Gracias ¡Bendito sea el nombre de Dios!
Hay que vivir siempre con un corazón agradecido por todo lo que se nos da
Por Luis Soto
Hace aproximadamente un mes, me llegó una carta a mi casa anunciándome que Su Santidad el Papa Benedicto XVI me reconocería con un premio muy especial por mi servicio a la Iglesia. La noticia me llenó de gozo y de agradecimiento hacia Dios por tan inmerecido reconocimiento.
Aproximadamente en las mismas fechas, durante una visita de rutina a mi dentista, mientras hacía la limpieza, éste se percató de un pequeño punto color blanco en el lado derecho de mi lengua. Inmediatamente tomó algunas fotos y me explicó que necesitaba hacer unos estudios más, incluyendo una biopsia. Yo pregunté por qué, y me respondió que quería asegurarse que lo que estaba viendo no era cáncer oral. Que la mancha tenía todas las características del cáncer (lugar, color, tamaño), pero que la única manera de saberlo era a través de ciertos estudios que incluían el cortar un pedazo en mi lengua y enviarlo a un laboratorio.
Al ser una persona relativamente joven, con un familia muy joven, de hecho mi hijo mayor tiene 5 años, y mi esposa y yo estamos esperando nuestro tercer bebé; la sola posibilidad de pensar en mi vida como una persona con cáncer, me aterrorizó. Ese día y los siguientes, no pude dormir. Me pregunté qué sería de mis hijos sin mí, qué sería de mi esposa. Por qué Dios me enviaba esto a mí. Que pasaría o como reaccionaría si el resultado de los exámenes fuese positivo, etc. Lo primero que tenía que hacer era seguir mi vida normalmente. Por mi trabajo, tuve que seguir predicando temas, dando conferencias, grabando programas de televisión, en general seguir la vida normal. Pero por dentro me comía la ansiedad por saber. Yo decía, si al menos supiera si es o no es, me sentiría mejor.
Para hacer la historia corta, tardó 3 semanas, hasta hoy por la mañana, cuando en mi cita con el doctor oficialmente me dijo que no tengo nada. Que simplemente me había mordido o quemado y mi lengua había cicatrizado de esa manera. No tengo palabras para expresar cuanto agradecimiento siento con Dios por tener otra oportunidad. Así lo siento, como si Dios me hubiese dado una nueva oportunidad.
Pero la principal lección que he tomado de esta difícil experiencia es la misma: Que debemos ser agradecidos. ¿Qué hubiese pasado si me hubiesen dicho lo contrario? ¿Qué pasará si me dan una noticia así en el futuro? No estoy ajeno a la posibilidad. Le puede suceder a cualquiera y en cualquier momento. Lo único que puedo decir es que debemos aprender a vivir en continua acción de gracias hacia Dios por cada momento que tenemos la oportunidad de disfrutar de la vida. Debemos saber darle gracias al creador por cada oportunidad, buena o mala, porque de las malas también se aprende. Como dijo el santo Job: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿Por qué no vamos a aceptar los males que Él permita que nos sucedan?” (Job 2, 10); o bien, “Dios me lo dio, Dios me lo quitó, ¡bendito sea el nombre de Dios!” (Job 1, 21).
Este es un mes para estar agradecidos, para decir gracias, para la acción de gracias. Es muy fácil estar agradecidos cuando las cosas salen bien, cuando todo marcha en armonía, cuando tenemos sólo buenas noticias. Cuando hemos recibido de Dios sólo bienes y sólo regalos. Pero el verdadero mérito y virtud, consiste en seguir siendo agradecidos en medio de las dificultades. Para muchos de nosotros y de ustedes amables lectores, éste año ha sido un año de dificultades. Un año de retos, de pruebas, y algunas de ellas muy duras y difíciles. Mi invitación el día de hoy es a decir gracias a Dios. Gracias aún a pesar de las dificultades. Gracias aún si las cosas no han salido como esperábamos. Cuando aprendemos a decir gracias en todo momento, y a aceptar cada experiencia como un regalo amoroso de Dios, como una caricia suya, realmente comenzamos a creer que Dios es nuestro Padre y creador, y que realmente estamos en sus manos. Que dependemos de él. Que somos suyos. Y con Job y todos los santos, podremos decir, ¡Bendito sea el nombre de Dios! Feliz mes de acción de gracias.