
Aprendiendo en Cuaresma
¿Por qué no carnes rojas los viernes?
Este mes recibimos una pregunta desde la Parroquia St. Theresa en Frederick. Fue de Mayela Borrego quien aprovechando que entramos al Tiempo de Cuaresma nos pregunta ¿Por qué la Iglesia indica que no podemos comer carne los viernes durante este tiempo litúrgico?
Si tú tienes alguna duda de fe o cualquier tipo de cuestionamiento, no dejes de escribirnos a elpueblo@archden.org ó llámanos al 303.715.3219 y plantéanos tu pregunta y te la responderemos en esta sección.
La pregunta que tenemos en cuestión es interesante porque la mayoría de los católicos se hacen esta misma pregunta o alguna vez se la han cuestionado. La respuesta, para que sea entendible, no debe estar limitada sólo a la cuestión de comer o no carne los viernes de Cuaresma sino debe de abrazar todo el tema de cómo vivir el tiempo de Cuaresma. Entonces ubicando la pregunta en el lugar que le corresponde dentro de un todo, tendrá más sentido esta práctica cuaresmal.
La Cuaresma es considerada como un tiempo durante el cual los cristianos nos ponemos más intensamente ante el misterio de nuestra fe para prepararnos plenamente al Misterio Pascual, misterio de nuestra salvación: vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Antes de todo, entonces hay que ver el tiempo litúrgico de la Cuaresma como un tiempo de PREPARACION para la Pascua, durante este tiempo especial contamos con un buen número de medios concretos que la Iglesia pone a nuestra disposición que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal. Esta preparación abraza nuestra dimensión espiritual y nuestra dimensión corporal.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, haciendo sacrificios, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a buscar la semejanza con Jesucristo y a seguirlo en el mismo camino que Él recorre, camino de la Cruz, camino que nunca ha sido ni será fácil, un camino que requiere mucho esfuerzo y tenacidad, camino que requiere entrega y fortaleza, camino que implica muchas veces sufrimiento y dolor, camino que exige renuncia y conciencia, camino que requiere fidelidad y certeza cerrando los ojos y confiando solo en Él, camino que muchas veces requiere luchar, combatir.
¿Han alguna vez visto cómo se preparan los que van a luchar y combatir? Pareciese exagerado, pero es la forma de estar listos para la lucha. Así es la preparación cuaresmal, dominar el cuerpo y elevar el espíritu, seguir la voluntad divina y no mis antojos humanos. San Ignacio de Loyola hacía la meditación de dos ejércitos que se enfrentan. Uno está dirigido por Satán, que es el ejército del mal y el otro está dirigido por Jesucristo, que es el ejército del bien, que se enfrentan en un verdadero combate en una verdadera lucha. ¿En cuál ejército estás tu enrolado?
La lucha es difícil y necesitamos estar bien preparados:
1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome (Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido).
2. Luchando por cambiar yo mismo (Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste).
3. Haciendo sacrificios (La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa “hacer sagrado”. Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo).
4. Haciendo oración y frecuentando los Sacramentos (Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él especialmente en la Eucaristía).
5. Realizando obras buenas (Especialmente las llamadas obras de misericordia).
Forma parte de los sacrificios el ayuno y la abstinencia; el ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día, y la abstinencia consiste en no comer carne. Son días de abstinencia y ayuno el Miércoles de Ceniza y los Viernes de Cuaresma, especialmente el Viernes Santo (La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad). Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia (El ayuno y la abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana).
Como podemos observar, no es sólo no comer carne por no comer carne sino que forma parte de toda una forma de vivir y prepararse en la Cuaresma, en lo espiritual como en lo corporal. Es el estar listos para seguir a Jesús tomando nuestra cruz de cada día, como Él mismo lo puso como condición (“el que quiera venir en pos de mí que tome su cruz y me siga”). Sabemos perfectamente que cada día de nuestra vida es una lucha, es la tentación que intenta alejarme del camino del Señor, es una lucha por no caer en el pecado que me pone fuera de las filas del ejército de Dios.
Les recuerdo entonces que Cuaresma es tiempo de preparación, cada sacrificio, cada obra buena, son importantes, cada acción que fortalece mi espiritualidad es importante. El Señor Jesús es un Rey victorioso y victoriosos serán sus seguidores que después del sacrificio recibirán la corona merecida de los fieles servidores, de los fieles militantes, de los fieles discípulos que lucharon a su lado no importando el cansancio o el dolor, no importando la limitaciones o las penas, no importando lo pesado de la carga o la distancia recorrida, no importando el tiempo o el lugar, solo importando estar de la parte del Señor.
* Agradecemos a Mons. Jorge De los Santos por colaborar con la respuesta.