
La aceptación del Plan de Dios
Una joven de la parroquia Queen of Peace nos envió su pregunta este mes: ¿Cómo aceptar la voluntad de Dios cuando tal vez no es la respuesta que uno espera?
Si tú tienes alguna duda de fe o cualquier tipo de cuestionamiento, escríbenos a elpueblo@archden.org ó llámanos al 303.715.3219 y plantéanos tu pregunta.
Todos nosotros nos hemos encontrado en esta situación no sólo una vez sino muchas veces especialmente cuando tenemos una necesidad que nos apremia, que nos angustia o cuando nos encontramos en una situación difícil o adversa y recurrimos, a veces desesperadamente al auxilio de Dios quien todo lo puede para que nos cumpla lo que le pedimos o suplicamos.
En una ocasión me dijeron que Dios ante nuestras peticiones o súplicas siempre tiene una de estas tres respuestas:
Si lo haré. Todavía no, esperaremos un tiempo. No, tengo preparado algo mejor para ti que es diferente.
La primera respuesta del Señor que dice “sí lo haré” significa que Dios responderá inmediatamente a lo que se le está pidiendo, que vendrá al encuentro de tus necesidades o vendrá a solucionar la situación adversa o difícil en la que te encuentras, pero no quiere decir que lo hará forzosamente de la manera que tú estás pensando o esperando, sino que como siempre en cada situación las soluciones pueden ser varias y no una sola y Dios siempre toma la mejor, que frecuentemente no coincide con la solución que nosotros pensamos o queremos, porque usualmente la solución que nosotros proponemos no es la mejor o no es la adecuada para esa situación o necesidad. Pero como muchas veces nosotros somos de una visión muy estrecha, no alcanzamos a ver la gama de respuestas que Dios si puede ver y realizar. Esto me recuerda a una comparación que frecuentemente hago con respecto a este tema. Imaginemos que una persona que se encuentra enferma va al doctor para que la cure de su enfermedad, el doctor la recibe y la persona empieza diciéndole:
- Doctor me duele esta parte del cuerpo desde hace unos días y ya no aguanto, así es que le pido que me mida la presión arterial y los latidos del corazón, que toque esta parte del cuerpo que me duele, que me tome unas radiografías, que me haga unos análisis de sangre y de orina, y lo que me vaya a recetar que no sean pastillas amargas porque me da asco y tampoco pastillas grandes porque batallo mucho para tragarlas y por favor no inyecciones porque me duele mucho y les tengo miedo….
Shshshsh el Doctor la para en seco y le dice:
- Aquí quien sabe de medicina soy yo y no usted, así es que usted dígame que le duele y yo veré qué es lo que hay que hacer para localizar y definir su mal, y una vez que estemos seguros de lo que tiene yo le recetaré el tratamiento efectivo para curarla, y si este tratamiento incluyen las pastillas que no le gustan o las inyecciones que le duelen pues lo siento mucho pero se los va a tener que “chutar” porque es lo que necesita para curar su mal aunque no le guste. Aquí estoy yo para curarla, o ¿que prefiere? ¿Qué le de gusto aunque no la cure? Pues mejor no venga al doctor, o ¿Qué le cure aunque le duela? Entonces confíe en mí y acepte lo que le receto.
Así es como tantas veces cuando vamos a pedirle un favor a Dios también queremos decirle a Dios cómo y qué es lo que tiene que hacer, y si no lo hace como nosotros queremos entonces decimos que Dios no nos escucha, que el Señor no nos hace caso.
Con respecto a la segunda respuesta que dice “todavía no, esperaremos un tiempo” se refiere a que el Señor sabe cual es el momento más oportuno, el más apropiado para actuar. Dios nunca hace las cosas al “aventón”. Él siempre tiene un plan que sigue sus tiempos establecidos. Auque lo que queramos sea bueno, pero si no es tiempo apropiado, entonces no resultará bien o incluso puede causar un mal. En una ocasión, daba una platica a unas niñas de primaria y para explicarles que las cosas buenas también tienen su tiempo establecido les preguntaba ¿comer frijoles es malo? Me respondieron: No, al contrario, es alimento y nos nutre. Y luego les pregunté ¿si los frijoles son buenos, entonces por qué no se los damos a los bebés para que los nutran? Me dijeron: los mata porque los estomaguitos de los bebés no está preparados todavía para ese alimento. Estonces ¿ahora comprenden que aún las cosas buenas tienen un tiempo apropiado en sí mismas y no es cuando nosotros queramos? O imagínense que una ramita delgadita de rosal se desespera y echa fuera una rosa roja hermosa de muchos pétalos muy grande, ¿qué le pasa al tallo delgadito? Me respondieron: se quiebra porque no puede sostener la rosa. O sea que debió haber esperado que como tallo se fortaleciera y poder florecer y ofrece su rosa para ser contemplada.
Si el Señor dice que aún no es tiempo, entendamos que debemos esperar hasta que Él considere que la hora de actuar ha llegado.
La tercera respuesta “No, tengo preparado algo mejor para ti que es diferente” el Señor sabe lo que es mejor para nosotros y confiemos en Él, Dios sabe lo que más nos conviene y Él actúa según su pensamiento y no según los nuestros. Esto no requiere de mucha explicación.
* Agradecemos a Mons. Jorge De los Santos por colaborar con la respuesta.