
Un joven que dejó todo para encontrar todo
“El encuentro con la Iglesia es para mí la viva voz de Cristo que me llama a servirlo”, dice Heleodoro
Heleodoro Lozano nació en la ciudad de Río Bravo Tamaulipas el 27 de junio de 1984. A los 18 años ingresó a un seminario en México y hace más de medio año que se integró al Seminario de Denver, Saint John Vianney. Actualmente se le ha encargado el ministerio de la pastoral vocacional hispana de la Arquidiócesis de Denver, misión que viene desempeñando con mucha entrega y alegría. A continuación, Heleodoro nos comparte sus experiencias de lo que significa para él haber dejado todo para encontrarlo todo en el Señor Jesús.
Por Heleodoro Lozano
Hace un poco más de ocho años ingrese al seminario, empujado por muchos deseos de consagrarme a Dios en el servicio de su pueblo y hoy estas ilusiones cada vez se hacen más palpables.
Recuerdo que desde muy pequeño ha estado en mí el llamado de Jesús al sacerdocio y este llamado fue creciendo cada vez más y más en los sábados de catecismo, en las tardes en la vida parroquial, en las misiones de las que formaba parte, en las visitas a los asilos y casas hogares, pero sobre todo en la vivencia de los momentos Eucarísticos. Y así después de haber terminado mi preparatoria decidí entrar al Seminario en México.
Pero la verdad contar mi historia sin la presencia de mi familia, es contar una historia incompleta. Mis padres y mi hermana han sido y son una parte importante de mi caminar vocacional, ellos han estado muy al pendiente de mis pasos y la respuesta que le voy dando día a día al Señor que me llama a seguirlo.
Los años que tengo en formación en el Seminario han sido la verdad, muy distintos uno del otro, aún recuerdo con especial agradado el año espiritual. En esta etapa se tiene un especial cuidado por crecer en nuestra relación con Dios y por conocer los distintos tipos de caminos de santidad, la casa donde realizamos el año de formación es totalmente alejada de todo tipo de distracción, y por ello tienes la gran oportunidad de encontrarte con Dios en el silencio, en ese entonces inicie la lectura de los grandes místicos espirituales, la cual continuo desde entonces, y la verdad aquí entre nosotros San Juan de la Cruz es mi preferido, sus poemas y su sentimientos hacia Dios son de verdad arrebatadores.
Después de este año espiritual, llegó el tiempo de la tan esperada filosofía, donde con temores y grandes esperanzas, empezaba una etapa de tres años donde mi razón y mi mirada al mundo cambió por completo. Las largas noches de estudio, el encuentro con escritores y sus grandes pensamientos y reflexiones, las profundas e interminables amistades sembradas, las innumerables actividades de una gran ciudad como Monterrey México, han sido para mí una de las etapas preferidas de mi formación en el Seminario. Algo que siempre ha estado presente entre mis preocupaciones y que he buscado fomentar es la cultura y el arte en todas sus manifestaciones. La verdad siempre busco una oportunidad para tener un momento de crecer en esta gran expresión humana con sus infinitas ganas de mostrar la eternidad.
La siguiente etapa fue la de la Teología y sus hermosos estudios sobre Dios, ahí me he encontrado con un Dios maravilloso que ha hecho un Plan de Salvación impresionante, y que en cada momento nos dice que nos ama. Todos estos años recorridos hasta hoy de distintas maneras y formas también han estado marcados por la pastoral vocacional, inclusive desde antes que ingresara al seminario, trabajé por un tiempo en esta pastoral que hoy nuevamente se me encomienda, hermosa misión porque te da la oportunidad de acercarte y ser parte de un corazón que se siente llamado personalmente por el Señor, de ser compañero de camino de alguien que busca responder a Dios. Es una experiencia difícil de expresar en su profundidad porque las palabras se quedan cortas, pues para mí la pastoral vocacional no se reduce sólo a buscar personas que se quieran consagrar al Señor Jesús y a su Iglesia, si no que es además ayudar a que todos los días nosotros nos sintamos verdaderamente llamados personalmente por Dios a algo extraordinario, no importe cual sea nuestro estado de vida.
Esta pastoral me da además la gran oportunidad de compartir mi alegría de estar en el Seminario y el formarme para un día ser consagrado sacerdote, y de poder decirle a todos los muchachos que vale la pena arriesgarlo todo, porque se gana todo en esta hermosa aventura del Sacerdocio. Y eso es lo que precisamente me encuentro haciendo actualmente aquí en la Arquidiócesis de Denver, aparte de todos los días escuchar la voz de Jesús en cada unos de los distintos momentos de la vida diaria del Seminario. Yo llegue aquí hace más de medio año, y la verdad el encuentro con esta Iglesia, es para mí la viva voz de Cristo que me llama a servirlo.