
El mandamiento del Amor
Jesús nos invita a todos a vivir el amor real, aquel que reconcilia y nos hace libres
Por Rossana Goñi
Conversando con un amigo sacerdote, me decía que de los matrimonios que ha celebrado, cerca del 90% elige como una de las Lecturas de la Misa la Carta que San Pablo dirige a los Corintios, (1 Cor.13). En ella San Pablo detalla hermosamente las características del amor, de la caridad. Ciertamente es una lectura especial –como muchísimas de las Sagradas Escrituras- y muy adecuada para ser leída en un momento como el del sacramento del matrimonio. Pues aquello que describe San Pablo es a lo que todos los cristianos –no sólo quienes se casan – estamos invitados a vivir.
No soy teóloga, ni Biblista, entonces no haré una exégesis de este pasaje, sólo compartiré con ustedes algunas reflexiones al celebrar este mes el día de “San Valentín” ó Día del Amor y la Amistad, pues encuentro en este pasaje- tan utilizado por nosotros los cristianos- una manera concreta de poder santificarnos.
En la Carta a los Corintios, San Pablo describe el amor de quince diferentes maneras. Definitivamente en estas líneas no voy a poder explayarme en cada una de ellas, pero tomaré sólo tres.
En el versículo 4 la primera manera de describirlo es “el amor es paciente”. Una vez escuché que quien es capaz de trabajar en la virtud de la paciencia y alcanzarla, está cerca de vivir el amor, pues es considerada la “virtud prima” de la caridad. Hay tanto en el día a día por el que uno debe esforzarse para vivir esa paciencia que ayuda a pensar mejor las cosas, a transcender, a comprender, a poder ejecutar mejor lo que hago, a no juzgar, a enseñar… en consecuencia a poder realmente llegar a amar. Sólo ponte a pensar desde aquellas cosas más sencillas y pequeñas del día a día que hacen que pierdas la calma y armonía, hasta aquello más doloroso o difícil que puedas vivir, pero ahí tienes una primera clave para alcanzar el amor en medio de las dificultades.
Otra característica que le da San Pablo es que “no tiene en cuenta el mal recibido”. Cuántos dolores que me han llenado de rencores vividos en el pasado, o en el presente que aún no reconcilio o perdono. Cuánto juzgo a otros por sus actos y más bien no miro mis propias fragilidades e inconsistencias. Muchas veces puede que haya recibido un mal objetivamente, pero todo, absolutamente todo es posible de perdonar, purificar el corazón, pues el mismo Señor Jesús perdonó y perdona todos nuestros pecados. Yo también estoy llamado a hacer lo mismo, olvidar y amar.
Y finalmente, una de las características que me parece hermosísima y afilada como una espada es cuando el Apóstol de los Gentiles dice que el amor “todo lo soporta”. Aquél que realmente quiere alcanzar la santidad es capaz de soportar todo.
Si uno como persona cristiana se ha esforzado en el día a día por que sus pensamientos, sentimientos y acciones ya no sean más de él (ó ella), sino que vive como si el mismo Señor Jesús viviese en él, pues ahí estará yendo por buen camino. Y no es nada fácil llegar ahí. Pues no es fácil vivir el verdadero amor, que no es aquel amor de corazones rosados o florcitas o pajaritos con alas de colores. El verdadero Amor es aquél que el mismo Señor Jesús nos mostró desde el madero de la Cruz. Esa es nuestra meta, a eso estamos llamados, ese Amor es el que nos hará libres, auténticos, felices, capaces de soportarlo todo.
Por eso, si las cosas se ponen difíciles en tu matrimonio, en tus amistades, en tu trabajo o en cualquier situación de la vida cotidiana, no te olvides que si quieres vivir el amor en primera persona, sopórtalo todo. Pero no de una manera resignada, sino con una toma consciente de abrazar el Plan de Dios, de aceptar y amar con alegría lo que Dios permita en la vida, en tu vida.