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De buenas noticias que no son noticia, y de una Buena Noticia que cambia vidas
Por Abraham Morales
Parece que en los medios de comunicación social, las buenas noticias, no son noticias. Como bien sabes, los medios de comunicación generan sus ingresos de los anuncios comerciales. El “producto”, por así decirlo, que ofrecen los medios a los anunciantes es la cantidad de personas que leerá, escuchará o verá el anuncio de un producto o servicio. Para eso sirven los famosos “ratings”, los cuales ayudan a la estación de TV o radio a contabilizar su audiencia, y así fijar el precio por anuncio. No es lo mismo pagar porque un anuncio le llegue a 100 personas, a que le llegue a un millón. Entonces, para que les compren anuncios, necesitan mostrar que tienen audiencia. Los medios necesitan que tú y yo los veamos o escuchemos, por eso se ponen a estudiar lo que nosotros los espectadores queremos escuchar o ver. Así se justifican diciendo que lo que ponen en la TV o en la radio, es lo que nosotros queremos. El argumento es que si no lo quisiéramos, no lo veríamos. En el área de noticias es algo similar, pero con mas precaución porque también está la parte de “transmisión de los hechos y la verdad”. (Tema que merece una columna aparte).
En fin, este tema es un debate complejo y largo, pero a lo que voy es ver que es triste como las buenas noticias, como las que la Iglesia genera la mayoría del tiempo, no llegan a ser noticia. Alguien, entre los directivos de los medios, asume que lo bueno no va a generar audiencia, y eso se verá reflejado en los ratings. Y quizá no se quieren arriesgar, y se van por lo seguro, por lo que “vende”. En la TV en inglés se ve bien claro esto. Comienza un nuevo programa, y en cuanto pasan los primeros días y semanas, y no genera los suficientes ratings, lo sacan del aire. Así de sencillo. Y al revés, lo que pega, lo dejan por años y años. ¿Te acuerdas de la serie “Friends” que duró como 10 temporadas? ¿Y qué tal las telenovelas en español que les siguen agregando capítulos mientras están en la cima?
Regresando a las noticias, cuando se trata de la Iglesia, ha sido bien común que lo que genera polémica es lo que regularmente les interesa a los medios. Por ejemplo, ahora con las campañas para presidente, un tema favorito es el hablar de religión y política.
Pero tú y yo sabemos que en la Iglesia son muchas más, muchísimas más las cosas buenas que se hacen, pero que pocos nos enteramos de ellas. Y otros pocos nos interesamos en darlas a conocer a los demás. No es noticia, por ejemplo, que un grupo de parroquianos se reúnan para servir comida a los desamparados. Ni tampoco las visitas que se hacen a los enfermos, a los que se encuentran en los centros de detención de migración, ni los cientos de casos de familias que Caridades Católicas ayuda cada mes. Que 2,000 personas se hayan reunido en el Congreso Carismático, que se ordenen nuevos sacerdotes hispanos, que hay un Encuentro Juvenil y un Congreso de Catequesis, que más de 5,000 hayan asistido al festival Viva la Familia, todo eso no es noticia para ellos… La pregunta es: ¿qué podemos hacer tú y yo? Por un lado, podemos ser una audiencia un poco más exigente y crítica. Exigir calidad, mejores contenidos. Cuando algo no nos guste, no verlo o no lo escucharlo. Así se darían cuenta que necesitan cambiar su contenido. Y por otro lado, y lo más importante, es que seamos nosotros los mensajeros de las buenas noticias. San Pablo identificó desde la época de los primeros cristianos la importancia de los medios para poder transmitir el mensaje de la Buena Nueva y llegar a más personas. Tú y yo somos llamados a usar los medios modernos con los que contamos para continuar haciendo lo mismo. Por ejemplo, ¿Qué tal subir videos de buenas noticias, buenas obras y mensajes a youtube? (Por cierto, el otro día vi un video del Padre Ángel Pérez cantando a nuestra Madre María). Te lo dejo a tu creatividad, pero la idea es que podamos ser más activos en la transmisión de las cosas buenas que hacemos, y no es que estemos presumiendo, pero sí para compartir la alegría que nos brinda algo bueno que nos ha pasado.
Sobre todas las cosas, por el bautismo todos somos llamados a ser mensajeros de Cristo. En otras palabras, es, o debería ser, parte de nosotros mismos el poder siempre, y en todo lugar, ser instrumentos del Amor de Dios. Darlo a conocer a los demás, sobre todo con nuestras acciones. De esa manera estamos cumpliendo con nuestro llamado y siendo mensajeros de la Buena Nueva, esa noticia que transforma vidas. ¿Qué te parece la idea?
Paz
Abraham
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