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KAIROS, el tiempo en que Dios se hizo presente
“Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.” Paulo Coelho
Por Angélica García (Tati)
¿Alguna vez han escuchado la frase que dice “Todo estará bien al final; si no está bien entonces no es el final”? Pues con esta frase en mente, quiero comenzar a contarles la experiencia más reciente que he tenido en este interminable camino de la fe.
El cómo llegue a este momento no creo que pueda explicarlo del todo bien, pero comenzó con un correo electrónico que recibí a principios de este año. Con él me invitaban a participar en un nuevo proyecto de la Pastoral Juvenil: KAIROS DENVER. Al parecer se trataba de una herramienta de evangelización utilizando retos, juegos y la naturaleza.
Mi primera reacción fue la de negarme, y mi mayor razón: el tiempo, «no lo tenía». El trabajo en el hospital exigía cada vez más de mí, y la clase de confirmación, a punto de concluir, eran suficientes como para querer también llevar a jóvenes de Campamento. Prefería hacer una cosa bien, que mil cosas mal.
Por una u otra razón, decidí asistir a la primera reunión, con la idea de agradecer la invitación y salir de ahí con un compromiso menos. Bien lo dijo alguien por ahí, “¡si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes!”. Asistí a la reunión, agradecí la invitación y me despedí diciendo ¡nos vemos la semana que viene!
Salí de ahí formando parte de un equipo, planeando un campamento y convencida de la «gran metida de pata que había dado». Al día siguiente, me decidí a escribir un correo electrónico, para disculparme y echarme para atrás olímpicamente.
En vez de comenzar el e-mail, escribí KAIROS en el buscador del internet, que rápidamente me dio una respuesta simple y breve: “Tiempo de Dios.” Por algo en esa frase corta creí sentir la delicadeza de Dios en tres palabras. Dios, su presencia, su tiempo, su amor, ya se me habían manifestado tantas veces. Pero en aquel momento un “sí” cambió mi existencia, comprendiendo la necesidad de tener tiempo para Dios, no porque Dios necesitara de mi tiempo, sino porque yo necesito darme un tiempo para Él. Él, siendo eterno, yo temporal, me hizo entender que ese tiempo me duraría toda la vida. No es fácil negarse, especialmente cuando, a pesar de no entender del todo, llegas a vislumbrar una misión en ese justo momento.
Comenzar algo requiere del mismo esfuerzo y valor que terminarlo. Fueron varios los meses de trabajo, actividades y convivencia con el nuevo equipo. Preparar una actividad así no es fácil, pero cuando se tiene un equipo sólido y unido las cosas poco a poco van tomando su lugar. Ciertamente la mitad del equipo no había vivido un campamento y por eso contamos con la colaboración de jóvenes que vinieron desde Chihuahua para enseñarnos más sobre el proyecto.
Por fin llego el día del campamento y en medio de alabanzas, risas y mucha lluvia comenzamos con las actividades del viernes. Fueron contadas las veces que dejó de llover ese fin de semana. Hubo momentos en que esta situación provocó que mis deseos de participar se fueran por los suelos. Tenía frío, estaba empapada y lo peor de todo es que seguía sin entender lo que Dios estaba pidiendo de mí. Sin embargo, lo que al inicio parecía ser el reto más grande, se convirtió poco a poco en una bendición. Como si en cada gota de agua, en cada reto que lograbamos pasar, Dios fuera contestando mis dudas. Ahí estábamos, casi cuarenta líderes intentando buscarle lógica a los retos que parecían imposibles de cumplir, y a lo que Dios tenía preparado para nosotros. Dios tiene sus formas, a mí, por ejemplo, me sacó de mi comodidad espiritual, me llevó a convivir con otras personas enseñándome a no dejarme vencer. Dejándome en claro que cuando intento hacer todo sola, no hago otra cosa más que limitarme y limitarlo a Él.
Sería demasiado contarles los detalles en cada reto o en cada charla que tuvimos. Eso les tocará vivirlo a ustedes cuando llegue el momento. Pero estoy segura que cada uno de nosotros nos llevamos algo muy especial de esta experiencia. Nos unió más como líderes trabajando para una sola misión, la de mantener vigente y viva la evangelización en nuestra Arquidiócesis. La lección más importante fue la paciencia, nada mejor que lo impredecible de la lluvia para fomentar en nosotros ese maravilloso don, enseñándonos a mantenernos firmes, aún cuando las cosas no salían como las planeamos, a escucharnos, a confiar los unos en los otros, a pedir ayuda y sobre todo a saber recibirla. Dios sólo nos exige lo que sabe que podemos dar. Y lo exige cuando menos lo esperamos. Aún cuando el tiempo no nos alcance, aún cuando no encontremos por ningún lado las fuerzas. Siempre encuentra la manera de llamar nuestra atención. Siempre se cumple su voluntad, y al final todo resulta estar bien pues “en el límite está Dios” en nuestros límites reconocemos que necesitamos de lo que nosotros mismos no podemos realizar sin Él.
Quiero agradecer a Dios y a todas aquellas personas que hicieron realidad este Campamento. Pues si no fuera por sus donaciones, esfuerzos y su apoyo ésto seguiría siendo tan sólo un sueño más en nuestros corazones. Gracias a Kairos Chihuahua por su ayuda y experiencia. Gracias Lili por tu esfuerzo. Gracias al equipo de Kairos Denver por su apoyo, al Equipo Shema por no darse por vencidos, y por no dejar que yo misma me diera por vencida.
Quiero dedicar este artículo a una persona que desde su juventud me enseñó que nunca es tarde para aprender algo nuevo, que nunca es demasiado temprano para seguir a Dios y que el líder no es el que sabe más, o el que aguanta más, sino aquel que da todo de sí para agradarle a Dios. Gracias Nancy por tu humildad y paciencia.
Kairos Denver es una herramienta para beneficio de los jóvenes de esta Arquidiócesis. No duden en contactarnos si les interesa conocer más sobre el proyecto. Pueden Comunicarse con Liliana al 303-715-3267
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