
Una Feliz y Santa Navidad
No olvidemos a Quien celebramos
Por Rossana Goñi
En diciembre, pareciese que toda la humanidad adquiriese un ritmo de vida distinto. Y bueno ciertamente así es. Sin embargo, la vida cotidiana continúa. Uno se levanta, hace sus oraciones, se va al trabajo ó a estudiar, termina un semestre más en la escuela ó en la universidad o se gradúa y empieza una nueva etapa.
A ello, se añaden las celebraciones en uno y otro lugar previos a la Navidad. Algunos viajan a otras ciudades a pasar la Noche Buena con sus seres queridos. Muchos salen de compras –y se escucha música distinta a la de todo el año en las tiendas-, se recuerda a gente que a lo largo del año ha sido importante y quisieras agradecer a través de un regalo, y bueno regalos para la familia y amigos. Se escriben y firman las tarjetas que hay que enviar por correo para saludar a quienes se aprecia, o simplemente se quiere agradecer por algún gesto que tuvo en el año. Preparar canastas de navidad o donaciones para aquellos que más lo necesitan. A todo esto, se añade el arreglar la casa y ponerla más bonita, entre colores rojos y verdes. El nacimiento (ó pesebre) en el centro de la casa, el árbol navideño, velas, campanas, cascabeles, ponsetias, adornos por todas partes. Ciertamente, la actividad aumenta y probablemente nos damos cuenta que somos capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo.
Pero, ¿y por qué todo esto? ¿Por qué tanto movimiento y actividad? ¿Por qué arreglo mi casa, celebro, me reúno con seres queridos? ¿Por qué en diciembre se genera una atmósfera distinta en el ambiente? Y es que todos creo que responderíamos, “porque ya viene la Navidad”. Y es evidente. Sin embargo, a veces nos olvidamos de lo evidente, obvio y claro de este tiempo, y es que sí, ya viene Navidad, la Noche Buena, el día en el que Dios nos quiere mostrar su sobreabundante amor, el día en el que la humanidad entera canta ¡Glorias y Aleluyas!, el día esperado por todos los tiempos, el momento en el que el Cielo y la Tierra se unen misteriosamente, el día en el que Dios nos muestra que nosotros, sus hijos, gozamos de una gran y única dignidad, porque Él, el mismo Dios, el Todopoderoso, el Creador del universo y todo lo que nos rodea, se hace hombre, se hace pequeño, se hace bebé y se pone en brazos de una mujer sencilla y humilde. Dios se hace hombre y nos eleva la dignidad y por eso pasamos de creaturas a ser hijos adoptivos de Dios.
¡Dios viene a nosotros para quedarse eternamente entre nosotros! Para mostrarnos que “vale la pena ser hombre, porque el mismo Dios se hizo hombre” (S.S. Juan Pablo II, a los jóvenes reunidos en Roma para celebrar el Jubileo de 1984), para liberarnos del pecado y que podamos vivir una vida reconciliada capaz de llevar esta Reconciliación a todos los hombres.
Por eso Diciembre es un mes diferente. Ante los correríos de un lado a otro, y las actividades, no podemos olvidarnos, dónde está el centro de la celebración, cuál es el centro de mi actividad. Hace más de 2000 años, la humanidad toda cobró un sentido diferente, y la historia cambió porque el Hijo de Dios ahora está vivo y está entre nosotros.
¡Cómo no agradecer a Dios el habernos regalado la vida! Una vida que tiene sentido de ser vivida porque estamos llamados a ser como Jesús. Estamos aquí para amar y ser amados. Y el centro de la vivencia del Amor es el mismo Señor Jesús. Es aquél Niño de Belén envuelto en pañales y acostado en un pesebre, cuidado por María y José y abrigado por un burrito y un buey, quien nos muestra lo que estamos llamados a ser. Hombres y mujeres humildes cuyos ojos y vidas están fijos en Dios, capaces de amar y capaces de recibir el amor de los demás. Un amor centrado en el mismo Señor Jesús, nuestra roca firme, nuestra fuerza, nuestra alegría.
No pierdas el sentido y la razón de esta Noche Buena, de esta Noche Santa. Sigue haciendo aquello que nos ayuda a generar esa atmósfera distinta, porque es un gran día el que se viene, pero no pierdas conciencia de lo esencial. “¡Nos ha nacido el Salvador, el Mesías el Señor!”. No podemos estar tristes, estamos felices y nos regocijamos, porque somos capaces de amar. Que el misterio de esta Noche Buena toque tu corazón. Contempla al Niño Jesús en el pesebre y abrázalo en tu corazón como lo hizo María, no tengas miedo de amar y saberte amado. Esa es la razón de nuestra existencia.
¡Muy Feliz y Santa Navidad!