
¿Hacia dónde voy?
Un año que pasó, otro que se inicia
Por Rossana Goñi
Con el 2011 entramos a otra década. Aún tengo fresca en mi memoria todos los preparativos para recibir el año 2000. Las innumerables historias que se generaron en torno a ese nuevo milenio, los miedos, las suposiciones de lo que se venía, el posible fin del mundo. Mentira tras mentira, que sólo sirvió para generar “noticia” y distraernos de lo esencial y lo más importante en la vida.
Han pasado ya más de 10 años y nada de lo dicho ha sucedido. Lo que sí es real, que sucede todos los días y seguirá sucediendo este año también, es que nacen más personas y los que estamos ya en esta tierra, partimos en algún momento –cuando Dios lo quiera– a nuestro destino final. Esa sí es una realidad. Entonces basémonos en ello. Ahí podemos mirar y dirigir nuestros ojos al iniciarse cada año. No en “posibilidades”, más sí en realidades que nos ayudan a poner los pies sobre la tierra y saber por dónde seguir caminando activamente hasta el día en que Dios tenga dispuesto llamarnos a su presencia.
Para ello, es bueno que al inicio de cada año nos tracemos metas concretas de crecimiento personal, espiritual, familiar, en el trabajo, en el estudio, etc. Sino ¿hacia dónde voy? ¿cuál es mi horizonte último? Además, el inicio de un nuevo año también nos lleva a cuestionarnos cómo estuvo el año que pasó. ¿Qué hice y que no debí hacer? Errores que cometí, proyectos que inicié que no funcionaron, aciertos, avances, caídas, novedades, alegrías, dolores, cosas aprendidas, etc.
Mucho es lo que te puedes decir de un año que pasó. Es bueno que hagas un esfuerzo de tomarte unos minutos antes que los días o semanas sigan pasando y hagas un alto en el camino y medites cómo viviste el 2010. Aquello muy importante que viviste y del cuál aprendiste y aquello que es mejor ya dejar de hacer pues no te está llevando por un camino de realización personal, ni de felicidad. ¿Cómo avanzar hacia esa virtud que me ayuda a ser mejor persona? ¿Cómo dejar de cometer ese mismo pecado que me aleja de lo más profundo de mí y me esclaviza al punto de no ser capaz de tener un gobierno de mí?
Bueno, esa es la resolución que puedes tener este año que empieza. Detecta ambos puntos y ponte a trabajar en ellos a lo largo de los meses. Evalúate cada cierto tiempo en el año y vuelve a retomar las riendas del caballo. Camina hacia adelante con un horizonte claro. En medio del camino es probable que puedas cambiar de resoluciones, pero sólo serás consciente de ello si eres consciente de ti. Lo más importante para poder llegar a la meta anhelada es preocuparte de tu santidad personal. Sino, ¿hacia dónde voy? Al fin de cuentas esa es mi meta última. Tarde o temprano todos nos veremos frente a Dios y seremos consultados por nuestros buenos actos, y los malos también.
Entonces, no pienses en las “posibilidades” o “ilusiones” o “suposiciones” que tiene el destino para más adelante. Esas son tonterías. Piensa concretamente en ti, y lo que tienes que trabajar personalmente para llegar a esa única realidad que será nuestro último día. Llega preparado como aquellas vírgenes prudentes que tenían sus lámparas encendidas. Listas para el encuentro con el Padre Celestial, y que no te pase como a las imprudentes que al final buscan el aceite para encenderlas pero ya es demasiado tarde, y no hay nada que hacer.
Mantén tu lámpara prendida, que nunca se apague, que siempre esté alerta, que ilumine, que te recuerde que la vida implica esfuerzo y lucha. Que la batalla empieza todos los días. Sé consciente que si un día dejas de luchar, es un día de retroceso y el enemigo se aprovecha de esos momentos con mayor fuerza.
Vuélvete a Dios, pon al Señor Jesús como el centro de tu vida y en tus resoluciones del nuevo año. Pídele ayuda a Santa María para que ilumine el 2011 que empieza. Proponte ser una mejor persona (padre, madre, hijo, esposo).
Que al final del día puedas decir “he avanzado al encuentro contigo Señor” y al día siguiente al abrir los ojos pienses “gracias Señor, por una oportunidad más”. Qué tengas un año de crecimiento, lleno de bendiciones para ti y tu familia. ¡No te olvides y empieza tus resoluciones de este año ya!