
Cristianos iraquíes: nuestra fe compartida y nuestros deberes
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.

Hace cinco años recibí una carta de un oficial de las Fuerzas Oficiales graduado en West Point, un veterano de carrera del ejército, que estaba sirviendo en Bagdad como asesor de seguridad para las autoridades iraquíes.
Como católico me escribía sobre el acoso y la violencia que los cristianos iraquíes enfrentan como parte de su rutina diaria. Él sabía como muchos de nosotros todavía no sabemos que grandes comunidades cristianas árabes alguna vez prosperaron en el Medio Oriente. A lo largo de los siglos, bajo la presión del Islam, las poblaciones cristianas fueron declinando lentamente. Pero en los últimos 100 años han sido especialmente brutales para los cristianos en la región.
Esto es lo que escribió: “He llegado a conocer a muchos de los cristianos (Iraquíes) sobrevivientes, tanto católicos de rito oriental como ortodoxos, que trabajan aquí en la zona internacional (de Bagdad). Yo sabía, como cuestión académica, sobre la masacre de los armenios (cristianos) por los turcos otomanos en 1915. Lo que no sabía es que muchas de las áreas actualmente ocupadas por los kurdos –(Sureste) de Turquía, el norte de Irak y el noroeste de Irán- eran originalmente cristianos. Como no tenían suficiente personal para matar a todos los cristianos en su Imperio, los Otomanos ´subcontrataron´ la destrucción de los cristianos a los pueblos que habían sometido. Más de 750,000 fueron asesinados, murieron de enfermedad o de hambre. Lo que está sucediendo ahora (en Irak) afecta seriamente a los cristianos que permanecen aquí también”.
La discriminación, negación de derechos e incluso masacre contra cristianos: todas estas indignidades tienen una larga y problemática historia en el Medio Oriente, y son muy anteriores al colonialismo occidental y a las intervenciones norteamericanas. La horrorosa masacre de la Iglesia del Perpetuo Socorro, una comunidad católica de rito oriental en Bagdad el pasado 31 de Octubre, fue simplemente el más dramático en una larga secuencia de actos brutales destinados a pulverizar –ya sea mediante el asesinato o la expulsión- a la antigua comunidad cristiana iraquí. Muchos observadores correctamente describen la constante violencia anti-cristiana en Irak como una forma de “limpieza religiosa”.
En su mensaje por la Jornada Mundial de la Paz el mes pasado, el Papa Benedicto XVI expresó su angustia ante la creciente intolerancia en contra de las minorías religiosas en Africa, Asia y especialmente en el Oriente Medio. No hay nada remoto o teórico en esta intolerancia. Es amargamente real. Sufría por hombres, mujeres y niños que pertenecen a la familia de Jesucristo, nuestra familia; nuestra Iglesia; ellos son nuestros hermanos y hermanas. Si los ignoramos, ignoramos nuestro propio bautismo.
El pasado diciembre, en una carta a sus hermanos obispos, clero y laicos católicos en los Estados Unidos Mar Barnaba Yousif Habas —Obispo de la Diócesis católicos Siriaca de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que cubre los EE.UU. y Canadá solicitó nuestra solidaridad y oraciones. Nos advirtió que “estamos atestiguando un genocidio en marcha y un éxodo forzado (de cristianos iraquíes) sólo porque son cristianos y sólo por razón de su fe. Desafortunadamente, al mundo no le importan los inocentes y los pobres. A pesar de todo, los cristianos iraquíes se mantienen firmes en su fe en busca de consuelo y su confianza en nuestro Señor Jesucristo es su esperanza y su alegría”.
El actual conflicto en Egipto amenaza una vez más, con oscurecer el intenso sufrimiento de los cristianos en la región. No permitas que eso suceda. Éste es un momento de aquellos que determinan quienes somos realmente como creyentes. No podemos resolver los problemas del mundo. Pero sí podemos ayudar a nuestros hermanos cristianos que están sufriendo por su fe y que simplemente tratan de vivir en paz en una tierra que ha sido su hogar durante siglos, mucho antes de la llegada del Islam.
Por favor, recen por los católicos y otras comunidades cristianas de Irak y pido a todas las parroquias e individuos que puedan, que proporcionen la ayuda financiera que puedan para ayudar a la Iglesia sufriente de Irak y para asistir a los muchos miles de cristianos iraquíes obligados a abandonar su país.
Finalmente, por favor contacte a sus senadores y miembros del Congreso. Por favor, hágalo hoy. Úrjalos a asegurar que el gobierno de los EE.UU. está haciendo todo lo que puede para oponerse a la persecución religiosa y promover la libertad religiosa en el Medio Oriente.