25 años de fidelidad a su profesión religiosa
Sor Teresa de Jesús Ángeles: una vida entregada a la contemplación
Por Carmen Elena Villa

“Usted está soñando los sueños de Dios” dijo en su homilía el padre Christopher Popravak OFM Cap. a la hermana Teresa de Jesús Ángeles durante la celebración de sus 25 años de profesión religiosa, en una misa que se celebró el pasado 11 de junio en el oratorio de San Patricio en Denver.
Esta hermana de 44 años, proveniente de Guanajuato, México, celebró así 25 años de aquel momento en el que dijo un sí al Señor, al hacer su profesión religiosa dentro de la orden de las Hermanas Clarisas Capuchinas.
Sor Teresa aseguró que este aniversario “es una oportunidad para dar gracias a Dios”, una ocasión que le permite ver “toda la misericordia de Dios en mi vida, reconocer su presencia a través de estos años y expresar mi gratitud por lo que ha hecho”.
El padre Popravak recordó que Dios tiene un sueño para cada persona “Dios es el sueño de todo nuestro corazón y llena nuestra vida” y dijo que la vocación es “una fuente que fluye dentro de cada corazón”.
Llamada a consagrarse a la oración
Sor Teresa tiene siete hermanos y creció en el seno de una familia católica. “Ahora cuando miro hacia atrás veo que mi mamá influyó mucho”, confiesa la religiosa quien describe a su madre como “una mujer de mucha fe, una fe muy profunda que a lo mejor no lo decía tanto con sus palabras sino con su vida y confianza en Dios”.
Dos de sus hermanas pertenecen también a esta congregación. Ellas son Inés de la Cruz y María de la Cruz. “Cuando mi primera hermana entró yo no pensaba ser religiosa”, dice. “Me sorprendió y me cuestionaba mucho”, recuerda. Ella fue la tercera en entrar a esta congregación. “Al principio quería ser como toda muchacha de esa edad dedicarme a las vanidades del mundo”, afirma Sor Teresa. “Pero el Señor me llamó y me dio la gracia para responderle”, asegura.
“Por eso, si una jovencita cree que tiene esta vocación yo le diría que esté abierta a la llamada de Dios y que esté disponible para que Él hable, para escucharlo y para poder responderle”, concluye la religiosa.
Oración a tiempo completo
La orden de las Clarisas fue fundada por San Francisco y Santa Clara de Asís en el Siglo XIII. Profesan la regla de Santa Clara por medio de los votos de obediencia, pobreza y castidad según las enseñanzas de su fundadora.
Los ideales de esta congregación surgieron de la reforma capuchina adoptada por la madre María Lorenza Longo, (1463 – 1542) que son vivir en suma pobreza sin dote ni posesión alguna, la austeridad de vida, el retiro del mundo bajo rígida clausura, la sencillez en la vida fraterna, y especialmente una intensa vida de oración de día y de noche. Su vida espiritual está distribuida entre momentos de oración personal, el rezo de la Liturgia de las horas, la Eucaristía, y oración de intercesión. “Oramos por todos los que nos piden rezar por ellos y por la Iglesia”, dice la hermana Teresa.
Las Clarisas se dedican diariamente a la oración (siete horas), al trabajo manual, al estudio y al silencio. Ellas consideran que la vida de clausura representa así un signo visible de su consagración a Dios.
“Lo más bonito de la vida contemplativa es tener a Dios en la vida y encontrar a Dios en el corazón y eso hace que veamos las cosas con ojos nuevos, sintamos su presencia y encontremos alegría en lo que nos pasa”, agregó la hermana Teresa de Jesús.
El monasterio de Denver
Sor Teresa vive en Denver desde hace 22 años, cuando se fundó la comunidad en esta arquidiócesis. El entonces Arzobispo, hoy Cardenal Francis Stafford, pidió que viniera un grupo de hermanas para enriquecer espiritualmente esta diócesis con su vida de oración. Ella puso su nombre entre quienes se ofrecían a venir “pienso que Dios quiso que estuviera aquí y por eso estoy aquí”, testimonia la religiosa.
El entonces Ministro Provincial Charles Chaput O.F.M. Cap., – Hoy arzobispo de esta arquidiócesis - y su consejo provincial general fueron los encargados de establecer un convento de la Segunda Orden Franciscana.
Así, el 17 de Noviembre de 1988 diez religiosas del monasterio de Irapuato, Guanajuato (México), fundaron la casa filial en Denver y ésta comenzó a funcionar en la Rectoría de la Iglesia de San Patricio.
Económicamente se sostienen con los trabajos manuales: hacen galletas y cosen hábitos para los hermanos capuchinos. También viven gracias a la generosidad de donantes que ayudan a la comunidad de diferentes formas.
Tienen así cinco monasterios en Estados Unidos: Dos en Texas (en Amarillo y Álamo), uno en Wilmington y dos más en Colorado: Pueblo y Denver.
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