la práctica religiosa o de la participación en actividades parroquiales y comunitarias, el deterioro de la vida familiar y la degradación de las relaciones nos indican que la práctica de los valores está en descenso. Se diría que el individualismo, el consumismo, grande o pequeño, la irresponsabilidad, la falta de conciencia del bien común están en aumento, con resultados funestos.
Hace algunos días un amigo me decía: “y no-sotros hispanos no estamos exentos de este fenómeno. Muchos vamos a Misa y tantas veces vamos a la parroquia como a una especie de “club religioso”, pero para muchos todo termina ahí; nuestro anuncio de la Buena Nueva en la sociedad donde nos movemos es casi nulo”.
Para responder a esta situación con una onda de “Nueva Evangelización” donde todos estemos involucrados, es fundamental, ante todo, una relación personal con Jesús y como consecuencia vivir con integridad y dedicación su Palabra, en la vida de todos los días. Si re-evangelizamos nuestra propia vida, nuestras acciones cotidianas, surge espontáneo el deseo de difundir, en modo inteligente y atrayente la “buena noticia” entre parientes, amigos, colegas de trabajo, etc.
¿Quiere decir esto que tenemos que tomar la Biblia e ir de puerta a puerta a “predicar”? No, no lo creo. Pero, vayamos por partes. Veamos hoy la primera parte, lo más importante, la base comunitaria de nuestro testimonio.
Lo primero que Jesús nos indica, para ser efectivos en el irradiar su mensaje, es vivir su Palabra y en especial “Su” mandamiento, es decir: amar. Nos dice Jesús: “de esto el mundo reconocerá que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”, o cuando dice: “Padre que sean uno,- estén unidos- para que el mundo crea”. Juan Pablo II nos lo reitera cuando dice que la Iglesia, nuestra comunidad parroquial, para ser efectiva, ante todo debe ser una familia, donde el amor circula, una “escuela de comunión”. Y esto, según el Papa, tiene que estar a la base de todo; planes pastorales incluidos. De lo contrario poco o nada sucederá. La gente ve primero la coherencia de nuestra vida, personal y de comunidad, no nuestras palabras.
¡Y cuánto trabajo hay por hacer aquí! No nos podemos dar paz hasta que nuestras relaciones dentro de la comunidad cristiana al cual pertenecemos sean relaciones maduras, de generosidad recíproca, de altruismo, de reconciliación constante, de búsqueda de lo que une.
Dios seguramente quiere eso. Él quiere darnos una mano para ser de veras “Una Familia Bajo Dios”. Pero se nos acabó el espacio; profundizamos el próximo mes.
* El Dr. Miguel Novak, es profesor universitario, miembro del Movimiento de los Focolares. Puede ser contactado a: novakmiguel@gmail.com.