
Aquel que se haga como niño verá a Dios
Jesús Galván es un niño travieso, muy entusiasta y con un corazón de oro
En esta Navidad, tiempo en el que Dios se hace Niño para estar más cerca de nosotros, compartimos la historia de Jesús Galván Tiscareño, un niño de 10 años que con su vida y sencillez nos muestra lo que significa tener corazón de niño para poder ver a Dios.
Por Lara Montoya
Jesús Antonio nació en Denver, el 21 de mayo de 2000, tiene una hermana de 13 años, Ana Victoria. Jesús estudia en el quinto grado de la Escuela Pioneer Charter y su maestra Ms. Macy lo describe así: “Jesús es un jovencito lleno de energía, brillante y que pregunta todo el tiempo y siempre está dispuesto a compartir lo mejor de él con otros. Es una bendición tener todos los días su humor, inteligencia y espíritu creativo”.
Jesús está en el equipo de basketball en su escuela, en el club de golf y cada año participa en el Festival Shakespeare, este año le dieron un “Listón Azul” por tener el “espíritu de Shakespeare” en la actuación.
En su parroquia, Sacred Heart, Denver, es monaguillo y cuando no le toca servir asiste a la liturgia para los niños. Después de Misa ayuda a su papá a llevar los cálices para que sean lavados y preparados para la siguiente Misa.
Jesús, es un niño con un gran corazón pero sobretodo con mucha compasión; desde muy pequeño, nos cuenta Ana- su madre- se conmovía mucho al ver alguna escena triste de niños en la televisión. “Hace como 3 años, comparte Ana, durante una de las misa del domingo, en la parroquia San José, asistió un niño más o menos de su edad, que tenía algunas discapacidades. El niño después de la Misa estaba en el salón en una especie de carriola y mis hijos andaban jugando por ahí.
En la noche al hacer las oraciones antes de dormir, Jesús empezó a llorar, tanto que casi no podía hablar, al preguntarle que pasaba entre sollozos me contestó que se había acordado del niño que vio en la Iglesia ‘pobrecito no puede jugar y creo que no tiene amigos’, me dijo Jesús, así quedamos en llevarle un juguete para que Jesús pudiera jugar con él, pero ya no lo vimos más en Misa”.
Hace algunos años, Jesús decidió hacerse crecer el pelo para poder donarlo a enfermos de cáncer, algo que muchas veces le trajo sacrificios. “Siempre que pensaba en los niños enfermos de cáncer me sentía mal por ellos y pensé en dejar crecer mi pelo para donárselos, dice Jesús, pero muchas veces me confundían con una niña y me sentía mal y tenía que aclarar que era niño”. Jesús tuvo que esperar casi dos años para que su pelo fuera suficientemente largo, se lo cortó después de hacer su primera comunión.
Ana también nos cuenta que “una vez estábamos jugando a ver quien amaba más a quien yo le dije ‘yo te amo más porque te vi primero cuando naciste’, con eso pensé que había ganado, pero el me contestó: ‘no, mami yo te vi primero porque Dios me dijo, mira ella va a ser tu mamá’, es muy rápido, con eso me dejó sin saber que decir”. Luego Ana añadió “en otra ocasión, como yo desde bebé le preguntaba ¿Por qué eres tan hermoso?, algunas veces me contestaba ‘porque Dios me hizo así’, pero un día me dijo, ‘eso es porque nací de una mamá preciosa’. ¡Mi corazón se derritió totalmente!”
Ana nos cuenta además que como familia, tienen la bendición de compartir siempre juntos los alimentos, “Jesús siempre está al pendiente si alguien come antes de orar y pregunta ‘¿Quién rezó?’ o si ve que alguien prueba la comida antes de orar les dice ‘te toca rezar’, es un niño muy ocurrente”, dice Ana.
Finalmente, Jesús comparte sentirse especial por llevar el nombre de Nuestro Señor y al compartir su relación con Él nos dice “platico con Jesús, rezando y también le pido cosas como: que nada malo nos pase, que por favor me ayude cuando tengo un examen y también le digo que lo amo y que cuide a mi familia y amigos”. Y al compartir lo que más le gusta de ir a Misa nos dice: “recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo porque es Jesús”.