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Un llamado al liderazgo católico
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput.
Esta columna es una versión condensada y adaptada de las palabras de apertura que Mons. Chaput pronunció durante un encuentro de la Catholic Association of Latino Leaders (CALL) (Asociación de Líderes Católicos Latinos) realizado del 22 al 24 de agosto en la Casa de Retiros de St. Malo en Allenspark.
Al salir al encuentro de la Comunidad hispana de Colorado, creo que tenemos muchos logros de los que podemos enorgullecernos en la Arquidiócesis de Denver, desde la multiplicación por diez del número de Misas en español, pasando por la promoción de vocaciones hispanas, hasta la creación del Centro San Juan Diego (el centro de servicios pastorales y familiares) y una división de las Caridades Católicas dedicadas a ayudar a los Latinos con su situación legal en el país.
Pero a pesar de todos estos esfuerzos, aún no logramos realizar adecuadamente la pastoral con los latinos. Los estamos perdiendo, no tanto a las sectas pentecostales, aunque también son un desafío, sino a la sociedad secularista y consumista. Están siendo “digeridos” por nuestra cultura, cuando deberían estar renovándola.
Como he dicho muchas veces en el pasado, la demografía marca nuestro destino. Pero el liderazgo también marca nuestro destino. Permítanme explicarles.
Étnicamente, la Iglesia católica en los Estados Unidos se ha visto alimentada por diversas grandes olas de inmigrantes: irlandeses, italianos, alemanes, franceses, polacos e hispanos. La significativa influencia irlandesa en la conformación de la Iglesia en Estados Unidos en los últimos 150 años se ha basado obviamente en una realidad demográfica. Los irlandeses constituían el grupo étnico católico más grande de nuestro país. Pero lo realmente interesante es esto: su influencia fue mucho mayor incluso que su número.
¿Por qué? Porque, a diferencia de otros grupos étnicos que llegaron acá, los irlandeses desarrollaron un liderazgo altamente organizado y efectivo. En efecto, Mons. Paul Cullen, nombrado Arzobispo de Dublín (Irlanda) en 1852 y el primer irlandés en ser creado cardenal, se aseguró que una corriente constante de talentosos sacerdotes y religiosas vinieran a Estados Unidos “para mantener el rebaño en el buen camino”, como solía decir.
No sólo creó un seminario dedicado a formar vocaciones misioneras que reforzarían la identidad católica de los irlandeses en Estados Unidos, Canadá y Australia, sino que—pese a la pobreza de Irlanda—creó un complejo sistema de apoyo para financiar su seminario y las misiones.
Como consecuencia, los italianos, polacos, franceses, alemanes y otros grupos étnicos católicos realizaron numerosas e importantes contribuciones a la vida en Estados Unidos, pero su influencia real fue bastante más limitada. Los irlandeses en cambio, con sus propios sacerdotes y religiosos, crearon un extraordinario sistema cultural que impactó no sólo en la organización de la Iglesia católica en los Estados Unidos, sino el contexto político y social. En resumen, los irlandeses convirtieron a una perseguida minoría en una fuerza económica, cultural y religiosa en los Estados Unidos.
¿Cuál es la lección? Hoy, los latinos son de lejos el grupo étnico católico más numeroso en el país. Pero los números no son decisivos. La organización y el liderazgo sí lo son. En otras palabras, ustedes son decisivos. No nosotros los obispos. El trabajo de los obispos ciertamente es crucial, pero lo que la Iglesia realmente necesita es una generación de líderes latinos dispuestos a realizar el trabajo de impactar en la vida católica y en la sociedad norteamericana. Necesitamos líderes decididos a promover vigorosamente las vocaciones sacerdotales y los ministerios pastorales. Necesitamos líderes dispuestos a mostrar con el ejemplo que el éxito en el medio financiero, político o social puede ser alcanzado reafirmando, no renunciando, a sus valores y principios católicos. Necesitamos líderes dispuestos a convertir a la familia Hispana en una iglesia doméstica, piedra angular de la renovación de la cultura Americana.
Ustedes han escogido el nombre CALL (“llamado”) para su organización, la Catholic Association of Latino Leaders. Este es mi simple pedido para ustedes: lideren. Pero no se olviden quiénes son. Lideren como católicos y como hispanos. Asegúrense que su servicio a la sociedad sea siempre profundo y auténticamente católico. Y si en efecto lideran, si aceptan el llamado de Dios, entonces el futuro estará lleno de esperanza —no sólo para la comunidad hispana, sino para todos los que compartimos esta grande y hermosa nación.
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