La Travesía del Explorador del Amanecer
Un viaje hacia lo más profundo del corazón humano
Por Mónica Zuñiga

Para muchos la fantasía es una puerta abierta que conduce a lugares lejanos, inimaginables, una invitación a vivir realidades distintas a nuestro día a día.
Si bien es importante señalar que sin una adecuada visión crítica de la realidad la fantasía puede terminar siendo un medio de evasión e incluso de alienación para la persona, en buenas manos es un camino que nos conduce a lo mas profundo del corazón humano, ya que su lenguaje simbólico sirve de llave para entrar en contacto con experiencias humanas que muchas veces nos son difíciles de categorizar, no obstante se encuentran presentes en nosotros y piden les demos respuesta.
Recientemente tuve la oportunidad de recorrer ‘este camino’ al ver la tercera película de la Saga Épica Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Explorador del Amanecer (The Voyage of the Dawn Treader) de C.S. Lewis.
Muchos consideran esta saga literaria, así como las películas, una obra dirigida a un público infantil, sin embargo si se afina la mirada uno descubre como a través de las aventuras de los hermanos Penvensie, Lewis utiliza con gran destreza el elemento fantástico para recordarnos verdades que apelan a todo corazón humano. En este sentido, La Travesía del Explorador del Amanecer se convierte en un interesante paralelo con la vida cristiana.
El elemento más resaltante, debido al género de la película, es la conciencia de misión. En la historia los Pevensie saben que han regresado a Narnia por una razón. Nosotros también debemos tener la certeza que nuestra existencia no se debe al azar. Hemos nacido en un tiempo y lugar concreto de la historia por una razón, para una misión. Más aún, nuestro corazón clama por conocer esa razón, por descubrir esa misión y lanzarse a su realización.
En orden a conseguir cumplir la misión, los personajes principales son advertidos que tendrán que hacer frente a un enemigo poderoso. Es interesante resaltar aquí que la manera como este ‘enemigo poderoso’ se presenta es en la forma de una niebla sutil, silenciosa que astutamente los envuelve, los confunde, los engaña, los tienta tratando en todo momento de hacerlos desistir de cumplir lo que se han propuesto.
Si bien para nosotros no existe niebla alguna, la existencia de un enemigo peligroso es real. Para aquellos que nos tomamos en serio el vivir una vida cristiana coherente, el dato del mal no nos puede pasar desapercibido. Existe un maligno, que desea nuestra perdición. El conoce nuestras debilidades y nos tienta sin descanso con el fin de hacernos caer.
Las tentaciones pueden ser diversas pero siempre se encuentran en el rango del Poder, del Tener, y del Poseer Placer. En la historia los personajes hacen frente a estas tres tentaciones: Lucy es tentada con la posibilidad de la belleza, de la popularidad. Edmund es tentado por el deseo de poder, de control y Eustace es tentado por el deseo de tener infinita riqueza. ¿Podemos decir que estas tentaciones son ajenas a nosotros? ¿Que nunca las hemos experimentado? En una sociedad que nos bombardea constantemente con mensajes subliminales y que busca convencernos que nuestra felicidad se encuentra en el dinero, en lo material, en poseer la figura perfecta, en la popularidad o ser el centro de admiración, en controlar lo que sucede a nuestro alrededor. En pocas palabras en ser nuestros propios dioses, como no reconocer que estas tentaciones están presentes en cada momento de nuestra vida.
Sin embargo, es posible vencer a este enemigo y sus mentiras. Los Pevensie son capaces de lograrlo, gracias a la ayuda de Aslan quien sale a su encuentro. Cabe resaltar que en esta ocasión Aslan no se hace presente y batalla cuerpo a cuerpo contra la niebla. Su presencia se da de una manera distinta. Respondiendo a la oración de Lucy, infunde valor en los corazones atemorizados de la tripulación y se hace presente como la luz que irrumpe en la isla dispersando la niebla.
Al igual que los Pevensie, nosotros no batallamos solo con nuestras fuerzas, contamos con Aquel que es Todopoderoso. Su gracia, nos infunde un espíritu valeroso y dispuesto a entregarse con nobleza en la misión, prometiéndonos el ciento por uno aquí en la tierra y la eternidad a su lado al final de nuestra vida.
No olvidemos la importancia de los amigos. La vida cristiana no es una aventura para vivir solo, sino en comunidad. Así como los Pevensie no hubieran logrado cumplir la misión sin Caspian y su tripulación, nosotros tampoco seremos capaces de avanzar y cumplir nuestra misión sin la ayuda de los demás.
Al final de la historia, Aslan dice a los Pevensie que también esta presente en su mundo y los invita a descubrir el nombre por el que se hace llamar. Acojamos nosotros también esta invitación y hagamos cada día mas familiar este nombre en nuestras vidas.
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