Familia de Nazaret: modelo para toda familia
En Santa María, San José y el Niño Jesús aprendemos a formar un hogar
Por Viviana Martínez
El año nuevo trae resoluciones por cumplir o sueños que queremos ver hechos realidad. Cualquiera sean nuestras intenciones seguramente nuestros deseos más profundos están dirigidos a nuestros seres más queridos, a la familia. Pensamos en el cónyuge, los hijos, tal vez en ese bebé que está por nacer o esperamos que pronto llegue. No dudamos en elevar una oración por ellos y encomendarlos a Dios.
La familia siempre estará en nuestro corazón porque es un ámbito privilegiado donde vivir la comunión de amor a la que Dios nos llama para nuestra plena realización; la familia está invitada a constituirse en camino de santidad para todos sus miembros. Quienes nos pueden dar luces de cómo lograrlo es la Familia de Nazaret integrada por Santa María, San José y el Niño Jesús. ¿Qué significa tener como modelo el hogar de Nazaret?
Jesús nació en un sencillo establo, y descansó por primera vez en un pesebre, envuelto en pañales (Lucas 2, 16). Santa María vio nacer a su Hijo en la pobreza material. Sin embargo, lo importante para Jesús fue la acogida amorosa de sus padres que “le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amado”, como recientemente lo destacó el Santo Padre Benedicto XVI, el pasado 26 de diciembre, durante el rezo del Ángelus.
No hay ninguna razón por la que este ejemplo no siga siendo válido hoy en día, y por eso el Papa insiste en que es el amor de una familia la que da a los hijos la seguridad que necesitan y les permite desplegar aquello que los hace únicos e irrepetibles. El primer alimento que recibió Jesús fue el amor de sus padres, y fue ese amor la base en la formación de ese niño. La familia de Nazaret nos invita amarnos entre esposo y esposa porque de ese amor es que se alimentarán los hijos. Ellos no necesitan discursos o sermones, más bien necesitan un testimonio de amor de parte de los padres en la cotidianidad de sus vidas. De este modo a pesar de las enormes dificultades que pueda encontrarse ya sea un niño tras su nacimiento - o un adolescente durante su crecimiento - si es recibido en el seno de una familia que le ama, encontrarán todas las fuerzas para superar cualquier obstáculo.
Jesús, verdadero hombre, quiso nacer en una familia humana, y al hacerlo la ha bendecido y consagrado. El Verbo se hizo carne (Jn 1, 14), Dios se hizo hombre y esta verdad de fe es la verdad sobre el ser humano. Queda así de manifiesto el especial papel de la familia, que se convierte a la vez en partícipe y testigo del gran milagro de la vida. Y es que el nacimiento de un hijo no deja de ser un auténtico misterio, un regalo de Dios. Los pastores, luego del anuncio del Ángel, encontraron la escena de una familia: madre, padre e hijo recién nacido. Así se nos presenta Jesús, en medio de una familia. Pero no por eso está privada de peligros, recordemos que Herodes se sintió amenazado en su poder, y ordenó matar a todos los niños menores de 10 años de Belén y alrededores.
Cuantas injusticias no se cometen en la actualidad en contra de la vida que incluso un bebé en el vientre de la madre está amenazado de muerte.
Así le ocurrió a la Familia de Nazaret, tuvo que emigrar a Egipto para huir de los que buscaban a Jesús para matarle. Pero a pesar de todo, sus padres, confiando en la providencia, encontraron la manera de proporcionarle una infancia feliz.
Los miembros de la Sagrada Familia han practicado a fondo el amor de Dios que los ha unido; el respeto a la dignidad de sus personas; el valor del trabajo constante y honesto para poder subsistir cada día. Con sencillez, practicaron el sacrificio, la comprensión, la ternura, y la bondad. La presencia constante de Dios los mantuvo siempre unidos en las penas y las alegrías. Dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, para cumplir en todo momento el plan de amor que estaba pensado para ellos y la misión.
Como nos dijo el Santo Padre Benedicto XVI: “Confiemos por tanto a la Virgen y a San José a todas las familias, para que no se desanimen frente a las pruebas y a las dificultades, sino que cultiven siempre el amor conyugal y se dediquen con confianza al servicio de la vida y de la educación” (Rezo del Ángelus, 26 de diciembre, Plaza San Pedro).
Viviana es educadora, dirige el programa de preparación matrimonial Dios entre Nosotros de la Arquidiócesis de Denver y es editora de la iniciativa online VivaEnFamilia.com. Viviana y su esposo Jorge residen en Denver, Colorado, tienen 5 hijos y forman parte del Movimiento de Vida Cristiana.
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