El Amor de Dios es un don de Misericordia
Esa Misericordia nos sana de todo pecado y hace de nosotros creaturas nuevas
Por el Padre Benito Hernandez*

El segundo Domingo de Pascua como ya sabemos es dedicado a la Divina Misericordia. Una bonita devoción incorporada en nuestra liturgia gracias al nuevo beato el Papa Juan Pablo II, que nos hace descubrir a un Dios que es toda misericordia, y que día a día se va extendiendo más entre nuestra comunidad hispana alrededor del mundo. Hoy en día, el mundo está cada vez más necesitado y sediento en descubrir a Dios misericordioso.
La revelación a la Santa Sor Faustina
El mensaje que Dios le revela a Santa María Faustina en la Divina figura de Jesús Misericordioso se traduce en: todo el amor que Dios nos tiene reservado y que no hemos sabido aprovechar; un amor dispuesto a perdonar los más grandes pecados que hayamos cometido, un amor que no tiene límites ni fronteras. Jesús con su resurrección nos demanda y manda a ejercitar su amor por los demás, ya que de otra manera todo aquello que no usemos, en este caso el amor, se atrofiará, se caducará en nuestra vida. No olvidemos que esta fue la señal de los primeros cristianos, esta es la señal de la misericordia de Dios entre nosotros. “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4,8)
Jesús con su resurrección ha fortalecido con actos de misericordia a sus discípulos. Tal es así que con tan solo a algún enfermo le pasara la sombra de alguno de los discípulos quedaban curados. Que maravilloso fuera si tan sólo nuestra presencia curara a los demás, pero en cambio muchas veces nuestra presencia es signo de controversia, desunión, odio e ira para los demás. Recordemos que una de las formas más maravillosas de la misericordia de Dios es sanarnos. Todos en algún momento de nuestra vida hemos estado enfermos de alguna cosa, y sabemos que no se siente nada bien estar enfermo. A nivel espiritual también nos sucede esto, cuando despreciamos, rechazamos o aborrecemos a los demás o cuando pecamos, nos sentimos de la misma manera. Allí vamos por la vida, arrastrándonos espiritualmente, y arrastrando a todos aquellos que se nos presentan por el camino a lo mismo. Jesús nos da el poder de su Divina Misericordia para sanar y sanarnos de todo esto que nos va enfermando y que va pudriendo nuestra alma.
El don de la misericordia
La Divina Misericordia de nuestro Dios se extiende a todos los ángulos y rincones de la tierra y de nuestra vida. Es aquella luz divina que nadie la ha podido apagar, por más intentos que hayamos hecho con nuestra manera de vivir para sofocarla, esa luz de su misericordia nunca se apagará, nunca se extinguirá, y estará allí—surgiendo del Corazón Sagrado de Jesús—esperándonos para extenderse a todo el mundo, y a todas las áreas de nuestra vida.
No debe existir entre nosotros el miedo de abrirnos a la Misericordia de Dios; ya que el miedo opaca, delimita y encierra la luz de su Divina Misericordia, así como les pasó a los discípulos que estaban encerrados por miedo después de la Resurrección de Jesús. Es en el miedo, que posiblemente muchos de nosotros estamos viviendo, y es ahí donde Jesús se nos aparece como se les apareció a sus discípulos. Se nos aparece para darnos confianza y mostrarnos su amor incondicional por cada uno de nosotros. Jesús cuando se les aparece a sus discípulos no los juzga por aquello que dejaron de hacer, sino les muestra sus manos y su costado para que creyeran y confiaran en Él. Jesús nos muestra no sólo su costado y sus manos, sino que nos muestra todo lo que Él es en la Sagrada Hostia, para decirnos que confiemos en Él nuevamente. Es precisamente en la Sagrada Eucaristía donde recibimos la misericordia de Dios, donde recibimos el regalo del mismo Dios, el don de su misericordia. Dios no viene a juzgarnos por aquello que hicimos o dejamos de hacer. Él se presenta en medio de este mundo que vive en guerra y violencia, para decirnos “la paz esté con ustedes”. Dios quiere que vivamos en paz, con Él, con nosotros mismos y con los demás.
Sabemos que no vivimos en paz, porque seguimos viviendo en nuestro pasado, en los mismos pecados de siempre, seguimos viviendo dentro del sepulcro de nuestra muerte espiritual.
Jesús quiere de una vez y para siempre borrar todo aquello que no nos deja acercarnos a su Misericordia, y lo hace con un simple soplo, para que recibamos la fuerza del Espíritu Santo. Recibiendo así su perdón por nuestras fallas. ¿Seguimos sin creer realmente en el perdón de Dios? ¿Seguimos siendo incrédulos como Tomás, de la presencia salvadora de Cristo en medio de nosotros?
La esperanza en la misericordia
La Divina Misericordia de Dios nos seguirá demostrando al Señor resucitado, aún en nuestras propias imperfecciones, especialmente cuando no somos misericordiosos con los demás.
La misericordia de Dios nos da la esperanza ante la desesperanza, su misericordia sigue siendo real y presente en Jesús Cristo quien ha resucitado, para tener nuevamente esperanza. Esta es una muestra más de Dios compasivo que viene a nosotros misericordiosamente. La misericordia seguirá extendiéndose en nuestro mundo y en nuestras vidas cuando sepamos vivir en justicia y compasión que viene de un Dios que sigue y seguirá siendo siempre misericordioso.
* El Padre Benito Hernández es Párroco de Our Lady of Guadalupe en Denver.
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