Orgullosamente católico
La inmerecida bendición de ser parte de la Iglesia católica
Por Mons. Jorge De los Santos
Por mucho tiempo en mi corazón y en mi mente ha estado presente, en forma muy especial, esta afirmación: “me siento profundamente orgulloso de ser católico”. Amo profundamente a mi Iglesia Católica, Iglesia a través de la cual he recibido mi fe, Iglesia que me ha enseñado a amar a Nuestro Señor Jesucristo con todo el corazón, Iglesia que me ilumina y me enseña a lo largo de esta vida y me hace firme en la esperanza de la vida eterna, Iglesia que me ha enseñado a ver la bondad en todos y en todo lo que me rodea.
Todo parece indicar que en estos tiempos estamos viviendo un nuevo período de persecución de nuestra Iglesia, en realidad creo que las persecuciones nunca han cesado, pero actualmente está de “moda” hablar en contra de la Iglesia Católica, cualquier persona se siente con el derecho de juzgarla y hasta condenarla señalando sólo errores de una forma unilateral ignorando su bondad y grandeza, muchos se sienten con el poder de criticarla, lo hacen incluso sin fundamentos y hasta distorsionando la realidad en pro de sus propósitos y de sus nefastos intereses queriéndola constantemente ensombrecer, muchos la atacan directamente tomando ventaja de la mansedumbre de nuestra Madre la Iglesia que me recuerda a Jesús cuando lo ultrajaban, lo flagelaban, lo coronaron de espinas, lo escupían y lo insultaban y ni siquiera profería una sola palabra para defenderse, juzgado y como manso cordero era llevado al matadero. En la actualidad cualquiera siente ser un “intelectual” y contradice nuestros principios cristianos ¡que ilusos y soberbios ellos que no son capaces de ver la verdad! ¡Quiero decirles a sesos tales que, con sus ataques sin sentido y mal intencionados, lo único que han conseguido es que yo ame, admire y me sienta cada vez más orgulloso de ser Católico por la gracia de Dios!
Cómo no amar a mi Iglesia, si es la Iglesia quien en el Bautismo me ha dado la gracia y el maravilloso privilegio de ser hijo de Dios, que me hace heredero de unas grandiosas promesas de parte del Señor.
La Iglesia es el mismo Cristo que especialmente en tiempos de persecución se identifica con Ella, recordemos las palabras del Señor cuando se enfrenta a Saulo quien en esos tiempos perseguía a la Iglesia, se le apareció y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Pongamos atención que el Señor no le preguntó: ¿por qué persigues a la Iglesia? Sino ¿Por qué me persigues? Saulo terminó por convertirse en San Pablo. El poderoso Imperio Romano de aquel tiempo persiguió cruelmente a la Iglesia por el simple hecho de creer en Cristo, intentó acabar con ella pero terminó convirtiéndose al Cristianismo, así ha sido en todas las épocas y con la asistencia del Espíritu Santo, la Santa Iglesia siempre ha salido fortalecida, conforme a la promesa de Jesucristo: “la fuerzas del infierno no prevalecerán sobre ella”.
Cómo no amar a mi Iglesia si me enseña el rostro de una Madre que me muestra y me da todo su amor, compasión, auxilio y defensa, es nuestra piadosa Madre, que, a todos lo moradores de esta tierra, y a todos los que invocan su nombre oye nuestros lamentos y remedia nuestras miserias, penas y dolores. Es la misma Madre del Dios por quien se vive. Aunque sean muchos los que hablan en contra de la Iglesia Católica y actúan en contra de ella, nuestra Madre Santísima habla por la Iglesia y actúa a favor de ella.
Hoy también yo hablo a favor de mi Iglesia porque la amo y la respeto, que sepan esos tales que quieren destruirla, simple y sencillamente no lo lograrán porque Dios está con ella, es obra de Jesucristo y Él la sostiene, que el veneno ponzoñoso que sale de su boca no tiene efecto en nosotros pues no logrará que disminuya nuestra fe, al contrario estas pruebas sólo nos fortalecen en nuestra fe, y si de algo sirve, sepa todo el mundo que habemos muchos que estamos dispuestos, si así se requiere, a dar la vida por el Señor y por su Iglesia.