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Una fe madurada en el servicio
Los esposos Heredia comparten su recorrido de fe y lo aprendido a través de su compromiso con la Iglesia
Arthur y Lydia Heredia son miembros activos de la parroquia Saint Therese, Aurora, desde hace veinticuatro años, ambos están involucrados en varios ministerios como la educación religiosa, el comité de corresponsabilidad, la asociación FAMILY- que vela por asuntos de justicia social- y otras responsabilidades dentro de la parroquia. Su entrega generosa fue reconocida el pasado mes de Octubre en la premiación de gala Arzobispo Gomez, siendo ambos acreedores del premio en justicia social. Arthur y Lydia comparten un poco sobre su recorrido de fe y lo importante que es vivir el servicio.
Por Lara Montoya

Ambos, Arthur y Lydia nacieron y crecieron en San Luis Valley. En 1984, luego de que Arthur se graduara del Instituto de Tecnología Devry, se mudaron a Aurora. Dos años más tarde- en 1986- y luego de una larga búsqueda de una nueva comunidad parroquial, Arthur y Lydia empezaron a asistir a la Parroquia Saint Therese, Aurora. “Siendo los dos de pequeños pueblos rurales, esta búsqueda se nos hizo difícil, pues encontrábamos las parroquias o muy lejanas o muy grandes, pero cuando llegamos a Santa Teresa, inmediatamente nos sentimos en casa”, señala la pareja Heredia.
Santa Teresa no sólo les ha brindado a los Heredia un nuevo hogar, sino ha sido además la parroquia donde la familia ha recibido muchos de los sacramentos. Los esposos celebraron su matrimonio ahí. Su hija mayor, Esperanza (quien tiene ahora 25 años) hizo su primera comunión y la confirmación en Santa Teresa, su hijo Servando (de 22 años) fue bautizado e hizo también su primera comunión y confirmación en dicha parroquia, ambos hijos sirven hasta la fecha como acólitos.
Aunque los Heredia fueron criados en la fe católica, al empezar la universidad y estando lejos de casa, dejaron de lado su fe, “íbamos a misa sólo cuando visitábamos a nuestras familias, señala la pareja, nuestra preocupación por nuestra vida de fe reinició de modo intencional, con el nacimiento de nuestra hija Esperanza. Al nacer Esperanza, empezamos a tomar conciencia de la responsabilidad de darle a ella y a nuestra nueva familia- que apenas empezaba a formarse- la fe católica como base para la vida”. “Así, agregaron los esposos, desde su nacimiento, nos comprometimos a asistir a Misa cada Domingo, este ha sido un proceso que ha ido madurando y creciendo”.
Arthur y Lydia nos cuentan que “literalmente y metafóricamente, cuando empezamos a asistir a Misa en aquellos días en el que renacíamos a nuestra fe, nos sentábamos en las últimas bancas de la Iglesia y apenas la Misa terminaba, nos íbamos apresurados. Eventualmente empezamos a sentir que debíamos intentar hacer amistad con nuestra nueva comunidad Católica, así, en vez de irnos apenas la Misa terminaba, nos empezamos a quedar para compartir donas y café con los miembros de nuestra parroquia”.
Años más tarde Jackie Gilbert, administradora parroquial de Santa Teresa, se acercó a Lydia y le preguntó si estaba interesada en ayudar en una de las clases de educación religiosa, Lydia aceptó esta invitación con alegría. Ella ayudó como asistenta por un año y desde entonces es profesora de educación religiosa. “Esto marcó el inicio de nuestra hermosa trayectoria como miembros activos y comprometidos con Santa Teresa y el estar sentados ahora en las primeras filas de la Iglesia”, señala Lydia.
“Nuestra fe ha crecido a través de nuestra involucración, participación y compromiso con nuestra parroquia”, comparten los esposos, quienes actualmente son parte del equipo de la formación religiosa, del comité de corresponsabilidad y de FAMILY. Lydia es también ministro de la Eucaristía y Arthur por su parte sirve en el consejo pastoral, el comité de finanzas y es lector.
“Al ser profesores de educación religiosa, hemos aprendido que nuestra fe es más que aprender oraciones y asistir a Misa. Desde nuestra experiencia personal sabemos que si uno no se entrega al servicio de la Iglesia y de su comunidad parroquial, no puede crecer en su vida de fe. Es en la acción y en el desapego, en el creer y en el entender que Dios proveerá, de donde sacamos nuestras fuerzas. La fe es un recorrido diario”, señala la pareja.
Arthur, siendo bilingüe, está más comprometido con la comunidad hispana que Lydia, sin embargo ambos al estar involucrados en FAMILY, vienen trabajando por una justa reforma inmigratoria.
En cuanto al reconomiento en Justicia Social que acaban de recibir a través del Premio Arzobispo Gomez, ambos señalaron sentirse honrados pero sobre todo con mayor responsabilidad con su párroco, su parroquia y su comunidad. “Nuestra mayor recompensa, dijo finalmente la pareja, es haber aprendido a olvidarse de uno mismo por el bien del otro, haber crecido en nuestra fe y compresión de lo que significa poner a Dios antes de todo y la oportunidad de haber alcanzado y conocido a mucha gente”.
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