Manuel y Rafaela Visoso, 50 años de fidelidad
Por Carmen Elena Villa
Los esposos Rafaela y Manuel Visoso, provenientes de Puebla – México, quienes viven en esta arquidiócesis desde 1992, celebraron el pasado 10 de mayo sus 50 años de matrimonio.
Ellos, junto a sus cinco hijos y nueve nietos, han festejado no sólo estas cinco décadas sino también la fidelidad y el amor que se han tenido.
Rafaela comparte que la clave para haber llegado a este aniversario, es la inclusión de Dios en el hogar, la cual se ha logrado con hábitos como el rezo del rosario todas las noches, la meditación de las lecturas del día, la asistencia a la misa dominical y el servicio en la parroquia, así como con la educación en colegios católicos de sus hijos.
“Tal vez para algunos sea mucha oración pero para no-sotros este es nuestro lazo de unión y comunicación con Dios y nuestra Madre Santísima”, asegura Rafaela.
Una vida espiritual que se ha traducido en obras, pues durante estos años, ambos se han involucrado en organizaciones sociales que ayudan a los más necesitados.
Así comenzó la historia
Rafaela y Manuel se conocieron en plena adolescencia. “Tal vez la impacté con mi presencia, pero más me impacto ella, pues al tenerla cerca y tocar su mano sentí una cosa tan extraña que nunca había sentido con otras muchachas”, recuerda Manuel.
De ahí dejaron de verse por tres años hasta que volvieron a encontrarse, “mi corazón dio un brinco al recordar esa figura. Le di gracias a Dios y corrí a alcanzarla y ella me reconoció inmediatamente, nos saludamos como si en esos tres años la separación nunca hubiera existido”, cuenta el esposo, quien después le pidió que fuera su novia.
“Nunca olvido –dice Manuel- que fue bailando un danzón que lleva por título ‘Teléfono a larga distancia’ cuando me dio el ansiado sí”. Al año y medio contrajeron matrimonio.
Manuel confiesa que la eligió a ella como esposa, “porque además de su hermosura, era muy diferente a todas las chicas que yo conocía”.
Dice que le impactó de ella “su seriedad, su forma franca y sincera de decir y hacer las cosas”, la vio como “un ángel que Dios me había puesto en mi camino para salvarme de lo descarriado que estaba”.
Y cuenta que durante estos 50 años nunca ha faltado la confianza ni la sinceridad, dos claves para mantenerse fieles a las palabras que se dijeron en el altar cuando Manuel tenía 20 años y Rafaela 17.
En la salud y la enfermedad…
La profunda fe de esta pareja se ha visto probada también en momentos difíciles. Rafaela cuenta que cuando llevaban 18 años de matrimonio nació su hijo menor Francisco. El parto de Francisco fue muy difícil y Rafaela tuvo muerte clínica.
Los doctores se empeñaron en salvar la vida del pequeño: “no recuerdo nada, sólo que al abrir los ojos el doctor me dijo que todo había pasado, que mi hijo era hermoso y me dio la bienvenida a la vida nuevamente”, testimonia Rafaela, quien asegura que muchas personas estuvieron orando por ella durante su agonía.
El amor, más que un sentimiento
Rafaela recuerda lo que le dijeron sus padres antes de casarse: “el matrimonio no es un juego pues es para toda la vida”.
Y hoy reflexiona sobre este sacramento: “Es una vocación como lo es la de un sacerdote o una religiosa, al elegir una de ellas, estamos haciendo un compromiso muy serio con Dios y la sociedad”.
Y recuerda cómo la paciencia se vuelve clave en la vivencia de esta vocación: “Especialmente cuando se trataba de superar malos hábitos adquiridos en la juventud”.
Por ello, concluye recomendando que la vivencia del amor esté inspirada en la primera carta de San Pablo a los Corintios, 13, 4 - 7: “El amor es paciente, es servicial (…), todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
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