La familia como templo del Espíritu Santo
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Yo no creo que los esposos puedan entender completamente lo que para sus esposas es el llevar un bebé en el seno de su cuerpo durante nueve meses. No obstante esto, es precisamente la imagen de la mujer llevando una vida nueva en su seno la que hoy quiero presentar.
San Pablo nos dice que Cristo es el Esposo, y la Iglesia es su esposa. Esto significa que todos nosotros, hombres y mujeres, somos la esposa de Jesucristo. La Iglesia no es un “algo”, la Iglesia es un “ella”. La Iglesia es género femenino. Es por eso que María es tan importante para un entendimiento católico del mundo. María es la primera discípula de Cristo, ella es el perfecto modelo de la Iglesia y el perfecto modelo para cada uno de nosotros como discípulos. Nosotros estamos llamados a ser como María.
¿Qué fue lo que hizo María? Simplemente dijo SI al Espíritu Santo, y en ese SI el Espíritu Santo la llenó de una nueva vida. La Iglesia primitiva llamaba a María “theotokos”, que en griego significa: La Madre de Dios. Como creatura, María permitió que Dios actuara en ella y por medio de ella hiciera grandes cosas. En el dar a luz al Hijo de Dios, María dio nueva vida al mundo entero. Nosotros estamos llamados a seguir su ejemplo. Cada uno de nosotros, de manera personal, necesita ser “theotokos”, “dar a luz al Hijo de Dios” para el mundo. La semilla de la fe sembrada en nosotros debe producir fruto en nuestra vida como cristianos testigos del Señor, es decir dando testimonio de vida y no con palabras vacías.
La Iglesia, al igual que María, lleva en sí y da al mundo nueva vida. El Espíritu Santo llenó a María con nueva vida en el momento de la Anunciación, y María dio a luz y de María nació Jesús. El Espíritu Santo llenó a los Apóstoles de nueva vida en Pentecostés y ellos inmediatamente comunicaron a todos vida nueva por medio de su predicación y ejemplo. Dios es un Dios de abundancia y fecundidad y no de esterilidad, es un Dios de confianza y no de miedo. Dios nunca cesa de crear nueva vida por medio de cada uno de nosotros, si nosotros estamos dispuestos. Debemos ser fértiles para esta vida nueva. “Los Hechos de los Apóstoles” deben continuar por medio del testimonio de nuestras propias vidas.
Entendemos nuestra vocación de cristianos cuando reconocemos que sólo Dios es el Señor y sólo El es el dador de vida y nosotros somos sus creaturas. Nosotros nos convertimos en lo que realmente somos cuando permitimos que el Espíritu Santo nos transforme y que actúe por nuestro medio para renovar la faz de la tierra. Todos estamos llamados a dar vida participando del poder creador de Dios. Este es el significado de la oración que muchos de nosotros aprendimos desde niños: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y seremos creados, y renovarás la faz de la tierra”.
Ahora, ¿cómo esto nos ayuda a entender el rol de la familia como “templo del Espíritu Santo”? La Renovación Carismática en el Espíritu Santo es un don maravilloso para la Iglesia dondequiera que esté. Por medio de la Renovación Carismática, la Iglesia en nuestros días ha recuperado una muy poderosa experiencia de Dios en el Espíritu. Pero ¿quién es exactamente el espíritu Santo? La respuesta la encontramos en la identidad misma de Dios. Dios es unidad, tres son un solo Dios, el Dios de las Sagradas Escrituras, esta es la Trinidad en la comunión de amor.
La Santísima Trinidad está en esta comunión de amor, Dios Espíritu Santo procede del intenso amor entre Dios Padre y Dios Hijo que es Jesucristo.
Este es un misterio de fe, pero este misterio no nos debe ser muy extraño. De hecho, tenemos una buena comparación que nos da pistas para “entender” la naturaleza de Dios como Santa Trinidad, esto es, sumergiéndonos en el amor que se vive en nuestras familias. Toda familia es una en su unidad singular, unida por el amor que se tienen los diferentes miembros de la familia. El amor entre el esposo y la esposa produce fruto, personificado en un a nueva vida, en el dar vida a un nuevo ser.
La familia permanece “una”, esta unidad emana del amor y de la libre obediencia de cada uno de los diferentes miembros que forman la familia. El amor que está presente y que une a las familias puede hacernos ver, en cierto sentido, la naturaleza de Dios, quien es la fuente misma de la vida y del amor.
Nosotros, como católicos creemos que la familia es “iglesia doméstica”, célula de una sociedad sana y fundamento de la comunidad Cristiana universal. Esta iglesia doméstica, esta familia “templo” que es el primer lugar en donde los hijos encuentran amor, correcciones, orientación, ánimo, virtudes y la Palabra de Dios es el más precioso don del Espíritu Santo para la humanidad.
Pues bien hoy mi oración es esta: Que Dios les conceda la gracia para que su amor por su cónyuge y sus hijos vaya en mayor profundidad; que se enseñen los unos a los otros los caminos del Señor con paciencia y alegría; y nunca dejen de alabar a Dios quien tanto amó al mundo que envió a su único Hijo para salvarnos y con él también nos envía a su Espíritu Santo que renueva la faz de la tierra.
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