Identidad católica y ministerio social católico
La columna de esta semana está adaptada y condensada de una conferencia pronunciada por Mons. Chaput el 21 de Junio a la Catholic Social Workers National Association reunida en Denver.
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

En el Ministerio Social Católico todo comienza y termina con Jesucristo. Sino es así, simplemente no es católico. Y si nuestro trabajo social no es profunda, explícita y confiadamente católico en su identidad entonces deberíamos dejar de utilizar la palabra “católico”. Así de simple.
La fe en Jesucristo, no como el mundo lo imagina, sino el verdadero Hijo de Dios tal como lo conoce y lo anuncia la Iglesia, es la única base duradera para la esperanza humana. La verdadera esperanza no tiene nada que ver con lemas políticos vacíos. No tiene nada que ver con la adicción norteamericana al progreso, el optimismo o el pensamiento positivo.
La Epístola a los Hebreos nos habla de “la certeza de lo que esperamos; la confianza de las cosas que no se ven” (11,1). Sólo la fe hace que la esperanza sea posible. El autor Católico francés, George Bernanos, describía la virtud de la esperanza como la “desesperación superada”. Es la capacidad de ver claramente el sufrimiento y la injusticia en el mundo, y sin embargo, seguir confiando en la bondad de Dios. Es la capacidad de ver la debilidad humana y el mal en su peor forma y sin embargo confiar en la dignidad de la persona humana porque creemos en un Padre amoroso; un Padre que nos creó y nos sostiene, y que nos redime con la sangre de su propio Hijo.
Porque creemos, confiamos; y porque podemos confiar en el amor de Dios, podemos tomar el riesgo de amar y entregarnos a los demás. Esta trinidad de fe, esperanza y amor, refleja la naturaleza del mismo Dios. Es la economía de toda acción social cristiana.
Necesitamos recordar que lo que hacemos se convierte en lo que somos. Esto es bastante obvio cuando hablamos de individuos. Un hombre que hace el bien, usualmente se vuelve bueno, o por lo menos se vuelve mejor de lo que era. Un hombre que combate sus temores, los supera y muestra valor, gradualmente se vuelve valiente. Y un hombre que roba a sus amigos o engaña en su trabajo, incluso en cosas pequeñas a la larga se convierte en un ladrón. Puede comenzar como un hombre bueno con algunas inclinaciones infelices. Pero al menos que se arrepienta y cambie los pecados se convierten en la persona. El hábito de robar, mentir, ser cobarde o adúltero lo convierten en una criatura diferente.
Lo que se aplica a los individuos puede aplicarse igualmente a instituciones y organizaciones. Mientras las universidades u hospitales católicos, por ejemplo, silencian su identidad religiosa más debilitarán su carácter religioso; y mientras menos católicos sean, se volverán menos útiles para el anuncio del Evangelio.
Una agencia social es católica de dos formas principales. Estructuralmente, es un brazo de la Iglesia local y forma parte de su misión. Y evangélicamente, es un testigo del mandamiento de Jesucristo de amar a Dios sobre todas las cosas y también amar al prójimo como a nosotros mismos.
En consecuencia, ser fiel a las enseñanzas católicas, no es algo opcional para un trabajador social católico. Es algo fundamental para su identidad. La fe católica es mucho más que una lista de lo que se puede o no se puede hacer. Es parte de una visión más amplia de la persona humana, su dignidad y su destino eterno. El contenido de estas enseñanzas vienen de Dios a través de su Hijo Jesucristo. Es definido por la Iglesia universal y luego predicado, enseñado y aplicado por el Obispo local. La fe de la Iglesia es constitutiva del ministerio social católico. No es un tipo de remodelación humanitaria que podemos conformar según nuestras preferencias personales; y el poder y la consistencia del testimonio social católico colapsa cuando tratamos de hacer eso.
Para los cristianos, el objetivo último de todo ser humano se realiza mediante el conocimiento del amor de Dios y viviendo con Dios por toda la eternidad. Toda caridad cristiana se practica con este objetivo en mente. Por tanto para que sea auténtica, la caridad cristiana debe ser libre, y debe estar motivada por el deseo de compartir el amor de Dios con otros además de ofrecer la ayuda material. La caridad cristiana siempre es un acto tanto material como religioso.
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