La exigencia católica
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Al momento que lean esta columna, Mark Stricherz ya habrá pronunciado la Conferencia Casey del 2008. Pero no es muy tarde para animar a los católicos que leen inglés a comprar, leer y reflexionar su interesante libro “Why the Democrats Are Blue” - Encounter, 2007 (Por Qué los Demócratas son Azules).
La Serie de Conferencias Casey se fundaron para explorar el papel de la fe religiosa en el servicio público de los católicos. Está nombrada en honor al Gobernador Demócrata de Pensylvannia Robert P. Casey. Casey, quien falleció en el 2000, personifica las mejores cualidades del “partido del hombre común”. Debido a que el Partido Demócrata históricamente combatió a favor de los marginados sociales incluyendo las olas de inmigrantes católicas, fue el partido favorito de la mayoría de católicos norteamericanos durante muchos años.
Pero los tiempos han cambiado. Hoy el voto católico, si es que existe, es mucho más diverso, ambos partidos –los “azules” (Demócratas) y “rojos” (Republicanos)- tienen fortalezas y debilidades, y ninguno de los dos representa adecuadamente la Enseñanza Social de la Iglesia.
El cálculo moral que tienen que realizar los votantes católicos es frecuentemente más difícil hoy que en décadas pasadas. Pero el hoy difunto Gobernador Bob Casey sigue animando a los católicos comprometidos y practicantes sin importar su filiación política. La razón es simple. Durante su servicio público, él se entregó totalmente a los pobres y marginados, pero al mismo tiempo combatió enérgicamente contra el lobby de los “derechos al aborto” en la vida pública norteamericana y a favor de la santidad de la vida del niño no-nacido. Casey comprendió que una nación no puede construir la justicia para sus adultos si es que simultáneamente permite el asesinato masivo de sus niños no-nacidos en el vientre.
Stricherz, quien es católico y demócrata, parte del mismo principio que Casey. Su libro “Why the Democrats Are Blue” recuerda a los católicos en ambos partidos de su responsabilidad de comprometerse políticamente y trabajar para cambiar el liderazgo de sus partidos en dirección a un respeto más profundo a la dignidad humana, desde la concepción hasta la muerte natural.
El corazón de la vocación política católica se resume muy bien en la Carta Pastoral “Viviendo el Evangelio de la Vida” de los Obispos de Estados Unidos en el año 1998.
“La oposición al aborto y a la eutanasia no justifica la indiferencia hacia aquellos que sufren la pobreza, la violencia o la injusticia. Cualquier política de la vida humana debe trabajar para resistir la violencia de la guerra y el escándalo de la pena de muerte. Cualquier política de dignidad humana tiene que enfrentar seriamente los temas del racismo, pobreza, hambre, empleo, educación, vivienda y salud pública. Por lo tanto, los católicos deben involucrarse entusiastamente como abogados a favor de los débiles y marginados en todas las áreas.
Los funcionarios públicos católicos están obligados a enfrentar cada uno de estos temas en la medida en que buscan establecer políticas consistentes que promuevan el respeto por la persona humana en todas las etapas de la vida. Pero el hecho de estar ´bien´ en estos temas nunca puede excusar la opción errada respecto a los ataques directos contra una vida humana inocente. Más aún, el fallar en proteger y defender la vida en las etapas más vulnerables convierten en sospechoso cualquier reclamo de la validez de las posiciones en otros temas que afectan a los más pobres y menos poderosos de la comunidad humana. Si nosotros entendemos a la persona humana como “templo del Espíritu Santo” - la casa viviente de Dios – entonces los temas de la defensa del no-nacido encajan lógicamente en su lugar como las vigas y paredes de esta casa. Todo ataque directo a la vida humana inocente, tal como el aborto y la eutanasia, golpean los pilares de esta casa. Éstos violan directa e inmediatamente el derecho más fundamental de la persona humana: el derecho a la vida. El descuido de estos temas es el equivalente a construir una casa sobre arena. Estos ataques no pueden sino ayudar a adormecer la conciencia social en modos que finalmente son destructores de otros derechos humanos” (No. 23, énfasis en el original).
Ninguna ley que permite el asesinato intencional de la vida humana inocente puede ser justo. Partidos políticos, intelectuales, o líderes que la apoyan o la justifican, o distraen a las personas sobre su gravedad se hacen cómplices de la injusticia.
Quien quiera que gane las elecciones nacionales este noviembre, la tarea de los católicos serios seguirá siendo la misma: reformar nuestras leyes para respetar la santidad de la vida humana. El gran valor de la obra de Mark Stricherz es el de recordarnos cuán urgente y difícil será esta tarea.
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