
Una familia bajo un mismo Dios

Por Miguel Novak*
“Una familia, unida, bajo Dios” es un lindísimo título programático para cualquier grupo de personas diferentes que se asocian o se juntan por cualquier motivo: la familia, la parroquia, un lugar de trabajo, la nación o el mundo entero.
Para un cristiano, la aspiración a la unidad (“ ser una familia…’) tiene que ser un punto de referencia constante. Es la esencia del ser cristiano, especialmente en el mundo fragmentando en el cual vivimos. Después de la Última Cena Jesús también expresó esta profundísima aspiración suya a la unidad cuando dijo “Padre que todos sean uno…para que su gozo sea completo…y para que el mundo crea”. ¡Monumental tarea…! Probablemente en ese entonces ni los apóstoles podían entender eso; de hecho Jesús dirige el pedido al Padre.
El Concilio Vaticano II, en la Constitución “Lumen Gentium”, el documento que define a la Iglesia, la caracteriza (es decir a todos nosotros, no solo a los sacerdotes y obispos) como “Sacramento de la Unidad”, una unidad que la Iglesia (nosotros) debe desarrollar, hacer crecer en sí misma y extender a toda la familia humana, dondequiera.
Pero sabemos cuan difícil sea actualizar en la realidad la unidad (o como otros dicen, “la comunión entre personas”, creyentes o no); es uno de los desafíos más importantes. Basta que nos miremos alrededor: en la familia, en el trabajo, en la parroquia, en la vida social y política. La cultura individualista en la cual estamos sumergidos seguramente no nos ayuda.
Todo tipo de tensiones y tentaciones nos jalan en direcciones diferentes. Las relaciones se vuelven relaciones de poder, tensas; experimentamos que tenemos que defendernos; llegamos muchas veces a sentir frustración, rabia y la experiencia de la unidad, con la alegría, luz y fuerza prometida por Jesús, nos parece algo imposible, no real.
¿Cómo manejar esta tensión? Pregunta importante. Creo que todos lo sabemos, por lo menos intuitivamente. La respuesta de fondo, dicha en forma súper-concentrada, esta en lo que Jesús y San Pablo nos enseñan: el Amor. Actos (y no sólo sentimientos) de amor concreto, específicos para cada persona que encontramos (tal vez empezando con las personas con las cuales tenemos diferencias), un amor que “es paciente, bondadoso, todo lo espera, lo soporta (no por debilidad sino por amor), se alegra de la verdad…etc.”
Un amor (repito: se trata de actos) que se extiende a todo ser humano, y no sólo a mi familia o amigos. Un amor que empieza por dar primero sin esperar que el otro tome la iniciativa. Una caridad que genera un genuino diálogo, donde ambas partes salen enriquecidas. ¿Difícil? ¿No real? ¿Imposible? La próxima vez podemos explorar esto más a fondo…
El Dr. Miguel Novak, es profesor universitario, miembro del Movimiento de los Focolares. Puede ser contactado a: novakmiguel@gmail.com.