“Embrujados” por Harry Potter
Un análisis sobre la famosa saga de novelas de J.K. Rowling
Por Sandra Sato*
La salida al público de la última película: Harry Potter y las reliquias de la muerte – 2da parte, inspirada en la saga de libros de Harry Potter de la autora británica J.K. Rowling ha suscitado un fenómeno poco antes visto en la historia de la literatura y del cine. Sólo en el mundo cinematográfico las ocho películas de la saga han recaudado más de 6,300 millones de dólares.
Ante este boom mediático, las reacciones son de lo más diversas, y en más de un caso, contrarias. Para algunos, el fenómeno Harry Potter es fundamentalmente algo muy bueno y positivo, que ha tenido la gran virtud de hacer leer a niños y jóvenes. Se alaban, por otro lado, los valores que reflejan las novelas e incluso se los considera como fundamentalmente cristianos, a tal punto que más de uno ha hablado de la “espiritualidad” del mundo de Harry Potter. Para otros, las novelas de Rowling inducen a la práctica de la magia y el ocultismo, son una mala influencia para niños y jóvenes e introducen en un mundo tenebroso y sórdido, presentándolo además como un mundo ideal y más interesante que el mundo real. De la confrontación de puntos de vista tan contradictorios, surgen inevitablemente las preguntas: ¿Es conveniente leer Harry Potter? ¿Es bueno? ¿Es malo? Si es tan problemático como a veces dicen por allí, ¿dónde radica el secreto de su éxito? ¿Qué es lo que está realmente en juego en las novelas de Rowling?
Quisiéramos, en esta ocasión, reflexionar sobre el fenómeno Harry Potter tratando de sacar a la luz y subrayar los elementos antropológicos que parecen desprenderse del contenido de las novelas para poder responder a estas preguntas.
La magia en Harry Potter
En primer lugar habría que tocar el tema de la magia en Harry Potter. Ésta es vista no de manera simbólica como en otros libros como “Las Crónicas de Narnia” o “El Señor de los Anillos”, sino como un elemento fundamental en sí mismo. A través de la magia se busca producir fenómenos sensibles extraordinarios por medios que normalmente no serían alcanzados. En la magia hay una técnica ordenada al dominio y manipulación de poderes naturales orientados a la obtención de los fines propios del mago.
En el fondo de la magia está el anhelo y la búsqueda de la realización del propio deseo. Entendido de este modo, la magia implica el propio querer como norma suprema, y la supeditación de todo a la realización de este querer, esto es precisamente lo que se desprende de todas las novelas de Harry Potter. En ellas, lo mágico es la manera que poseen los personajes para alcanzar su realización particular. Llegan a ser ellos mismos mediante la magia, lo que significa una plenitud de su ser por sí mismos, sin ayuda de otra cosa distinta como podría ser la gracia o Dios por ejemplo. Aplicando la técnica adecuada, aprendida por la educación mágica, llegas a ser tú mismo.
La autonomía del individuo que se hace a sí mismo queda así dibujada simbólicamente. La plasmación del “selfmade man” es aquí completa, y en ello se expresa una de las características más acusadas de nuestro tiempo.
La “realidad”
El mundo mágico de Harry Potter describe una determinada “realidad”, aquella propia de los magos con todas sus vivencias, detalles y características peculiares, que se distingue del mundo muggle. No deja de ser interesante destacar los rasgos que posee esta realidad, porque de alguna manera nos indica las coordenadas propias de la autora, su peculiar manera de ver el mundo y la realidad “real” (valga la redundancia).
Las características de la “realidad” propia del mundo mágico, tal como aparece descrita en las novelas de Harry Potter, son las siguientes:
En primer lugar encontramos un marcado inmanentismo que es una concepción de la realidad que encuentra toda su referencia y sentido en sí misma, sin referencia a lo trascendente y por lo tanto sin Dios.
Por otro lado está lo que algunos autores han llamado agnosticismo funcional como una de las características de nuestro tiempo que se desprende inmediatamente de lo anterior. Dios y la religión se hallan totalmente ausentes en la vida práctica de Harry y sus amigos.
Si Dios está ausente, entonces, ¿qué nos queda? La respuesta, que ya nos viene anticipada por la cita anterior es: el hombre. Con lo cual, pasamos a la siguiente característica de esta realidad que es el antropocentrismo: en cuanto que todo está centrado en el ser humano, que se convierte así en la referencia absoluta de este mundo.
En busca de sentido
Siguiendo la dinámica de las novelas, cabría hacerse la pregunta: ¿Qué sentido posee esta realidad así construída mediante la magia? A esto hay que responder que, a pesar del ambiente tenebroso y a veces sórdido que con frecuencia pinta Rowling, el sentido por el que apuestan sus novelas es francamente positivo. Mal que bien, y con todas las insuficiencias que se le puedan encontrar, la autora de Harry Potter no ha caído en la tentación de recrear un mundo pesimista, dominado por lo negativo y lo nefasto, ni tampoco ha plasmado un mundo relativista, donde no se sabe distinguir el bien del mal. Todo lo contrario, el bien y el mal están claramente delineados y distinguidos, y la opción de fondo es por el bien y contra el mal que busca imponerse.
Sin lugar a dudas, aparecen numerosos valores en el mundo mágico de Harry Potter: la lealtad, la valentía, el coraje, la rebeldía ante situaciones injustas, etc.
Pero hay un tema que está muy presente en Harry Potter y que merece la máxima atención. Se trata del amor como dador de sentido, y en última instancia como punto de partida y meta de una existencia más elevada. No deja de ser interesante la explicación que Dumbledore le da a Harry acerca de por qué Voldemort no pudo matarlo, siendo un indefenso bebé de menos de un año de nacido: Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible … Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección[1].
Pero con todo lo hermoso y sublime que puedan resultar estas descripciones, no hay que perder de vista el nivel en el que se encuentran. Entusiasmados con estas bellas escenas, algunos no dudan en hablar del carácter esencialmente cristiano de Harry Potter, y consideran que el amor expresado en los párrafos anteriores se puede entender, en lo sustancial como cristiano. Sin embargo, se da aquí una seria confusión. Es verdad que “Dios es amor”[2] y eso hay que mantenerlo y enseñarlo.
Pero no es cierta la inversa, esto es, que “el amor es Dios”. Aún cuando todo amor humano tenga que ver con Dios, no todo amor proviene de Dios o diviniza. Más aún, cuando el amor humano es absolutizado, se convierte en algo que no sólo no remite a Dios, sino que incluso impide el contacto y la comunión con Él.
* Sandra Sato es miembro de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, Licenciada y con una Maestría en Sagrada Teología y Directora de la Asociación Cultural Círculo de Encuentro.
[1] J.K. Rowling. Harry Potter y la piedra filosofal. Barcelona; Emecé 2000, p. 245.
[2] 1 Jn 4, 16.
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