Nuestra fe es un tesoro
¿Pero cómo la estamos transmitiendo? Mensaje para padres y catequistas
Por Ursula Jiménez*
Hoy en día los niños crecen con toda clase de tecnología. Las imágenes y sonidos del televisor, juegos de video, celulares y IPods son parte importante de sus vidas. Esto hace a que enseñarles algo se convierta en un gran reto. A menudo el trabajo de una clase normal se vuelve muy aburrido para ellos. Si tienes suerte prestarán atención a los primeros 20 minutos. En ese corto tiempo tienes que comprimir el contenido de todo lo que quieres enseñarles o ser creativo y captar su atención para el resto de la clase. Necesitarás cambiar de actividades con frecuencia, ser entretenido y extremadamente recursivo.
Este es el panorama general de la educación actual, pero cuando se trata de catequesis de confirmación es incluso más desafiante, tomando en cuenta que muchos de los niños ni siquiera quieren estar en clase. Tenemos que ser verdaderamente creativos para que nuestro mensaje pueda superar todos los obstáculos. Como siempre, el primer campo de apostolado soy yo mismo, de ahí puedo evangelizar a otros.
Primero pensemos cómo veo yo mi propia fe. ¿Es mi fe Católica la que informa e influencia toda mi vida? ¿Veo mi fe nada más como un grupo de reglas que tengo que seguir para irme al cielo? o ¿veo mi vida de fe como la manera de realizarme como persona y ser verdaderamente feliz? Las respuestas a estas preguntas son muy importantes para evaluar qué estamos transmitiendo a nuestros niños.
Si enseñamos el contenido de nuestra fe, como alguien que enseña matemáticas, los niños recibirán el conocimiento de la misma manera: como algo impersonal que no se relaciona con ellos. Incluso teniendo la mejor de las intenciones, que estoy segura que todos las tenemos, lo que estamos tratando de transmitir y enseñar a nuestros niños no será nada apelante.
Debemos ayudar a nuestros alumnos a desarrollar una relación con el Señor Jesús. Necesitamos evaluar si el conocimiento que le estamos dando les ayuda a crecer en su relación con el Señor. La fe debe estar integrada en nuestra vida. Tenemos que entenderla en nuestras mentes, adherirlas al corazón y finalmente ponerla en práctica con nuestras acciones. Si la fe de nuestros niños no tiene estos tres elementos algo anda mal en nuestra catequesis.
Estemos seguros que nuestro mensaje es el más importante, es un mensaje que responde a los anhelos más profundos de los corazones de nuestros alumnos. Jesús es el único que puede traer verdadera libertad y alegría a sus vidas. El Señor Jesús es una respuesta personal a las preguntas mas profundas de sus vidas. Nuestros alumnos tienen que experimentar esto, no sólo entenderlo. Tenemos un tesoro que tenemos que transmitir fielmente. Esto es muy difícil pero es algo que debería permear toda nuestra catequesis. Para ello, tenemos que ser muy creativos y dispuestos a entrar en sus vidas, en sus mundos, en sus “códigos”. Así podremos entenderlos y relacionarnos mejor con ellos, y traducir nuestras lecciones en su lenguaje, cualquiera que sea.
La Gracia de Dios es abundante en los sacramentos y en la confirmación, todos los dones del Espíritu Santo son muy poderosos y transformantes. Pero si los corazones de nuestros estudiantes no están abiertos para recibirlos, ya sea porque no saben o porque no quieren, la Gracia será derramada en saco roto y no habrá ningún fruto. Es por eso que la catequesis de confirmación es tan importante, para ayudar a nuestros niños a entender nuestra fe, poder asumir un compromiso y lo más importante estar abiertos a la Gracia de Dios y los dones del Espíritu Santo.
* Ursula Jiménez es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y trabaja como Coordinadora de Evangelización y Catequesis en la Arquidiócesis de Denver.
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