
Amar sin esperar a cambio
Ser el primero en amar trae una gran recompensa
Por Miguel Novak*
La vez pasada en esta columna recordábamos que la Iglesia (todos nosotros) es, según el Vaticano II, un sacramento de Unidad. Recordábamos además que Jesús y san Pablo nos enseñan que el amor es “el camino” para lograr el don de la unidad, cualquiera sea nuestra vocación o camino en la vida.
Chiara Lubich, una gran escritora espiritual contemporánea, en su libro “el Arte de Amar” nos recuerda que “El Amor –en sentido cristiano-nos hace amar primero, nos hace amar a todos sin distinción, nos hace “ver a Jesús en el otro” porque “lo que hayan hecho al mínimo a Mi me lo hicieron”, nos hace ponernos en los zapatos del otro…”
Sí, también en los zapatos de mi parienta rezongona o del vecino indiferente.
Quiero ilustrar este punto con una experiencia personal: Cuando estaba en la universidad, en Argentina, tenía un compañero de cuarto, Juan. El estaba terminando su maestría en Ingeniería. Era agnóstico, ni hablarle de Iglesia o Jesús o religión.
Un día la lavadora de ropa se malogró. No había lavanderías en el barrio. Juan decidió poner las camisas y la ropa interior en remojo, con jabón. Pasó un día, dos y nada.
El balde empezaba a oler. “¿Es posible que no se de cuenta?” pensaba yo. “Esta noche se lo digo”. La cosa ya me estaba irritando. Pero al mismo tiempo otro pensamiento me vino a la mente. Además de exigirle lo justo, Jesús me pide también que me ponga en sus zapatos. El está muy ocupado y preocupado con su tesis y su trabajo. Así que sin pensarlo más tomé el balde e hice lo que había que hacer. Esa noche Juan volvió; me agradeció pero sin mucho entusiasmo. A decir verdad, no me interesaba. El Amor trae su propia recompensa interior. Con el tiempo, nos hicimos amigos.
La vida nos llevo después por senderos muy diferentes. Quince años después pase por su ciudad. Lo llamé y contento me invitó a almorzar.
Lo vi diferente. Juan me dijo inmediatamente “Miguel tengo una sorpresa para ti.
Acabo de venir de la Iglesia. Soy el presidente del consejo pastoral”. No podía creer lo que estaba oyendo. “Sí”,-siguió Juan- ¿Te acuerdas de aquella ropa sucia, y de tantos otros actos de amor tuyos para conmigo hace 15 años? Pues bien, fueron el principio de mi cambio. Hace dos años decidí decirle SI a Dios; fui bautizado y heme aquí, tratando de ayudarle a Jesús a hacer del mundo ‘una familia’, Su familia”.
Obviamente no todas las historias terminan con una “conversión”. Ni es necesario.
Lo que sí es necesario y depende de nosotros es que tomemos la iniciativa de amar concretamente en cada momento presente de nuestra vida, porque el presente es lo único de lo cual disponemos. ¿Difícil? ¿Desafiante? Si. ¿Gratificante? También… pero seguimos la próxima vez.
* El Dr. Miguel Novak, es profesor universitario, miembro del Movimiento de los Focolares. Puede ser contactado a: novakmiguel@gmail.com.