
La Bendición de ser madre
La experiencia y testimonio de amor a la vida de una joven madre
Por Aby García*
“¡Qué grande es Dios!” Me dije a mí misma la primera vez que tuve a mi hijo Luisito en mis brazos. Siempre me habían comentado lo hermoso que es convertirse en madre, pero nunca me imaginé que fuera una experiencia tan bella. Hola, mi nombre es Aby García tengo veinte años de edad y pertenezco a la parroquia de San Guillermo en Fort Lupton, Colorado.
Mi esposo Iván y yo nos casamos cuando yo tenía sólo 18 años de edad. Aunque era muy joven era importante para mí recibir la bendición de Dios, pues sabía que Iván sería la persona con la que yo compartiría mi vida.
Nuestra boda fue el 1ero de agosto del 2009. Cuando nos comprometimos nuestros planes eran trabajar y estudiar después de casarnos, nunca pensamos en convertirnos en padres tan pronto. Después de nuestra luna de miel fui a ver a mi doctora por algunos malestares que tenía, pero nunca me pasó por la mente que pudiera estar embarazada pues eso no era parte de mis planes. Pero para mi sorpresa lo estaba y lo primero que hice después de enterarme fue darle gracias a Dios porque sabía que ese era el plan y la voluntad de Él. Esa tarde al llegar Iván de su trabajo le di la gran noticia. Y él al igual que yo no lo podía creer, pero la felicidad que yo veía en su cara era enorme. Cuando los demás se enteraron de mi embarazo fueron muchos los que nos dijeron que era muy pronto y que el bebé iba a impedir que termináramos nuestras carreras universitarias. Esas palabras a mi me dolían, pues para mí el ser madre era una bendición y yo no veía a mi bebé como un estorbo, pero parecía que otros si lo veían así. Cuando tenía ocho semanas de embarazo estuve a punto de perder a mi bebé pero todavía en ese momento de dolor mi fe seguía firme, pues yo no tenía nada que reclamarle a Dios si el dio a su único Hijo para salvarnos, sólo le pedía que salvara a mi hijo si era su voluntad y si no, me diera fuerza.
Gracias a Dios, Él me hizo el milagro y el 18 de Mayo del 2010, hace menos de un año, nació Luis Iván García, nuestro primer hijo. Ese día llegó al mundo la bendición más grande que hemos tenido y a pesar de nuestra corta edad no lo cambiaríamos por nada del mundo. Claro que ser madre joven es difícil, pues tienes la responsabilidad de criar a otro ser humano al mismo tiempo que tratas de alcanzar tus sueños y tus metas, pero con esfuerzo y fe en Dios todo es posible. Iván y yo todavía seguimos estudiando y no pensamos dejar nuestros estudios porque sabemos que aunque sea poco a poco algún día terminaremos y ese día es cuando nuestro esfuerzo y cansancio va a valer la pena.
Después de ello, lo más lindo es que nuestros hijos podrán estar presentes el día de nuestra graduación. La razón por la que digo hijos, es porque con el favor de Dios en agosto conoceremos a nuestro segundo hijo, Ángel Leonardo. Sabemos que nuestras vidas serán mucho más ocupadas con dos hijos pero estamos felices que nuestra familia siga creciendo. Y a pesar de lo ocupados que estamos, siempre hacemos tiempo para servirle a Dios en nuestra comunidad Cristo y Yo, que es donde Iván y yo nos conocimos hace años. Ahora comprendo que el día que nos conocimos no fue casualidad porque todo era parte del Plan que Dios tenía para nosotros. Por eso tomo esta oportunidad para decirles a todas las madres jóvenes que un hijo siempre es una bendición no importan las circunstancias. Aunque a veces se sientan solas o sientan que nadie las comprende hay alguien que si te comprende porque Él conocía toda tu vida desde antes de que tú nacieras y esa persona es Dios. Cada vez que sientas que no puedes más solo recuerda que si Él te dio la bendición de ser madre de tus hijos es por alguna razón muy especial.
¡Porque como tú no hay dos así que puedes tener la certeza de que Él no se equivocó!