¿Existe el Purgatorio?
Este mes nos escribió Teresa Ríos de la Parroquia Our Lady of Guadalupe en Denver y nos envió la siguiente pregunta: Ahora que estamos celebrando la Pascua de Resurrección, me gustaría saber si el purgatorio existe. Además, ¿por qué a las personas que están ahí se les llama almas benditas y por qué rezamos por ellas? Si tienes alguna consulta, pregunta o duda sobre tu fe, no dejes de escribirnos a pueblo@archden.org ó llámanos al 303.715.3219.
Muchos católicos se cuestionan sobre qué es el purgatorio y si realmente existe. En pocas palabras, la respuesta es ¡sí existe!
Es decir, que el purgatorio es el estado en el que se encuentran todas las almas, que muriendo, no purificaron en su vida terrenal el daño que han ocasionado con sus pecados. Por lo tanto el purgatorio no es un lugar sino un estado.
Pero ¿de qué hay que purificarse? ¿Qué el sacramento de la Confesión no perdona todos los pecados? En el sacramento de la Reconciliación, con la absolución, quedan perdonados todos los pecados que confesamos y quedamos libres de la condenación eterna que por ellos mereceríamos. Este sacramento nos perdona pero no repara el daño ocasionado, como el pecado tiene sus consecuencias, y esas consecuencias permanecen a pesar del perdón. En el purgatorio pagamos las consecuencias del pecado, de alguna forma, ésta es la manera de resarcir el daño ocasionado.
La doctrina del purgatorio ha sido una enseñanza constante del Magisterio de la Iglesia. []La Iglesia, en sus enseñanzas, se apoya en la Sagrada Escritura y en la Tradición apostólica. Esta doctrina se encuentra presente en el Catecismo de la Iglesia Católica que nos enseña así sobre el purgatorio:
“1030: Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
1031: La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).
1032: Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. In 1 Cor 41, 5)”.
La Iglesia Católica hace referencia a las palabras de Jesucristo en Lc 12:58, 59: “Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».” Por lo tanto podemos concluir que si del infierno no se puede salir, entonces debe existir un lugar donde se cancele esa deuda. El libro del Apocalipsis, hablando de la Jerusalén celestial, dice: “Nada manchado entrará en ella” (Ap. 21, 27). Con la parábola del funcionario que no quiso perdonar, en Mt 18:21-35, Jesús hace alusión a alguien que pide perdón pero niega hacerlo; aun así advierte que el hombre puede cumplir su deuda: “Y tanto se enojó el Señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano»”(Mt 18:34,35).
* Agradecemos enormemente la colaboración de Mons. Jorge De los Santos en responder a esta pregunta.
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